Nos recibe en su precioso restaurante de La Moraleja, el Silk. Un lugar imprescindible de reunión en el que puedes encontrarte desde con una parejita que celebra su aniversario hasta con un astro del Real Madrid o un líder político conocido. Nuestro protagonista, Cipri Quintas Tomé, ha sido siempre, entre otras muchas cosas, un gran empresario de hostelería. Pero como camino para otras cosas, que son las que le han hecho grande y le han convertido en lo que él mismo define como “un acomodador de la vida”.

Y es que, si hay una persona en España con una agenda privilegiada, ese es sin duda Cipri Quintas. ¡Hasta 5.000 contactos en ella! Y todos han pasado por su particular tamiz: políticos, empresarios, artistas, profesionales… a todos les ha tratado, a muchos les ha presentado entre ellos. Algo que le ha permitido tener silla de pista para ser observador privilegiado de la foto fija de nuestro país en las últimas décadas. Y, como no, para acumular una cantidad ingente de información.

De todo ello habla en su primer libro: El libro del networking. Las quince claves para relacionarte socialmente con éxito.  Una obra que cuenta con prólogo de Susanna Griso, de José Mota, de Elsa Punset, de David Bisbal y de Miguel Ángel Revilla y que pretende ayudar al lector a mejorar sus habilidades para conectar con las personas, más allá del puro interés mercantil Lo que Quintas llama “networking con corazón”. El cien por cien de sus derechos de venta se donarán a Mensajeros de la Paz, del Padre Ángel, a la Fundación Irena Villa y a la Fundación Sandra Ibarra.

Pregunta: ¿Quién es Cipri Quintas?

Respuesta: Soy una persona que nunca ha dejado volar su imaginación, sino que siempre ha hecho que vuele su cuerpo. Creo que todo se puede conseguir si te pones a ello. No me gusta esa frase tan española de: “Estoy en ello”. Yo, si verbalizo las cosas, las llevo a cabo. Si alguna vez digo que voy a hacer algo y no lo saco adelante, pido perdón y busco dónde me he equivocado. Y aprendo mucho por el camino. Me he dado cuenta de que es maravilloso rectificar y no tener razón. Muchas personas, por no dar su brazo a torcer, por no desdecirse, no crecen. ¿Hay algo más maravilloso que no tener razón?

P: ¿Desde hace cuántos años eres empresario?

R: Desde que nací. Mi padrino, que también lo es, me dice siempre que cuando me bautizó ya me hizo empresario. Me gusta ser libre. He trabajado como empleado pero muy poquito. Fue antes de la mili, en una empresa de cartografía y en el campo. Mi primer proyecto de emprendimiento fue una empresa de agendas. Fue el director de mi instituto,  José Luis González Quiroz, el que me dijo que allí estaba perdiendo el tiempo.

Así que monté una empresa que era un banco de documentos y que hacía agendas tipo Luxindex pero más grandes, para que se pudiera escribir de verdad. Que cupieran los billetes enteros y todas las tarjetas y  a comercializar. Y sí, fue mi profesor quien me dijo esto: “Cipri, tú aquí no deberías de estar. Esta es mi idea y te veo lo suficientemente atrevido para que te pongas a ello. Hagámoslo juntos”. Y yo vi una excelente excusa para no estudiar y que me aprobara. Desde ahí me he dado cuenta de que he ido creciendo echándome amigos y conquistando el corazón de la gente, que es algo a lo que invito a todo el mundo.

P: Vamos a hacer un pequeño juego: te voy a dar algunas claves del emprendimiento, de las de manual y quiero que las encajes en tu vida profesional, de emprendedor. Si te digo, por ejemplo, valentía, ¿qué me contestarías?

R: El mundo puede resumirse en dos sentimientos: miedo y amor. No descubro nada. El amor es lo que destruye al miedo. Yo repito siempre que nada importante está en peligro, porque creer lo contrario es lo que nos hace sentir mucho miedo. Si somos capaces de vencer al miedo y darnos cuenta de que no hay nada tan importante en peligro, al final nos convertimos en valientes. Todos nacemos valientes, aunque matizaría que en realidad el verdadero es el que va a Siria o se juega la vida en primera línea del frente, el que opera a una persona en una camilla y tiene que tomar en ese momento una decisión de vida o muerte, o que sale y se pone en un control de policía o de Guardia Civil sin saber quién va a venir enfrente. Esos son valientes. Ahora hemos interpretado que ser valientes es montar un negocio y no. Montar un negocio es una maravilla, crear tu propia vida, pero no ser valiente.

P: Resiliencia.

R: Está de moda, sí. Me gusta mucho como se pronuncia, aunque como palabra no tanto porque creo que no la conoce casi nadie. Es fantástica. Levantarse después de haber caído es de las mejores cosas que pueden ocurrir. En el frío está el vivir, en el calor está el vivir y en el clima templado está la pasividad. Creo que, si caes, eres consciente y aprendes. Hablo lógicamente de caer en un negocio, no en una enfermedad. Los americanos siempre eligen a los que han caído al menos dos ves y han salido a flote porque aquel que ha llegado, ha triunfado y le ha ido muy bien será muy listo, pero tiene menos que aportar. Todos somos resilientes porque si no estaríamos muertos.

P: Tú habrás tenido grandes fracasos, además de tus éxitos.

R: He tenido más de 30 locales de hostelería y con algunos me he dado grandes bofetadas. Tuve un local en Gandía del que no puede hacer un gran negocio en siete años. Me di cuenta de que no era mi espacio, no era mi lugar y que no tocaba. Porque era un local, en aquella época en plena Ruta del bacalao, muy nocturno, en el que la gente iba muy puesta y que iba muy en contra de mí mismo. La gente tiene que ir a una discoteca a pasarlo bien, a ligar… pero no a otras cosas.

P: ¿Por qué has estado siempre ligado al mundo de la hostelería, de la restauración, de la noche?

R: Creo en la energía. ¿Por qué empecé con las agendas? Pues no lo sé. Dios me vino a ver con lo de las agendas. Al final mi vida está relacionada con el cuerpo a cuerpo, con las personas, y la hostelería te da esa posibilidad. Y eso además te da un big data terrible. Cuando eres joven montas bares de copas y, cuando eres mayor, montas restaurantes, porque no hay cosa más ridícula que estar fuera de lugar. No puedes estar con cuarenta años en discotecas de gente de treinta años porque haces el ridículo. A muchos les gusta, a mí no. Debes estar en el entorno que te toca. ¿Cómo voy a vender algo que no vivo, que no siento? He tenido también otros negocios, como agencias de publicidad, pero mi base siempre ha sido la hostelería, que me ha hecho grande. En realidad, siempre he estado amando la hostelería y huyendo de la hostelería.

P: Otra capacidad del buen emprendedor es la de la escucha, ¿no crees?

R: Es fundamental. Hay que apartar al ego. Antes no escuchaba. Los mayores me decían: “Cuando te hagas mayor te vas a hacer más pausado, vas a escuchar más”. Ahora me doy cuenta de que es verdad. Tengo una gran ventaja y es que siempre he ido diez años por delante de mi edad real, he vivido como si tuviera una década más. Ahora tengo la suerte de tener cincuenta y haber recorrido un camino de ochenta. Los mayores están deseando contar su historia para que no cometamos los mismos errores que han cometido ellos. Pero no los escuchamos. Solo vemos a una persona mayor y hay que escuchar. No hay nada más bonito que no tener razón. Cuanta más razón tienes más aburrido eres.

P: Pero, algún papel habrá tenido en tu vida el ego. Yo digo siempre digo que hay que apartarlo para que no oculte el talento, pero algo es necesario.

R: Sí, pero a veces se confunde el ego con la seguridad en uno mismo. Hay que tener seguridad en uno mismo, pero hay que evitar el yoísmo y eso es muy difícil. A los veinticuatro años era millonario. Había ganado mucho dinero, mucho. De la nada. Y seguía yendo con un dos caballos que compré de segunda mano porque no quería perderme. Es muy difícil que, si a esa edad tienes ya nueve o diez locales y trescientos trabajadores, siendo un niño, no te pierdas.

Hay que ser muy estricto. Como el atleta que pretende seguir ganando carreras, pero poniéndose hasta arriba y comiendo toda la grasa del mundo. Si tienes que caminar con tu peso, el de tu ego, y seguir corriendo, estás muerto. Hay que ser muy estricto con uno mismo. Para eso hay que tener amigos y escuchar. ¿Cómo matas al ego? Escuchando. Yo amo a todo el mundo que me dice las cosas pero que me las dice bien, porque otros lo hacen dando lecciones y humillando. Si se dicen las cosas con cariño, entonces escuchas. Es la diferencia entre el que quiere regañarte y el que quiere ayudarte.

P: ¿Qué es lo que más te ha decepcionado de las personas en estos años de carrera?

R: Cuando con alguien lo tengo difícil, lo planteo como un reto. E intento primero buscar por qué siento rechazo, o si este término suena muy fuerte, por qué no me siento cómodo con esa persona. ¿Qué miedos tengo yo? ¿Es más culto, se expresa mejor que yo? E intento dar oportunidades a las personas porque detrás de todo esto suele haber un miedo interno. A partir de ahí, intento jugar una partida de ajedrez, ganarlo, llevarlo a mi redil. Y cuando veo que la tara no está en mi mochila, sino que está en la de él, si no le puedo echar una mano y no le puedo ayudar, lo que hago es borrarle del teléfono. Con mucho cariño y mucho respeto, eso sí. Al final todo es producto, como digo, del miedo. Primero empieza siendo mi propio miedo, pero luego me doy cuenta de que ese miedo está en ellos, que solo se ven a sí mismos. Entonces me los quito de en medio. Y luego hay personas malas, que hablan mal de ti a tus espaldas, machacan al pequeño o al igual, pero no al grande.

P: ¿Alguna persona mala te ha pedido ayuda?

R: Muchísimas. Cuando tenía las discotecas, siempre he estado con los buenos. Con la Policía, la Guardia Civil. Cuando tienes miedo siempre te haces amigo de los traficantes, de los malos, de los fuertes… porque les tienes miedo. Pero eso te va a machacar. Acabas en su manada y siendo malo, como ellos. Tienes que apartarte y hacerte amigo de los que hacen este mundo mejor. Pensamos que el mal siempre gana y no es así; al final gana el bien. Yo no le río una gracia a un malo, ni le invito a una copa. Me aparto de él. Y así se va encontrando cada vez más solo.

P: Por tu vida de relaciones, Cipri, habrás tenido mucho contacto con la clase política. ¿Qué opinas de la situación en Cataluña?

R: Te pondré un símil. A nadie se le ocurriría permitir pilotar un avión a un tipo que no sea piloto. Pues un país es igual, un gran avión en el que vamos todos. Y la gente que se presente para dirigirlo tiene que tener currículum, no solo ganas. Y eso solo se gana en la empresa, gestionando, o con formación. Pero hay algo más. Igual que no se es piloto sin superar un test psicotécnico, en la política debería ocurrir igual. Hay personas con muchas taras, con miedos, con problemas psicológicos que acaban siendo ministros o alcaldes ¿nos hemos vuelto locos? Y después, sería necesaria también una ITV; deberían ser revisados constantemente. Porque manejan el avión donde vamos todos. Deben ser personas que sepan negociar, que sepan dar la razón.

Hay que reinventar a la clase política española. Que haya un movimiento en el que elijamos a los mejores, no a los que toca.  A lo mejor es que lo que tienen que hacer los políticos es elegir a los que tomen las decisiones. Igual que son ellos mismos los que ponen inmensas taras para aprobar una oposición. Es dificilísimo, por ejemplo, convertirse en embajador, pero luego van ellos y se colocan como embajadores. Pues que quiten las oposiciones a embajador.

Ponemos a gente que no ha dirigido nunca nada a dirigir empresas públicas, menospreciando a los técnicos. Pensemos en un ingeniero que se dedique a construir puentes y que un día llegue un político y le diga que no es así, que es de otra manera. Si elegimos a los más capaces, todos llegaremos a ser más capaces. Si ponemos a los más inútiles, nos llevarán a todos a ser inútiles, porque el inútil no quiere que haya nadie por encima. Es lógico.

P: Destácame ejemplos de políticos que te agraden.

R: Me gustan cosas de algunos. Me gusta la capacidad de calma de Rajoy, de espera, aunque sin pasarse, que esta vez se ha pasado. Me gusta la virginidad de Rivera, el porte visual de Pedro Sánchez, la capacidad de crear un relato de los nacionalistas catalanes, que es algo que nos falta al resto. Me gusta la sensatez de Anguita, el sentido de Estado de Felipe González o de Pérez Rubalcaba, o la sensatez de Fernando Savater o de Javier Nart. Pero no me apasiona ninguno. Tenemos una clase política que lleva muchos años haciendo lo mismo y mal pagados. Y muchos. Debería haber menos y mejor pagados.

En general, en la vida, yo invito a todo el mundo a dar, a sumar, a aportar a los demás. A procurar que su entorno sea mejor. El ser humano es así. Fíjate en los anuncios de televisión que hablan continuamente de la bondad de las personas. Y no es una moda. Los publicistas solo van a lo que a la gente le llegue al corazón. Igual que no iríamos a ver una película que terminara mal. En la que muera el bueno.

P: ¿Y cómo llegas a los 50 años y te da por escribir un libro?

R: No fui yo (sonríe), fueron los de Planeta. Al final, uno tiene que ser consciente de lo que es. ¿Y cómo es uno consciente de lo que es? Escuchando, porque uno es el resultado de los demás. Un día van y me dicen, ¡vaya agenda que tienes! Yo creo que las personas no son de nadie, no hay mejor cosa que posicionar a la gente, presentarlos unos a otros y que la gente se conozca. Sin buscar nada. Y luego, si la gente tiene un buen recuerdo de ti, pues mejor. Porque al final uno va a hacer negocios con una persona honrada -aunque no sea tan inteligente como otras- que no le vaya a traicionar, antes de hacerlos con un canalla, por listo que sea, que al final le va a acabar apuñalando.

¿Cómo he construido mi agenda? Pues no lo sé. Me preguntan que si tengo trucos y de ahí surge todo. Primero empecé a escribir a bolígrafo. Hice cincuenta páginas, tal y como me pidió mi editor. Después paré, lo leí. Y me di cuenta de que no entendía ni mi letra. Luego empecé a dictar… ¡hasta seiscientas páginas! Y ya, con mi manuscrito, fui buscando a gente que lo leyera, que me ayudara a hacerlo mejor. Hasta un profesor que me ayudara a escribir. Y ahora estoy muy contento porque estoy escribiendo prólogos yo solo. Porque reconozco que necesito que me ayuden y busco para ello a los mejores. En la vida hay que ser verdad. ¿Por qué soy yo verdad? En la presentación de mi libro hubo mil personas. ¿De qué hablo? ¿De física nuclear? No. Hablo de cómo conseguir que pasen las cosas.

Yo soy el vivo ejemplo de que el networking, relacionarte bien con la gente, te hace crecer. Yo soy un tío normal, sin grandes estudios, hecho a sí mismo, que a base de escuchar y de aprender de los demás y de hacerme una buena red, he ido creciendo. Por eso digo que lo que pongo en el libro es la verdad. Cuando lo terminé (llegué a hacer seis manuscritos) se lo di a mi secretaria, Belén, que lleva veinticinco años conmigo. Y me dijo: “Cipri, estás contando todo, deberías guardarte algo”. Esa es la grandeza. Poner todos los trucos. Ahora tendré que descubrir otros nuevos porque esos ya me los sé. He llegado hasta donde estoy y ahora tendré que tirar la piedra más lejos para ir a por ella. Me he descrito a mí mismo. En total, han sido dos años y medio de observación.

P: Después de estos cincuenta años ¿cómo quieres que sea tu futuro? ¿Qué elegirías, si pudieras? ¿Qué quieres ser de mayor?

R: Toda mi vida he sido un Forrest Gump. He estado detrás de todos los campos… Políticos, empresariales. He sido como el acomodador, un acomodador de la vida, que con su linterna sugería: “Mira, tú te tienes que conocer con este, tú con este otro”. Yo era feliz presentando personas, logrando que la gente se quisiera, que pasaran cosas, que tuvieran relaciones, que montaran una empresa, que uno tuviera una enfermedad y el otro le ayudara en la operación. Y ello porque, al hablar con tanta gente, obtengo mucha información y creo una red social andante.

Siempre presentando, siempre siendo el de la linterna. De vez en cuando, cogía a alguien potente, le subía al escenario y le ponía focos. Sin él saberlo. Mira, el otro día estuve en una reunión con gente muy brillante. Y habían expuesto casi todos, salvo uno, que es empresario, pero que no había dicho nada porque claro, la brillantez era tan grande que había muchos que eran de cero a multinacional. Pero yo supe coger la linterna y sacar de cada uno su historia porque todos, cada uno de nosotros, tenemos una historia maravillosa.

P: Ya Cipri, pero no me has contestado. Te lo vuelvo a preguntar: ¿qué quieres ser de mayor?

R: Dejar un legado y construir algo mejor. Toda mi vida he sido lo que soy. Lucho cada día por ser una buena persona. Por dejar ese legado. No soy la solución, pero quiero formar parte de ella. Hay personas que siempre son parte del problema, pero no de la solución. Yo no. Quiero seguir siendo ese foquero del que te hablaba. Si no tuviera el Silk (su restaurante), tendría otro. Silk es como el comedor de mi casa. Y es que, tener una oficina es un aburrimiento.