Pocas veces se tiene la suerte de cuadrar una entrevista de una forma tan certera y pegada a la actualidad. Pero hoy ha sido el caso. El reciente alegato escuchado de labios de la abogada del Estado, Rosa María Seoane, en el juicio que se sigue contra los acusados por el ‘procés’ en el Tribunal Supremo, negando que existiera violencia estructural el 1 de octubre de 2017, ha movido a la mayoría de los españoles a la sorpresa, cuando no a la indignación. Su antecesor, el abogado del Estado Edmundo Bal, fue apartado por el Gobierno por negarse a firmar precisamente este informe.

Hoy Bal, y me congratulo por ello, es el protagonista de mi café. Fichado por Ciudadanos, por Albert Rivera, a raíz de su ‘exilio forzoso’ de esta causa, se ha convertido hoy en uno de los 57 hombres y mujeres que plantarán cara durante los próximos 4 años en el Congreso a los separatistas.

Hombre de cabeza brillante, maneras suaves y elegantes pero de una firmeza y contundencia argumental como he conocido pocas veces, me explica paso a paso -y también a ustedes- la compleja panoplia de conceptos jurídicos y figuras penales que concurren en esta causa y que en su opinión de penalista constituyen motivos más que fundados para esperar una dura condena del Tribunal Supremo contra los encausados. Pero también deja caer dudas… una sombra de inquietud por los pasos que puede dar el gobierno que Sánchez está a punto de constituir respecto al independentismo y al problema de Cataluña.

Hijo y nieto de funcionarios, Bal habla con pasión para mí, para ustedes, de su visión del derecho, de su vocación de servicio público… pero también de su idea de España y de las razones que loe han llevado a dar el salto a la política y a integrarse en Ciudadanos. Todo un placer conversar hoy con Edmundo Bal.

Pregunta.- ¿Cómo se le ocurrió meterse en este lío de la política?

Respuesta.- Me convenció Albert. Yo soy hijo y nieto de funcionario. En mi familia, la función pública entra dentro del ADN de nuestros apellidos. Tanto por parte de padre como de madre. En mi casa siempre viví esa vocación del servicio público; mi padre llegando tarde del Ministerio, mi madre echándole la bronca… (sonríe) Y siempre tuve ese punto de vista del funcionario público, ejecutando normas, quejándome a veces de las leyes, entendiendo que otras veces hay cosas que no se solucionan… y tu forma de cambiar las cosas es cambiando tus equipos, liderándolos, haciendo que las cosas sean más amables e intentando conseguir más éxitos. Hasta ahí llegas. Cuando te dicen que puedes ser diputado, que vas a estar en el Congreso, que vas a tener responsabilidades más relevantes, oportunidad de hacer más cosas por tu país, por España y por tus conciudadanos, a los que llevas toda la vida sirviendo… ¡cómo vas a decir que no! Más cuando has sentido desde pequeño que este es tu destino: el de servir a los demás y trabajar porque las cosas funcionen mejor y el país progrese. 

P.- En su decisión de acudir a la llamada de Albert Rivera supongo que pesó la experiencia que usted sufrió al verse apartado, por la intervención del gobierno de Pedro Sánchez, del juicio que tiene lugar en el Tribunal Supremo por negarse a firmar, en nombre de la Abogacía del Estado, el escrito en donde se renunciaba a la acusación de rebelión.

R.- Lo he pensado mucho. Debo decir que, el hecho de que el puesto al que se me destinaba tras mi cese fuera justamente el que yo no quería, cosa que consideré como un castigo serio y profundo, me lo puso más fácil. Se trataba de un puesto muy bonito dentro de la Abogacía del Estado, pero para otra edad, y a mí me llenaba muy poco. Pero repito, he pensado mucho en esto. ¿Qué hubiera pasado si no me hubieran cesado? Si yo hubiera seguido en mi puesto como abogado del Estado jefe de Penal, donde yo estaba feliz, a pesar de las penurias, de la falta de personal y del exceso de trabajo, pero disfrutando mucho de mi vida profesional… pues hubiera dicho que sí igualmente. Igual me lo hubiera pensado un poco más, pero la respuesta hubiera sido igualmente afirmativa. 

Los promotores del 1 de octubre contaban con la violencia, creo incluso que la querían’

P.- Porque usted siempre tuvo claro que hubo rebelión…

R.- Yo tenía claro que había violencia. Una violencia grave, una violencia intensa y planificada, una violencia prevista y aceptada. Desde el minuto uno en el que el plan de independencia se pone en marcha, sus promotores, sus autores, contaban con la violencia. Creo que incluso la querían, porque si hubiese habido esa violencia, la imagen internacional de España fíjese cómo hubiera quedado. La previeron, la aceptaron e incluso la quisieron. Que luego eso jurídicamente sea rebelión o sea sedición, es un tema secundario. En cualquier caso, lo que no es, lo que no es, es la sedición que está presente en el escrito de la Abogacía del Estado. Una sedición liviana, una sedición de unas familias ‘que salieron a pasar un día de fiesta’, que fueron a votar, a ejercer sus derechos cívicos, a jugar en los colegios con sus hijos, a comer una tortilla, a dar a entender que todo era cívico y maravilloso… eso no fue. 

P.- Usted cree que hubo una preparación clara y deseada en la que estaba contemplada la violencia…

R.- Los Mossos van a ver a Puigdemont, a Forn y a Oriol Junqueras, lo han contado en el juicio y ya lo contaron en la instrucción de la causa, donde yo estaba, que era secreta y que por tanto los cuidadanos no conocían, pero nosotros ya lo sabíamos. Van y les dicen que va a haber violencia y tienen un informe por escrito. ¡Son los profesionales de la seguridad ciudadana! ¡Cómo no les vas a creer!  La respuesta de los gobernantes de los catalanes fue: «Nos da igual. Vamos a seguir celebrando el referéndum». Y además les dijeron a las familias: «Invadid los colegios para que así la Policía y la Guardia Civil no puedan ejecutar el mandato judicial». Es decir, que asumieron desde el principio que iba a haber violencia y que iba a haber daños. Violencia en los policías, pero también en los ciudadanos que se iban a resistir activamente. ¿Qué tipo de gobernante manda a sus ciudadanos a los colegios a sabiendas de que se va a producir esto?

P.- En este juicio, ya muy avanzado, seguimos teniendo una Fiscalía que lo tiene clarísimo, que casi diría que ‘copia’ su idea respecto a lo que pasó el 1 de octubre, pero también a una Abogacía del Estado que el martes 4 de junio nos sorprendió hablando de sedición. Es decir, dos actores que iban de la mano, pero ahora ya no coinciden. ¿Por qué? 

R.- La única explicación posible es que hay un mandato político detrás. No hay otra. En el momento inicial de la causa, la Fiscalía y la Abogacía del Estado, representada por mí, estábamos conformes y de acuerdo en que hubo un escenario de violencia grave y que constituye delito de rebelión. Pero es que después lo vimos en el juicio con las declaraciones de los policías, de los guardias civiles, de los empresarios de los hoteles, de los alcaldes, del capitán marítimo del puerto de Palamós con respecto a lo que se hizo para no dejar atracar a las Fuerzas de Seguridad del Estado en ese puerto… ¡que lo hemos visto! Y cuando uno allí sentado lo está viendo con sus ojos, cómo lo va a negar… pues en el informe final, o lo minusvalora o lo relativiza, que es lo que se hizo: ‘Bueno, hubo violencia… pero no fue estructural’ ‘Hubo violencia… pero no fue para tanto. Fue una pequeña violencia’.

¿Qué es eso de ‘violencia estructural’? ¿Dónde lo pone? ¿En qué norma? ¿Cómo se define? Lo que se ha tratado de hacer es establecer una tercera categoría inexistente en Derecho’

P.- ¿Qué quiere decir violencia estructural?

R.- Pues no lo sé. Sinceramente. Si leemos el artículo 472 del Código Penal, dice ‘violencia’. Si acudimos a las categorías generales del Derecho -porque esto son dos conceptos que se utilizan también en el ámbito Civil, la violencia y la intimidación que invalidan el consentimiento en los contratos civiles- vemos que la violencia es el uso de la fuerza, la intimidación es la amenaza seria y fundada de un mal inminente y grave. O sea, la coacción. ¿Las pruebas que hemos visto no son esto? ¿Todo lo que hemos visto a lo largo del proceso, a la hora de ver la prueba, no han sido estos dos conceptos? ¿Qué es eso de ‘violencia estructural’? ¿Dónde lo pone? ¿En qué norma? ¿Cómo se define? Lo que se ha tratado de hacer es establecer una tercera categoría inexistente en Derecho, porque nunca en la Historia del Derecho ha habido ningún concepto de ‘violencia estructural’ que cualifique de ninguna manera ningún tipo penal, en ningún artículo del Código Penal se habla de violencia estructural. Pero es que además el delito de rebelión tampoco exige que la violencia sea medio. Exige la violencia… ¿Y no hubo violencia? ¡Caramba!

P.- ¿Cómo va a acabar esto? ¿Qué pasará en septiembre u octubre, cuando tengamos una sentencia?

R.- Es difícil saberlo. Todos los abogados, cuando nos metemos en un juicio, pensamos que lo vamos a ganar y luego a lo mejor no lo ganamos. Pero en este caso en concreto contamos con una garantía que no tenemos en ningún juicio y es que son siete magistrados del Tribunal Supremo, muy experimentados, frente a los que yo he actuado muchísimas veces. Unas veces me han dado la razón y otras no, pero siempre me he quitado el sombrero oyendo sus sentencias. Lo que yo tengo claro es que la exposición de la Fiscalía ha sido extraordinaria. Aprovecho esta entrevista para darles la enhorabuena a esos cuatro magníficos profesionales que han visto perfectamente la prueba, la han encajado en el tipo de rebelión y han sacado sus conclusiones que es lo que hay que hacer en el informe final. Tengo una confianza ciega e inquebrantable en la sentencia que dicte el Tribunal Supremo que desde luego no va a decir que ‘hubo violencia estructural’, ni que hubo ‘violencia pequeñita’.

P.- Es decir que sí que podría haber sentencia de rebelión.

R.- O de sedición, pero con penas muy elevadas porque el delito sea muy grave. No pasa nada en el encaje que los hechos tengan después en uno o en otro delito. Fidel Cadena lo explicó muy bien en su informe al decir que estamos hablando de un delito que es contra la Constitución (de rebelión) o de un delito que es contra el orden público. ¿Cuál es la diferencia interpretativa? Que nos fijemos en los fines, acabar con la Constitución declarando la independencia de una parte del territorio o que nos fijemos en los medios. 

P.- ¿Cómo va a influir la sentencia en este curso que va a iniciarse?

R.- Desde luego tendrá una influencia muy impactante y decisiva. Esta mañana desayunaba con la noticia de que el presidente de la Generalitat pide una reunión urgente al presidente del Gobierno, se supone que para quejarse de los informes que ha hecho la Fiscalía y la Abogacía del Estado. Me quedo perplejo de que, frente a una actuación judicial, un responsable político le pida explicaciones al presidente del Gobierno. Yo creo que con esto ya está claro por dónde van los tiros. Después de todas las cesiones que el gobierno de Pedro Sánchez ha hecho a los independentistas para que le aprobaran la Ley de Presupuestos, no solo cortarme a mí la cabeza, no solo rebajar el delito de sedición, ir a Barcelona, reunirse con ellos, admitir un relator, negociar 21 puntos, decir que estarían mejor los presos en la calle, decir que esto no se soluciona aplicando la Constitución, decir que tendremos que ser valientes para admitir que luego haya indultos… hombre, el camino está claramente trazado por las dos partes y lo veremos en la próxima sesión de investidura, viendo qué plantea ERC y el partido de Puigdemont y sobre todo después de la sentencia. Este grupo, Ciudadanos, y yo personalmente, vamos a pelar por que se cumpla la sentencia. No puede haber indultos. Sería una vergüenza para España, una indignidad y una humillación para los españoles de bien. 

P.- Cambiemos un poco de tercio, señor Bal. ¿Cuáles son los valores de Ciudadanos que le han convencido para abrazar el proyecto de Albert Rivera?

R.- Este partido, para mí, es un partido que comprende en su ideario mis dos mitades como persona. Soy de centro y liberal en lo económico y me he quejado de la intervención excesiva del Estado y su exceso de regulación, porque creo que son los empresarios y no el Estado quienes crean riqueza y prosperidad. Pero también soy persona con preocupaciones sociales: las ayudas sociales y derechos conquistados irrenunciables, en materia de políticas LGTBi , ayudas a las familias, derecho a una muerte digna, no volver a discutir más sobre el aborto, no dar un paso atrás en los derechos sociales que este país ha ido ganando uno a uno… son las cosas que he defendido siempre. ¿Sabe que me dijeron mis amigos cuando les comenté que me incorporaba a Ciudadanos? «Te pega mucho», me dijeron. 

¿En qué coincidimos con Vox? ¿Cómo vamos a sentarnos con un partido que defiende cosas tan contradictorias con la esencia de Ciudadanos?’

P.-  Estamos en tiempo de pactos. No le voy a preguntar cómo va a acabar todo, porque esto es difícil pero si su posición porque tenemos en escena algunas fuerzas que causan reparos, por no decir miedo, como Vox. Tengo clara su línea, la de Ciudadanos, con Podemos, pero no tanto con Vox, sobre todo después del caso andaluz. 

R.- Si algún adjetivo debemos poner a la política de pactos que ha diseñado Ciudadanos es coherencia. Nosotros hemos hecho dos campañas electorales y en las dos le hemos dicho a los ciudadanos lo que defendemos. Y eso se traslada ahora a la política de pactos de una manera perfecta, coherente. Con todo lo dicho sobre el gobierno de Sánchez entenderá que estoy feliz de que este Ciudadanos no diga que se va a poner en manos del PSOE y que solo pactará con los socialistas en aquellos lugares donde las personas sean coherentes con nuestro programa. Personas centradas y que repudien la política de Sánchez sobre Cataluña, o subida de impuestos que ahogan a los españoles, etcétera. Con respecto a Vox, insisto en que somos un partido de centro y nuestra posición en este sentido es lo más coherente del mundo. Sentarnos con partidos constitucionalistas pero no con partidos que dicen que se pueden tener armas en casa o que el papel de la mujer es uno determinado, que sostiene que los homosexuales son unos enfermos o que dice lo que dice respecto a la inmigración… ¿En qué coincidimos? ¿Cómo vamos a sentarnos con un partido que defiende cosas tan contradictorias con la esencia de Ciudadanos?  Nuestro partido ha demostrado la coherencia más total y el rechazo a esa acusación que siempre se nos hace de que nos ponemos al sol que más calienta o de que somos unos ‘veletas’. Ha quedado demostrado que somos coherentes y sinceros.

P.- ¿Se ve usted como Ministro de Justicia algún día? ¿Le gustaría?

R.- Me encantaría. La Justicia necesita tantas reformas… ¡se ha hecho tan poco en estos cuarenta años! ¡Hacen falta tantas cosas! A veces de broma le digo a mis amigos que, ‘por poquito que yo hiciera, ya sería un gran ministro’… ¡y por supuesto no sería un poquito, sería un muchito’!

P.- Y vamos a terminar con algo que es parte de mi trabajo; ¿Qué le falta a Ciudadanos para dar el salto y ser en el futuro el partido mayoritario y de gobierno en este país?

R.- Lo tengo claro; este es un partido de faros largos. Un partido que mira a largo plazo y que no mide el éxito coyuntural para coger sillones aún a riesgo de perder apoyos en el largo plazo. Ciudadanos es un partido que tiene un proyecto para España que puede ser mañana o pasado mañana o dentro de un mes, o dentro de un año. Ahora, lo que nos toca es trabajar ‘como animales’ en el Congreso de los Diputados con un grupo parlamentario fuerte con un proyecto muy claro y que va a liderar la oposición a Pedro Sánchez y a Podemos. Este es nuestro mensaje y confío y deseo que acabará calando en la sociedad española y pasito a pasito, como hemos hecho hasta ahora: ganando las elecciones en Cataluña, desembarcando en Madrid con un grupo, primero de 32 escaños y ahora 57, soportando que le dijeran a Albert Rivera que si estaba loco, que si estaban locos… creciendo exponencialmente en Andalucía y arrebatando el poder al PSOE… pasito a pasito. Sé que Albert Rivera, un día, va a ser presidente del Gobierno.