«Lo que más me impresionó cuando fui a ver al alcalde Ledezma hace años en Venezuela fue el comportamiento de las mujeres. ¡Qué fortaleza! ‘Todos estamos presos’, me decían a la entrada de la casa». Son palabras del ex presidente del gobierno español Felipe González, quien ha sido testigo excepcional de la presentación en España del documental Venezuela: el exilio femenino, en un foro organizado por el Instituto CASLA y copatrocinado por la Fundación para el Avance de la Libertad.

En ese foro Felipe González, con gran clarividencia sobre la cuestión venezolana, dejó claras cuáles han de ser las condiciones de todo diálogo. «Hay que tener claro que con Maduro en el poder nunca habrá elecciones democráticas. Y a los noruegos, o a quien crea en la buena voluntad del régimen, les aconsejo siempre que la premisa es que liberen a todos los presos políticos, pero no a unos cuantos, a todos, y que no vuelvan a arrestar a nadie más. Por supuesto, ningún ciudadano puede estar inhabilitado para competir en las elecciones. Y han de facilitar el voto de los cuatro millones de venezolanos en el exilio».

Entre estos cuatro millones y medio de exiliados hay muchas mujeres perseguidas por sus convicciones, muchas madres que han decidido poner a buen resguardo a sus hijos, muchas esposas que han vivido el miedo a la tortura, muchas hijas que temían por sus progenitores.

En el documental Venezuela: el exilio femenino, dirigido por Ignasi Boltó, dan voz a Zugeimar Armas, madre de Neomar Lander, muerto por la represión chavista, exiliada desde 2018; a Laided Salazar, ex presa política; a Tamara Sujú, abogada defensora de Derechos Humanos y a la jurista Patricia Carrera, jurista que tuvo que dejar su país en 2010.

Mujeres exiliadas de Venezuela
De izqda a dcha, las exiliadas Tamara Sujú, Laided Salazar, Zugeimar Armas y Patricia Carrera. FUNDACIÓN PARA EL AVANCE DE LA LIBERTAD

«Soy hija, madre y esposa. Tengo tres hijos. El mayor, Neomar Alejandro Lander Armas, fue asesinado durante las protestas de 2017, el 7 de junio de 2017. Después de casi dos años tuve que salir del país. Recibí amenazas del régimen», relata Zugeimar Armas, quien sabía que el Sebin iba a por ella. Pensó en sus otros dos hijos a la hora de salir del país.

«Aunque vivía el día a día de las protestas, nunca se me pasó por la cabeza que pudiera ser asesinado Neomar», afirma Zugeimar, que se reconoce como «opositora al socialismo».

Neomar tenía algo que traspasó, no solo en Venezuela sino más allá… Su lema fue ‘La lucha de pocos vale por el futuro de muchos'», dice Zugeimar Armas

Su hijo primogénito, Neomar Lander, muerto a los 17 años a manos de la Guardia Nacional Bolivariana, se ha convertido en símbolo de la lucha contra los regímenes opresores. En su chaleco antibalas de cartón, había escrito «Yo Soy Libertador». Acuñó la frase que luego esgrimieron los manifestantes en Nicaragua, por ejemplo: «La lucha de pocos vale por el futuro de todos».

Zugeimar Armas ve cómo su hijo se ha convertido en un símbolo. Al día siguiente de su muerte se concentraron cientos de personas en una vigilia muy emotiva. «Neomar tenía algo que traspasó, no solo en Venezuela sino más allá».

Laided Salazar era odóntologa de las Fuerzas Armadas con rango de capitán. Conversó con un grupo de compañeros sobre la falta de libertad y expresó su desacuerdo con las políticas del régimen chavista.

Fue encarcelada y torturada. Desde 2018 está en el exilio. Considera que donde estuvo, el Fénix Lara, es un campo de concentración y reeducación.

«El general Fernández Dala me acusó de traición. Expresé mi desacuerdo con la represión. Sin pruebas ni elementos incriminatorios me llevaron a juicio. Fue un linchamiento judicial. Fabricaron el delito», señala Laided Salazar.

Relata cómo se llegó a pensar en quitarse la vida. «Nos suprimían el sueño en las noches. Colocaban una sirena en una camioneta y la dejaban toda la noche. Otras veces nos dejaban de dar agua. Creen que a punta de golpe nos iban a cambiar».

Nos suprimían el sueño en las noches. Colocaban una sirena y la dejaban toda la noche. Otras veces nos dejaban de dar agua», relata Laided Salazar

Al principio podía leer, pero luego solo le dejaron un cuaderno y un lápiz. No supo nada de qué pasaba fuera. Solo supo cómo su familia se había movilizada cuando pasó a arresto domiciliario. Su madre, mientras tanto, pedía su liberación, incluso ante la Asamblea Nacional. «Mi mamá es valiente. Es una guerrera», comenta orgullosa.

Laided Salazar cuenta cómo no le dejaban ver a su hijo. Solo dos veces al año. Y la humillación sexual. «Me hacían desnudarme por la noche y me alumbraban con una linterna mi vagina, casi hasta metérmela dentro», recuerda con espanto.

Ahora su hijo estudia y ella está pendiente de que le concedan la protección internacional.

La jurista Patricia Carrera, exiliada en España desde 2010, relata cómo el proceso en España se dilata en exceso. «Veo a mis hermanos que tienen que empezar de cero. Vienen porque pasan hambre o porque son perseguidos. Es muy duro, pero nosotros hemos de darles fuerza», afirma la abogada.

Veo a mis hermanos que tienen que empezar de cero cuando llegan aquí. Vienen porque pasan hambre o porque son perseguidos», dice Patricia Carrera

Recuerda Carrera cómo robaron en su despacho y recibió amenazas de muerte. Así decidió salir. Y ahora ayuda a quienes llegan a España en busca de asilo.

En los seis primeros meses no pueden trabajar, relata Carrera. La dependencia de una ONG les angustia. «Hay complicaciones para recibir ayudas sociales. Colocan en mejor posición a quienes tienen algún poder político», añade.

Hay muchas más que las cuatro participantes en el documental. Entre ellas, la viuda del capitán Rafael Acosta, que huyó por miedo a represalias tras la muerte por torturas de su marido. En una entrevista con El Independiente, aseguraba cómo el régimen había matado al capitán para amedrentar a los militares. «Me gustaría verles a todos en La Haya: a Maduro, a Cabello, a Jorge Rodríguez, y a todos los implicados. Todos son cómplices. Tienen que pagar. No me voy a quedar callada», nos confesaba.

Todas las exiliadas quieren trabajar. Todas siguen luchando por la libertad en Venezuela.

Todas se sienten nómadas. No pertenecen a ningún lugar, porque siguen teniendo el corazón, la mente y el alma en Venezuela.

Todas quieren volver.