Al final de la segunda temporada de Killing Eve, su creadora, Phoebe Waller-Bridge (Fleabag), nos mostraba a la clásica «pareja» -por llamarlo de algún modo-, formada por Eve (Sandra Oh) y Vilanelle (Jodie Comer) en la ciudad italiana de Roma. Esta capital que suele ofrecer un ambiente de ensueño, se convertiría en el escenario de un trágico crimen: la camaleónica asesina a sueldo, disparaba a la espía del MI6, dejándola en el suelo y confirmando el nombre de la serie. Como se puede ver, una historia muy diferente al clásico Vacaciones en Roma.

En esta tercera entrega, la ficción de HBO nos presenta a Vilanelle en un pueblo catalán, celebrando su boda. A la misma solo están invitados los familiares de su nueva esposa, aunque no parece que Vilanelle necesite a más invitados y mucho menos a Eve, a la que parece haber olvidado: «Cuando pienso en mi ex me doy cuenta de que soy más feliz desde su muerte». Esta frase conmociona a los asistentes pero encanta a su pareja. En plena celebración, llega al salón de bodas un personaje del pasado de Vilanelle, que desencadenará el primer acto violento, tan característico de la serie, ya que la asesina no se lo piensa dos veces y arremete contra la misteriosa mujer.

¿Quién es esta invitada a la que Vilanelle no esperaba? La serie introduce a este personaje retrocediendo al Moscú de 1974, la capital del país que vio nacer a la recién casada. En estas imágenes aparece una disciplinada gimnasta, que sigue las instrucciones de un estricto profesor que no para de gritarla. Pronto, veremos que por las venas de esta deportista corre una ira similar a la de Vilanelle, puesto que una vez en el vestuario, asesina a sangre fría a un chico con el que parecía mantener una relación sentimental.

Esta quinceañera, es ahora una madura profesora que desea reunirse con Vilanelle, para encargarle un nuevo «trabajo». De este modo, el personaje al que da vida Jodie Comer, abandona su acomodada vida de casada para volver a su «profesión» de asesina a sueldo.

Por otro lado, la serie nos presenta a una nueva Eve, que disfruta de su renacimiento en una ciudad del Reino Unido. Lejos del ajetreo de la profesión de espía, el personaje al que da vida Sandra Oh, está trabajando en un restaurante coreano en el que prepara, entre otras cosas, empanadillas. «¿No te gustaría estar de cara al público? Tendrías mejores turnos», le pregunta su jefa a Eve.

Sin embargo, la espía retirada afirma que le encanta la cocina, ya que no tiene interés en retomar una profesión que casi le cuesta la vida. Lejos de su lugar de trabajo, vemos cómo Eve vive en un piso que hasta ahora no había aparecido en la serie, en el que tampoco está su marido y donde parece llevar una vida un tanto descuidada.

Eve no es la única que se aleja del MI6. De vuelta a Londres, el equipo con el que trabajó está totalmente patas arriba: Carolyn (Fiona Shaw) aparece ante una especie de tribunal que está expedientando todas las operaciones que hizo sin su consentimiento, y su hijo, Kenny (Sean Delaney) se reinventa como periodista, una profesión que le permite investigar.

De este modo, en los primeros minutos de esta temporada Phoebe Waller-Bridge, nos muestra al que era un grupo de espías exitoso, totalmente bajo mínimos debido a las malas decisiones de una líder que actúa por libre, y a una Vilanelle que retoma su vida de delincuente sin saber que su archienemiga, Eve Pollastri está en realidad viva.

A diferencia de la amplia lista de títulos que se han visto afectados por la crisis del coronavirus, los fans de Killing Eve están de enhorabuena, puesto que los nuevos episodios llegan a HBO el próximo lunes 13 de abril, dos semanas antes de lo previsto. Tras los sendos premios otorgados a las tres mujeres de esta serie (Phoebe Waller-Bridge, Sandra Oh y Jodie Comer), ¿será esta tercera temporada galardonada de la misma forma? Al menos, a los seguidores españoles nos ha ganado, gracias a la ambientación de la trama en la ciudad de Barcelona.