La Reina Charlotte en ‘Los Bridgerton’, interpretada por Golda Rosheuvel.

La Reina Charlotte en ‘Los Bridgerton’, interpretada por Golda Rosheuvel. Netflix

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“Había reyes negros donde había negros”, o el debate entre diversidad y veracidad histórica

'Los Bridgerton' y su inclusión de personas no blancas en las altas esferas de la aristocracia ha avivado el debate sobre la balanza entre la fidelidad a una época y obra, o la responsabilidad social en la existencia de una riqueza plural

«Estamos forzando a la realidad a encajar conforme a unos moldes en los que no puede encajar», cuenta a El Independiente la historiadora María Elvira Roca. Los Bridgerton no solo se ha convertido en la serie revelación en estos primeros compases de 2021 y en el quinto mejor estreno de la historia de Netflix -63 millones de usuarios ya han bailado junto a la Regencia británica del siglo XIX creada por Julia Quinn, adaptada a las plataformas por Chris Van Dusen, y bajo la batuta de producción de la magnate Shonda Rimes y su Shondaland, el Disneyland de las series y la ficción-, sino que ha avivado el debate acerca de la diversidad al presentar una aristocracia interpretada por actores negros.

La Reina Charlotte -Golda Rosheuvel-, el Duque de Hastings -Regé-Jean Page- o Lady Danbury -Adjoa Andoh- conforman un triángulo de realeza que ha sido alabado en la misma mesura que criticado. Algunos aplauden inclusión, otros alegan que se ha de realzar, ante todo, la veracidad de una historia que no contaba con personas no blancas entre los pasillos de los palacios de la Inglaterra de la época.

La serie histórica sí tiene una “obligación” de respetar la veracidad, pero la serie de época no. No hay ninguna promesa en Los Bridgerton de que se vaya a contar una historia real

RAMÓN CAMPOS, GUIONISTA Y PRODUCTOR

«Esto forma parte del fenómeno generalizado de adanismo, que es una forma de inmadurez extremadamente peligrosa en el que uno cree que puede cambiar todo aquello del mundo que no le gusta», señala Roca. «Es un síntoma de infantilismo gravísimo porque el ser humano, sobre todo en su versión occidental, es un ser que tiene memoria».

Para Roca, Los Bridgerton es un ejemplo «ridículo» de la corriente actual que presenta historias del pasado adaptadas a la contemporaneidad y que muestran, por consiguiente, a unos protagonistas que «se comportan como si fueran gente de ahora, sin ninguna noción de que en el mundo ha habido otras formas de vivir. ¿Cómo hemos llegado a la paradoja de que una sociedad que es, supuestamente, tolerante con la diversidad sea incapaz de concebir la diferencia?», puntualiza.

Para Ramón Campos, productor y guionista de Bambú Producciones, «la primera diferencia que hay que hacer es entre serie histórica y de época. La serie histórica sí tiene una “obligación” de respetar la veracidad, pero la serie de época no. No hay ninguna promesa en Los Bridgerton de que se vaya a contar una historia real, por tanto es una cuestión de pacto de lectura entre el creador y el espectador», admite.

Cuando Campos trabajaba en la exitosa serie Velvet, «creamos una España que no existió», pues en el primer episodio de la ficción, cuando Pepe Sacristán camina con el personaje de Paula Echevarría por Gran Vía, la arteria madrileña está llena de coches y de gente, «una imagen que poco tiene que ver con la de una posguerra civil como la que vivimos, pero Velvet no era una serie histórica, sino de época», explica.

Una mirada “eurocéntrica” del mundo

«Cuando empecé a ver Los Bridgerton me chocó ver a una reina negra, pero al rato, una vez traspasas ese hecho, disfruté de la historia y para eso está la ficción, para hacernos disfrutar», admite Ramón Campos. «Si asumes que en el universo de la serie la historia es así, no es necesario justificarlo, es como cuando vas a la Ópera y la princesa y el príncipe son una señora y un señor con sobrepeso y 50 años», indica.

Hemos llegado a algunos límites completamente ridículos, como el intentar representar el pasado conforme a un dibujo de la realidad que tengo ahora. Esto es falsificar el mundo.

María elvira roca, historiadora

Sin embargo, para María Elvira Roca, «estamos atravesando una etapa de puritanismo espantosa, y como tal, intransigente», pues la inclusión de aristócratas negros en en el Período de Regencia británico fuerza «a la realidad a encajar conforme a unos moldes en los que no puede encajar. Hemos llegado a algunos límites completamente ridículos, como el intentar representar el pasado conforme a un dibujo de la realidad que tengo ahora», destaca. «Esto es falsificar el mundo».

La Reina Charlotte de Los Bridgerton, interpretada por Golda Rosheuvel.

Para la historiadora, la incorporación de personas de color en las altas esferas de la aristocracia británica denota «la estúpida idea occidental, europea y eurocéntrica de que el mundo ideal es aquel que nosotros dibujamos como tal», pues «había reyes negros donde había negros», apunta. «El mundo estaba lleno de esclavos negros que eran esclavos de otros negros, y de indios que eran esclavos de otros indios, solo los occidentales creemos que existen razas individuales y un comportamiento preestablecido para cada una».

Roca considera que el «occidental que barre su planteamiento eurocéntrico» del mundo para conformar su propio dibujo de la realidad, «coloca al resto de la humanidad como le sale de las narices. Es una cosa disparatada que no tiene en cuenta la complejidad del mundo y que, simple y llanamente, hace un belén con figuritas de colores».

Lo que la búsqueda de la inclusión se llevó

En el diálogo constante entre racismo y falta de diversidad en la pantalla, HBO Max dio un paso erróneo al vetar de su plataforma un clásico del cine como Lo que el viento se llevo. En plena ola del movimiento Black Lives Matter tras el asesinato a manos de la policía de George Floyd, la plataforma americana decidió borrar de su parrilla de contenidos el largometraje de Victor Fleming por «glorificar la esclavitud». Dos semanas después, reculó y volvió a ofrecerla.

HBO recibió una pila insostenible de críticas por juzgar, con la moral y valores actuales, una película ubicada en 1939 y que desarrolla los eventos de Guerra de Sucesión, donde la esclavitud estaba tan latente como hoy en día la cultura de TikTok. «Lo que el viento se llevó no es una película racista, refleja una época en la que había racismo. Recrear esas etapas o épocas negando esas evidencias es el disparate mayor del reino. Es de locos borrar aquello que desagrada conforme a los parámetros morales de mi tiempo con una intransigencia verdaderamente espantosa», admite María Elvira Roca.

Vivien Leigh y Hattie McDaniel en Lo que el viento se llevó, de Victor Fleming.

Las obras no se pueden manipular o censurar para que entren en los estándares éticos del momento en el que vivimos

ramón campos, guionista y productor

Ramón Campos coincide con la visión de la historiadora de que «las obras son hijas de su tiempo y deben ser vistas y analizadas como tales. No estoy de acuerdo con su manipulación o censura para que entren en los estándares éticos del momento en el que vivimos», afirma.

«Es la tergiversación absoluta del sentido de la palabra tolerancia», explica Roca. Para la historiadora, borrar el historial de los eventos que acontecen «es volver otra vez a la casilla de inicio, una falsificación, un síntoma muy peligroso», admite, pues la idea «de que uno puede dibujar el mundo a su gusto y antojo y negar la existencia de lo que a uno no le encaja conforme unos parámetros morales, que son parámetros morales ahora, pero no lo han sido siempre y que puede que no lo sean dentro de 50 años», es una tendencia que, admite la historiadora, le preocupa.

La nueva condena, a golpe de tweet

La decisión de HBO de retomar Lo que el viento se llevó en sus contenidos bien podría haber sido alimentada por la hornada de críticas que evaporaron entre miles de usuarios en redes sociales. De un tweet, una polémica, una denuncia y una nueva plataforma para evidenciar los defectos, o virtudes, de los episodios más vivaces de la sociedad. La ficción tampoco sale impune de esta Inquisición Francesa 2.0.

«Hemos vuelto a la idea de que, el no comulga con la corriente mayoritaria, es un hereje y hay que acabar con él y borrarlo de la existencia», señala María Elvira Roca. «El largo camino recorrido para llegar a una tolerancia y una visión liberal de la vida, en el sentido de ser comprensivo e intentar entender, no ha servido para nada», indica.

Hemos vuelto a la idea de que, el no comulga con la corriente mayoritaria, es un hereje y hay que acabar con él

MARÍA ELVIRA ROCA, HISTORIADORA

Para la historiadora, en la actualidad se procede al juicio «como en épocas prelegales, como en la era que precedió a la creación de la Liga de las 12 tablas. Hemos regresado a esos extremos de barbarie en los que las personas son condenadas y linchadas en la plaza pública, que ahora son los medios de comunicación».

Sin embargo, lo más «grave» para Roca no es el linchamiento mediático, sino «que eso se haga, convencidos muchos, de que es lo progresista», una corriente que para la historiadora supone «el colmo». «¿El progreso es haber regresado a la barbarie?», ironiza, «yo lo encuentro todo extremadamente inquietante», puntualiza.

Los Bridgerton no ha sido la única serie de época que ha incorporado un elenco plural en sus episodios. Sanditon (2019), basada en la novela homónima e inacabada de Jane Austen, es una serie inglesa que también introduce a un personaje de color como una rica heredera de las colonias de las Antillas Occidentales.

Miss Georgiana Lambe, el personaje de la serie Sanditon, interpretado por Crystal Clarke.

María Elvira Roca ha visto «un episodio de refilón y de pronto veo a una chica negra en un baile de la aristocracia. Estoy segura de que eso no está en la novela de Austen», cuenta. Para la historiadora, que «alguien con un nivel y rango aristocrático inferior, al que no le era dado acceder a determinados salones» participe así en la trama es algo «disparatado».

Como creadores tenemos la responsabilidad de normalizar. Me parece bueno que mi madre vea esa trama y no se escandalice

RAMÓN CAMPOS, GUIONISTA Y PRODUCTOR

Como guionista y productor, Ramón Campos no considera que las series estén bajo la sombra de la crítica por no incluir un reparto diverso en la ficción, pero si cree que «como creadores tenemos una responsabilidad para normalizar orientaciones que, por desconocimiento, los espectadores no suelen comprender», señala.

En Las chicas del cable -la aclamada, y primera serie española de Netflix en la que Campos ha trabajado- «introdujimos una trama de poliamor. No sé cuanta gente vivía el poliamor como en la serie en aquellos años, pero me parece que es bueno que mi madre vea esa trama y no se escandalice», indica.

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