Lleva 33 años asomado a millones de hogares de España con su rico, rico y con su fundamento. Recetas sencillas, asequibles y con los productos baratos que se pueden encontrar en cualquier mercado o súper del país. Esa es la receta de su éxito que se apoya en un equipo de 22 personas de su propia productora, Bainet. “Tengo poco mérito, lo mío es cocinar y gracias al equipazo que tengo he conseguido estar todos estos años haciendo televisión. Pero somos 22 personas haciendo el programa, salgo yo porque soy muy guapo”.

Acaba de recibir el Premio Nacional de Televisión y nos recibe en el plató en el que graba, a diario, su programa para Antena 3, donde lleva ya once temporadas. En un caserío vasco remodelado, a las afueras de Aya (Guipúzcoa), donde había una sidrería, está la factoría de recetas y contenidos de Karlos Arguiñano. De allí, además de recetas, han salido películas de éxito como Airbag o Año Mariano y programas míticos como Bricomanía. También libros, porque cada receta que se cocina en el programa, antes de comérsela, recibe su foto para terminar en uno de sus recetarios. Presenta ahora La cocina de mi vida (Planeta), con una tirada de 100.000 ejemplares. El anterior, La buena cocina, vendió 130.000, su mayor éxito editorial animado por el tirón pandémico de la cocina.

Empezó a cocinar desde muy pequeño con 7 u 8 años porque era el hermano mayor y su madre estaba incapacitada y tenía que ayudarla, “llegaba de la escuela y me ponía a hacer cosas”. Se formó y tuvo durante casi 15 años una estrella Michelin. “Quería un restaurante y lo tengo, quería una bodega y la tengo, quería un equipo de pelota y lo tengo, quería casarme y tener hijos y tengo siete”.. Toda una vida de éxito y no ha cambiado nada, nos asegura, “sigo siendo el mismo”.

No cambia mucho fuera de la pantalla, bromea mucho y habla como para rellenar 33 años de televisión, pero no aburre, ni cansa: la audiencia no le abandona. 74 palos y sus analíticas dicen que está perfectamente. “Eso sí, si me veis corriendo, me paráis”. Su ejercicio es andar y tiene camino por delante. 

Karlos Arguiñano en su estudio de grabación y su libro La cocinad de te tuvida
Karlos Arguiñano en su estudio de grabación. Rubén Blyth

Sus recetas salen, que es el mayor atributo que pueda tener una receta y, en su vida personal, sale casi todo bien. “Me han salido cosas mal, pero las olvidas. Negocios que no salen bien, pagas las deudas y los olvidas”, afirma. Pero no vive ningún drama familiar como algunos medios han asegurado por el estado de salud de su mujer. En la pandemia dijo que estaba preocupado por ella y algunos medios están magnificando con que está muy mal. “Diles que pongan que no tengo nada y que estoy muy bien, me ha dicho que os diga. Porque la llama su familia de Zaragoza preocupados por lo que leen”, afirma a los medios.

No se mete en política, salvo alguna cosa. “No es lo mío la política pero, de vez en cuando, mando algún mensaje, cuando veo algo que no me gusta”. En la presentación de su libro en el plató suelta algo que no le gusta: “Pagan la leche a 30 céntimos el litro a los ganaderos, no me extraña que salgan a la carretera y tiren la leche, poco hacen, se quejan poco”, asegura. “Digo cosas que diría cualquiera en su casa”. Para no ser lo suyo la política tiene sus propios análisis sociopolíticos: “Hace 50 años se manifestaban los de 16 años y ahora se manifiestan los mismos”.

Le preguntamos por el libro presentado por Consumo esta semana y que ha generado mucha conversación en las redes sociales. “Que los políticos recomienden comida saludable, es lo normal, lo raro sería que dijeran algo distinto, lo que sí nos gustaría es que la gasolina estuviera más barata”, suelta en otro mensaje de cosas que no le gustan.

Karlos Arguiñano haciendo el ganso.
Karlos Arguiñano. Rubén Blyth

«Voy dando candela un poco, ahora estoy preocupado por la obesidad infantil, porque en un país con la dieta mediterránea que estén nuestros niños con exceso de peso.. Esos niños no pueden ser felices. Me preocupa un montón», afirma.

Para Arguiñano, familia y comida es una misma cosa. «Tengo el recuerdo de la cocina de mis aitonas y La cocina de tu vida está basado en los recuerdos que trae la comida», explica sobre su nuevo libro de 900 recetas. «La sopa de gallina que comía en el caserío es la que han comido mis hijos y es la que están tomando mis nietos”, relata.

Esa es una de las claves para evitar la obesidad infantil: «Los niños tienen que comer lo mismo que los padres en proporciones más pequeñas, no entiendo lo de los menús para niños. ¿Cómo qué menú para niños? Si los padres han comido lentejas y albóndigas, pues un platito de lentejas y dos albóndigas para el niño y luego un flan o un helado. Lo mismo que los padres pero en pequeño», concluye.