A menos de un año de la celebración de los Juegos Olímpicos de Tokio, todavía no está claro quién emitirá la cita por televisión. España se ha vuelto un país complicado para los propietarios de los derechos audiovisuales de las grandes competiciones internacionales, dado que no es la primera vez que los procesos de venta se cierran pocos meses antes, o incluso semanas, de la celebración del evento en cuestión.

La novedad de los JJ.OO. de 2020 es que el Comité Olímpico Internacional vendió a Discovery la totalidad de los derechos internacionales. En concreto, la dueña de Eurosport adquirió en 2015 los Juegos Olímpicos de invierno de 2018 y 2022; y los de verano de 2020 y 2024. La cantidad que pagó es mareante: 1.300 millones de euros.

Mientras en gran parte del mundo ya se han adjudicado estos derechos, en España se mantiene la incógnita de quién los comprará. De hecho, todavía no está claro si alguien dará ese paso, aunque todo parece indicar que será Radiotelevisión Española. Madrid, por cierto, optó a organizar este evento, al igual que en 2012 y 2016, pero el COI eligió a la capital japonesa.

Fuentes oficiales de la corporación aseguran a este periódico que el Gobierno en funciones se ha mostrado dispuesto –así lo adelantó El Mundo hace unas semanas- a inyectar una dotación presupuestaria adicional a la corporación para poder comprar los derechos. “Llevamos negociando meses. Se está a la espera de la llegada de la mencionada dotación económica para comprar los derechos de este acontecimiento deportivo”, explica un portavoz oficial de la radio-televisión pública.

Desde Discovery España se niegan a ofrecer ningún detalle sobre el estado de las conversaciones, aunque expresan su seguridad de que cumplirán con los compromisos adquiridos con los organizadores de los JJOO. “Podemos garantizar es que se van a transmitir 200 horas en abierto porque tenemos un compromiso con el Comité Olímpico, pero de momento no tenemos nada más que añadir”, afirman.

Horario complicado

En principio, ni Atresmedia ni Mediaset tienen interés en pujar por las competiciones deportivas, dado que estos JJ.OO. tienen una particularidad, y es que, al emitirse en Tokio, una buena parte de la actividad tendrá lugar en horario nocturno en España, mientras que los acontecimientos más atractivos serán por la mañana. Es decir, en una franja poco atractiva para las televisiones.

Dentro de RTVE, existen voces críticas con respecto a esta inversión. Entre otras cosas, porque consideran que gastar varias decenas de millones de euros –no menos de 65 millones, según fuentes cercanas a las negociaciones- para emitir los Juegos Olímpicos es excesivo. Máxime en un momento en el que la corporación está sometida a una importante incertidumbre financiera, con los presupuestos de 2018 prorrogados y con la consiguiente amenaza de déficit que eso podría generar. Y con una discrepancia con la Agencia Tributaria que podría obligar a pagar varios millones de euros en concepto de IVA, tal y como se reconoce en las cuentas de 2018 de la corporación.

Hay que tener en cuenta que al precio de los derechos audiovisuales de los Juegos Olímpicos hay que sumar el de la cobertura de las actividades deportivas. A Río de Janeiro se desplazaron 129 personas, con un coste que entonces se calculó en aproximadamente 4,5 millones de euros.

A esto se sumó el desplazamiento de 6 directivos. Su traslado costó 11.400 euros, lo que representó un desembolso de entre 1.800 y 2.000 euros por cada billete de avión. A este importe hay que sumar otro de aproximadamente 3.000 euros para cubrir los traslados en taxi o transporte público de los directivos. La partida más elevada fue la del alojamiento, cuyo costo rondó los 48.300 euros, a razón de 300 euros por cada noche de hotel, según reveló entonces Dircomfidencial.

La ventana de Discovery

Hay que tener en cuenta que Discovery cuenta con el canal DMax en la TDT y que, por tanto, tendría la posibilidad de emitir aquí las actividades deportivas. De hecho, algunos años ha retransmitido las finales de algunos grand slam de tenis, lo que implicó que alterara su programación habitual. En 2018, también ofreció los JJ.OO. de Invierno de Pionyang.

La pregunta que plantean los críticos, dentro del organigrama de RTVE, es si es necesario acometer este gasto si Discovery dispone de una ventana en la TDT para satisfacer las exigencias del Comité Olímpico Internacional, que son las de ofrecer 200 horas de deportes en abierto. Lo que satisfaría el interés general.

Desde RTVE, afirman que tienen el deber de emitirlo porque así se recoge en el artículo 40 del Mandato Marco, es decir, de la norma que determina qué contenidos de servicio público tiene que ofrecer la televisión pública.

Ciertamente, el citado artículo, en su apartado 1, expresa que RTVE deberá adquirir, preferentemente, las “competiciones Olímpicas y competiciones de deportes profesionales donde participen las selecciones nacionales españolas correspondientes o equipos españoles”. Ahora bien, el artículo apunta a que esta labor se realizará “siempre que las condiciones económicas sean razonables”.

En un comunicado difundido horas después de que este medio contactara con el equipo de Rosa María Mateo -con motivo de la polémica suscitada por la decisión de no pujar por la Supercopa de España de fútbol por celebrarse en Arabia Saudí-, se afirmaba que RTVE tiene la “capacidad discrecional” de presentarse a las pujas de derechos deportivos que considere oportunas «de acuerdo a sus objetivos de programación, a los recursos de que disponga en cada momento o a cualquier criterio establecido de forma soberana por la Dirección de la Corporación.

La gran pregunta, en este sentido, es si RTVE tiene la capacidad económica necesaria para pagar por los Juegos Olímpicos. Y, en todo caso, si la inversión que realizará el Gobierno en este evento está justificada, toda vez que la empresa propietaria de los derechos tiene la posibilidad de emitir la cita en su canal en la TDT.