Como dijo una relevante periodista ya desaparecida, "criticar la calidad de las televisiones públicas es algo recurrente en los países democráticos". Lo que no debería ser tan recurrente, sino extraño, es que ya se haya asumido como normal en todo el sector mediático que una de las señas de identidad de la actual televisión pública estatal es despreciar a los sectores, políticos y sociales, posicionados editorialmente contra este Gobierno.

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La semana pasada, el señor al que José Pablo López contrató para que realizara la misión imposible de ocupar el hueco que debería haber ocupado Andreu Buenafuente se marcó un editorial. Buenafuente hacía monólogos de humor aderezados con línea editorial, pero lo del conductor sustituto fue una repetición de consignas sin más arquitectura que decir que le preocupaban mucho los ceutíes, pero que no tenía nada que reprochar al Gobierno, porque los que de verdad le asqueaban eran los fachas de la oposición, que había ido a Ceuta para hacerse la foto, pensando sólo en ganar votos, y que la derecha española era muy cobarde e hipócrita por no atreverse a criticar a Trump y a Netanyahu, que, al parecer, a su juicio, eran los culpables de todo.

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Si el improvisado editorialista fuera un comentarista que pretendiera aspirar a la coherencia, debería caer en lo contradictorio que es hacer un monólogo reprochando la cobardía de Feijóo o Abascal por no descalificar a Trump, sin hacer ni la más mínima referencia al silencio que ha mantenido el presidente del Gobierno al no citar al Gobierno de Marruecos, tema que no incluyó en sus 15 minutos de speech, como tampoco mencionó todo el ridículo de Grande-Marlaska, Piqueras, Robles y los informes.

Ver que quien reprocha a los políticos de la derecha que no se atrevan a meterse con sus supuestos jefes ideológicos (PP-Vox ante Trump-Netanyahu) es, precisamente, quien está cometiendo la hazaña de marcarse un editorial sobre Ceuta sin hacer la menor crítica de su superior político, de aquellos a los que debe su puesto y su sueldo, evidencia que la coherencia no está entre sus prioridades, pero sí la sumisión al poder y la conciencia de saber quién le ha puesto ahí y por qué.

No tuvo tiempo en su editorial para criticar a Pedro Sánchez, pero sí en insultar llamando 'buitres' a Ana Rosa Quintana, a Iker Jiménez y a Carmen Porter. Al menos cuando en La Sexta criticaron a los de 'Horizonte' por lo de la DANA evitaron adjetivarles, pero quizá tenga que ver con diferentes capacidades en el uso del vocabulario.

Si es un crimen trasladarse a Ceuta, desde que estalló esta crisis, que se recuerde, han hecho programas desde Ceuta Susanna Griso de 'Espejo Público', Carlos Franganillo de Telecinco, Carlos Herrera, Jorge Bustos, Ángel Expósito y Pilar García de la Granja de la COPE (como dijo Herrera, 'media COPE se ha ido a Ceuta'), Rafa Latorre de Onda Cero, Antonio Naranjo de Telemadrid, Juan Ramón Lucas de Radio Nacional de España y, ciertamente, Iker Jiménez y Ana Rosa Quintana (no así Carmen Porter, que no ha realizado programas físicamente allí, pero a la que el conductor de TVE tenía tal manía que no podía evitar citar).

¿Por qué si tantos profesionales tomaron la decisión de hacer su programa desde la ciudad que era noticia, el conductor de TVE sustituto de Buenafuente se ha limitado a otorgar la categoría de 'buitres' a Ana Rosa Quintana e Iker Jiménez? ¿No hacían más o menos todos lo mismo: recoger testimonios in situ para trasladar al conjunto de España el sentimiento de asfixia de los ciudadanos de Ceuta? Cuando Juan Ramón Lucas entrevistaba a afectados ante los micrófonos de RNE su testimonio era 'periodismo' porque era para RTVE, pero si quien sujeta la alcachofa es Quintana, entonces era amarillismo carroñero, como venía a decir el lector del editorial de TVE.

Parece que el problema no era el qué, sino el quién, y que el autor de la exposición gubernamental sabe qué figuras mediáticas son más detestadas por la tribu a la que sirve, y de ahí citarlas expresamente a ellas. Y porque por desgracia para él Pablo Motos no ha ido a Ceuta, dado que su nicho hubiera agradecido una colleja también para el pelirrojo.

Lo más grave es que apenas ha habido reacciones en el sector. David Alandete se ha quejado de que la crónica de El País casi pareciera apoyar el monólogo, pero a nadie le ha sorprendido, alertado ni indignado que desde la televisión pública se llame 'buitres' a presentadores de cadenas privadas. Antes esas cosas hubieran provocado una llamada de disculpas de José Pablo López a los insultados, una nota en X para desvincularse de ellas, y un toque de atención al sustituto de Buenafuente para que no se vuelva a repetir. Y resulta que las televisiones públicas han pasado de ser las 'cadenas prudentes' frente a las insolentes 'privadas', a ser las que de un tiempo a esta parte llegan más lejos en sus excesos (¿o alguien se imagina al Gran Wyoming, Ferreras o Nacho Abad mirando a cámara y llamando 'carroñeros' a presentadores de otras cadenas?

Que a casi nadie le haya extrañado ya el episodio porque lo tienen asumido demuestra que nos hemos convencido de que es normal que pasen estas cosas en TVE, o en sus equivalentes locales TV3 o Telemadrid. Y no lo es.

Lo peor de las barrabasadas de la actual TVE es que servirán de excusa para que el futuro equipo directivo que, en algún momento suceda a JP, pueda justificar las suyas.