Desde que estaba en la Universidad, Óscar Brenes sabía que quería trabajar con personas mayores. Por ello al finalizar el grado se decidió por un máster de gerontología. «Lo mío es vocacional, no es por hacerme rico ni montar un imperio, desde siempre he tenido una gran afinidad con las personas mayores», afirma Brenes, que actualmente trabaja como coordinador de servicios de ayuda a domicilio en Clece, filial de ACS.

Brenes es minoría. Como ocurre, en general, en el sector de ayuda a domicilio, los hombres representan menos del 5%, tanto los que trabajan como auxiliares como en otros puestos superiores como la coordinación.

Este joven va abriéndose puertas en un sector feminizado a base de vocación y trabajo. «La primera toma de contacto siempre es de ‘a ver qué encuentro’. La sociedad tiene muchos prejuicios. A mí me han colgado el teléfono porque pensaban que era un vendedor, o cerrado la puerta porque lo que esperaban era una mujer», explica Brenes, que ya suma seis años en Clece.

Esos prejuicios con los que se enfrenta cada día este coordinador son similares a los que afronta Rafael Vital, auxiliar de ayuda a domicilio, antes de acudir a algunos trabajos. «La empresa ya me lo advierte, que hay familias que muestran sus reticencias, pero yo acudo para demostrar cómo trabajo, para dar el do de pecho y dejarme bien a mí y al resto de compañeros», explica.

Vital lleva, a sus 52 años, uno trabajando en este sector. Antes desempeñó posiciones de auxiliar administrativo aunque, asegura, «los papeles» no eran lo suyo. «Cuando un familiar enfermó y le cuidamos entre toda la familia, me di cuenta de que este trabajo me satisfacía. Yo estaba en paro y me decidí a formarme para poder hacer este trabajo. Acceder a esta formación fue complicado porque en el proceso de admisión al curso siempre tenían preferencia las mujeres», relata.

La sociedad tiene muchos prejuicios y en los hogares persiste el rechazo

Tanto Vital como Brenes son pioneros en un sector donde, a pesar de estar en auge y tener cada vez mayor oferta, sigue habiendo muy pocos hombres. «Desde que entré hace seis años he visto un poco más de presencia masculina, pero el avance es muy lento. La sociedad tiene muchos prejuicios y en los hogares persiste el rechazo. Hay un gran camino por recorrer», lamenta Brenes.

¿Le surgen dudas cuando va a un hospital?

Brenes lidia con las familias cada día para hacerles entender que el trabajo de un auxiliar lo puede desempeñar tan bien un hombre como una mujer. Utiliza, relata, el símil de un hospital: «Cuando se quejan de que vaya a mandar a su casa a un hombre, siempre les pregunto si en el hospital, cuando les va a atender un médico, un enfermero o un auxiliar, ponen alguna pega. Aquí trabaja gente formada, que sabe desempeñar su trabajo independientemente de que sea hombre o una mujer».

Así, el coordinador asegura que cuando las familias empiezan a trabajar con hombres auxiliares, «al final se rompen los prejuicios y te lo dicen, que no pensaban que un hombre pudiera realizar el trabajo así de bien».

Estos dos hombres comparten la pasión por lo que hacen y las ganas de romper barreras. «Animo a todos los hombres que les pueda interesar. Este es un sector con futuro, España envejece a marchas forzadas y cada vez se necesita más gente. Es una oportunidad», concluye Vital.