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Las claves del juicio de Ana Julia Quezada, declarada culpable por el asesinato de Gabriel

El 9 de septiembre llegó a la Audiencia de Almería, escoltada por agentes de la Policía Naciona, Ana Julia Quezada, la autora confesa de la muerte del niño de 8 Gabriel Cruz en febrero del año pasado. Comenzaba un juicio rodeado de una enorme expectación mediática, que se prolongaría durante varios días y cuyo veredicto, el de un jurado popular, se conocía este jueves: Ana Julia Quezada asesinó con alevosía al menor. A la espera de conocerse la condena, la acusada se enfrenta a la prisión permanente revisable, lo que la convertiría en la primera mujer a la que se le aplica la pena máxima.

La Fiscalía pide la pena de prisión permanente revisable por un delito de asesinato, así como penas de tres años de cárcel por lesiones psíquicas al padre y otros dos y nueve meses por los ocasionados a la madre. Solicita también el pago de los 202.203 euros de los gastos generados en la búsqueda de Gabriel y además, en concepto de reparación del daño moral reclama 770.000 euros para los padres y 160.000 para la abuela materna. Por último, la Fiscalía solicita que Quezada, compañera sentimental del padre de Gabriel cuando el niño, de ocho años, fue asesinado, en febrero del año pasado, no pueda comunicarse o aproximarse a menos de un kilómetro de los padres durante 30 años.

9 de septiembre, primera sesión del juicio

La Audiencia de Almería acogió el lunes 9 de septiembre la primera de las ocho sesiones que se han celebrado entre el 9 y el 18 de septiembre en la Sección Segunda de la Audiencia de Almería, donde un jurado popular ha tenido que decidir sobre el caso, cuyo veredicto será plasmado en la sentencia que redacte la magistrada Alejandra Dodero.

El letrado de los padres de Gabriel, Francisco Torres, reclamó ese día, coincidiendo con la petición de la Fiscalía, prisión permanente revisable por asesinato, además tres años de cárcel por un delito de lesiones psíquicas a Patricia Ramírez, cinco años más por un delito de lesiones psíquicas a Ángel Cruz, y sendas penas de dos años de prisión por dos delitos contra la integridad moral. El abogado de Quezada, Esteban Hernández Thiel, manifestó en ese momento de que se trata de un homicidio imprudente y, en el peor de los casos, un homicidio doloso.

La fiscal Elena María Fernández, que acusa por un delito de asesinato y dos de lesiones psíquicas a Ana Julia Quezada, autora confesa de la muerte del niño Gabriel Cruz, aseguró ese lunes que el pequeño «no tuvo opción de salir con vida» de la finca de Rodalquilar (Níjar, Almería), en la que murió. «Con claro ánimo de ocasionarle la muerte, de modo deliberado, consciente, a sangre fría y con absoluto desprecio a la vida», Ana Julia le dio «muerte de una forma tan repentina, inmediata e impredecible que anuló toda capacidad de reacción de este niño», manifestó la fiscal durante su intervención ante el jurado popular.

Además, añadió que Gabriel no podía esperar «de ninguna manera un ataque que procede de una persona que es pareja de su padre», que había generado «confianza» en él por pertenecer a su entorno familiar. La fiscal defendió que «más allá de este ataque» que pilló «desprevenido» al menor, Ana Julia aprovechó la absoluta «situación de desamparo y desvalimiento» propia de un niño de «8 años que pesaba 34 kilos», por el «desequilibrio de fuerzas» entre ambos que le dio una «mayor facilidad para cometer el delito y asegurar el resultado de muerte».

El letrado Francisco Torres, abogado que ejerce la acusación particular en la causa contra Ana Julia Quezada, autora confesa de la muerte de Gabriel Cruz, reiteró en esa primera sesión que el pequeño estuvo «cerca de una hora con posibilidad de salvarse de haber habido una simple llamada». Durante su intervención en el inicio de la vista con jurado popular, recalcó que la muerte del niño no fue un accidente, como mantenía en ese momento la defensa de Quezada.

El letrado argumentó que, en caso de haber sido un accidente, la mujer pudo haber llamado al 061, a la Guardia Civil o a cualquier servicio de emergencias para socorrerlo, pero no lo hizo. «No cabe tanta maldad, hacer tanto daño a un niño», indicó Torres, quien apuntó que el móvil de Quezada fue doble, «económico» y porque «Gabriel le estorbaba». «Jamás he visto escenas de tanta maldad». Además, sostuvo que aprovechó que el padre del menor, Ángel Cruz, trabajaba el 27 de septiembre del año pasado para llevarse al pequeño a una finca de Rodalquilar (Níjar, Almería), con cualquier «pretexto», un lugar «donde nadie te va a escuchar, apartada del mundo».

«En esa finca mata al niño», ha dicho Torres, quien rechazó que Gabriel muriese por asfixia directamente, sino que primero sufrió diversas lesiones y que cuando Quezada iba a enterrarlo se dio cuenta de que respiraba y lo asfixió. En su opinión, «se le fue de las manos» porque no esperaba que hubiese tanta afluencia de personas en un pueblo con unos cincuenta habitantes.

Por su parte, el abogado defensor, Esteban Hernández Thiel afirmó en esa primera sesión que si el pequeño falleció porque «todo estaba planeado» como sostienen acusación particular y Fiscalía, «parece una chapuza enorme». «Matarle en la vivienda de su padre; quedarse allí con el revuelo mediático que se forma; seguir con ellos -con los familiares-… Un móvil que tiene poco sentido», ha mantenido ante los miembros del jurado, insistiendo en que su intención no era provocar unas lesiones al niño, ni añadir un sufrimiento añadido a los padres sino que «no se descubriese lo que había hecho» posteriormente.

10 de septiembre, segunda sesión del juicio

En el marco de la celebración de la segunda sesión del juicio, Ana Julia Quezada, la autora confesa de la muerte de Gabriel Cruz declaró que mató al niño, aunque ratificó su relato previo en el que afirmaba que fue accidental. En el interrogatorio, la acusada por delitos de asesinato y lesiones psíquicas a los padres del pequeño, que manifestó que solo respondería a las preguntas del ministerio fiscal y de su letrado, ha negado una y otra vez que planease matar a Gabriel.

Según su testimonio, nunca tuvo «ningún problema» con Patricia Ramírez, la madre del menor, con quien aseguró que tenía una buena relación, al igual que con el niño, de 8 años. La investigada declaró que acudió a la casa de Las Hortichuelas Bajas, en Níjar (Almería), unos días antes del puente del 28F, y que el 27 de febrero encontró a Gabriel a la salida de la casa de su abuela.»Le dije, qué haces ahí. Me dijo que estaba haciendo tiempo para que comiesen los primos. Le pregunté si quería venirse conmigo a Rodalquilar (Níjar, Almería); aunque no pintemos, ventilamos la casa y te traigo en diez o doce minutos con tus amigos. Se vino conmigo», comentó. Indicó que una vez allí llamó al pequeño y que lo vio dirigirse a ella con un hacha en la mano y que le dijo que era «fea», que no quería que estuviera con su padre y que se fuese a su país.

«Le dije, te vas a hacer daño, deja el hacha. Me dijo: Tú a mí no me mandas, que no eres mi madre, que tienes la nariz fea, que no quiero que estés con mi padre, que quiero que te vayas a tu país», manifestó Quezada en su declaración. «Simplemente le tapé la boca, no quería hacerle daño al niño, quería que se callara», le puso la «mano derecha en la boca y en la nariz, no recuerdo en la nuca o dónde», afirmando que estaba «muy nerviosa», y que cuando lo dejó en el suelo, «el niño ya no respiraba».

Ana Julia Quezada.
Ana Julia Quezada.

Ha reiterado, entre llantos, como durante casi toda su declaración, que se dio cuenta de que no respiraba cuando lo soltó porque le puso la mano en el pecho y que entonces se quedó «bloqueada». «Me quedé un rato y luego me fui a fumar como una loca, salía, entraba, salía, entraba y no sabía lo que hacía». Entonces vio una «pala y decidió hacer un agujero».

Ha relatado la forma en la que enterró el cuerpo y que se llevó la ropa, de forma que el 3 de marzo colocó una camiseta en un paraje porque, según ha argumentado: «quería que me cogieran, porque no era capaz de decirlo con mis propias palabras, yo quería que me atraparan». Aunque previamente había manifestado que lo hizo para dar «esperanzas al padre del niño, Ángel Cruz».

Respondió a la fiscal Elena Fernández que quería que la «encontraran porque no podía aguantar más ese secreto». Posteriormente, la acusada explicó que el día que extrajo al menor del hoyo en el que lo enterró, tenía pensado suicidarse en la casa en la que convivía con su pareja en Vícar. «No decidí ir a la finca para deshacerme del cuerpo de Gabriel. Perdóname Judith (su hija), perdón a todo el mundo. La finalidad que tenía era ir con mi perrita y dejar a Gabriel en el garaje y subirme a casa, escribir dos cartas, una para Ángel y otra para mi hija, explicándoles lo que había pasado y pidiéndoles perdón».

Quezada, que pidió perdón a la familia, a Dios y a su propia hija, indicó lo siguiente: «Nunca he tenido intención de hacerle daño a Gabriel», y que si no llamó a nadie cuando murió Gabriel para intentar asistirlo fue porque «se quedó paralizada». «Toqué al niño, vi que no respiraba y no sabía qué hacer». Asimismo, ha sostenido que tras matarlo sintió «mucho miedo» y se quedó bloqueada. «Miedo sobre todo por hacerle daño a la familia de Gabriel, a mi hija». «Cuánta más gente venía, peor. No sabía qué hacer», concluyó.

En esa segunda sesión declaró la expareja de Ana Julia Quezada, a quien según la Guardia Civil, la acusada intentó incriminar al dejar la camiseta del niño cerca de donde reside. Él describió a Ana Julia como una persona «fría» y «mentirosa». «Al principio te da una imagen y luego cuando quiere es de otra manera, cambia radical. En ese momento te das cuenta de que miente. Es fría. No se puede pasar de ser simpática y decir que te quiere para de la noche a la mañana desaparecer todo eso», destacó.

Perdóname Judith (su hija), perdón a todo el mundo.

El psicólogo clínico de la madre del niño Gabriel Cruz indicó ante un jurado popular que el pequeño venía «sufriendo experiencias de miedo, temor, del hecho de dormir sólo en la casa de Vícar (Almería) cuando estaba su padre con Ana Julia Quezada», la autora confesa de la muerte del menor. Así ha indicado a preguntas del letrado Francisco Torres, añadiendo que este presentaba sentimientos de «abandono y desafección» y que incluso se le propuso al padre «aumentar la calidad y cantidad» de las visitas a solas con Gabriel, que había comenzado a presentar «ciertos síntomas de angustia, de rechazo a acudir a las visitas acordadas». Destacó que esto se producía porque Gabriel empezó a notar una menor atención desde que Ana Julia apareció en la vida del progenitor, y que estos síntomas entraron «más en juego en los últimos compases del año, en diciembre de 2017, enero de 2018, cuando se inicia la convivencia entre Ángel y la acusada».

Judith, la hija de Ana Julia Quezada, acusada de matar a Gabriel Cruz, afirmó en esa segunda sesión haberse sentido «utilizada» por su madre tras conocer todo lo ocurrido en relación a la desaparición y fallecimiento del niño de 8 años. La hija de la acusada indicó que su madre le pidió que hablase con el psicólogo clínico de la madre de Gabriel para decir que Sergio, una expareja de Quezada, era un «hijo de puta». Precisamente, Quezada había colocado una camiseta del menor a escasa distancia de donde reside su expareja, según la Guardia Civil para intentar inculparlo, simulando el hallazgo de la prenda el 3 de marzo del año pasado.

11 de septiembre, tercera sesión del juicio

La aparición de la camiseta de Gabriel Cruz fue un punto de inflexión para centrar la investigación sobre Ana Julia Quezada, la autora confesa de la muerte del niño de 8 años, según precisó el miércoles 11 de septiembre ante el jurado popular el capitán José María Zalvide, jefe de la Policía Judicial de la Comandancia de Almería. Zalvide señaló que el caso del niño Gabriel fue declarado de «alto riesgo» desde el primer momento porque, tras analizar el entorno en el que desapareció, se determinó que no había motivo para que el niño se moviese o perdiese en el monte porque no tenía «nadie con quién salir a jugar».

«El 3 de marzo, extrañamente, aparece en una zona que previamente ya se había batido la camiseta, la encuentra la posteriormente detenida y que es del niño. Había contradicciones porque ella dice que vistió al niño y la abuela dice que no, que no reconoce la prenda», aseguró. Esto hizo «priorizar la investigación» sobre Quezada, aunque no se cerraron otras líneas. El móvil económico seguía sobre la mesa porque descubrieron que Quezada habría propuesto subir una recompensa económica ofrecida anteriormente y que cuando los padres no adoptaron esta medida en una rueda de prensa, se sintió «contrariada», según le trasladó la progenitora de Gabriel.

Francisco Cruz, tío de Gabriel Cruz, afirmó en esa tercera sesión que Ana Julia Quezada, la autora confesa de la muerte del niño, se puso «muy nerviosa» cuando días después de la desaparición del menor vio aparecer a un grupo de personas que la sorprendieron en la finca en la que mató al pequeño, de 8 años. Indicó que cuando llegaron su madre, dos primas y él a la finca, insistió en que «quería marcharse» y le hizo llevarla en coche hasta la casa de Las Hortichuelas Bajas, en Níjar (Almería), de la abuela de Gabriel.

Ana Julia Quezada.
Ana Julia Quezada. EFE

El familiar aseguró que las llaves de la finca de Rodalquilar, en Níjar, solo las tenían él y su hermano Ángel, padre del menor, que la puerta de acceso solía estar cerrada y que se sorprendió al encontrarse a la acusada fumando junto a la piscina. Francisco Cruz reveló que de hecho pasaron parte de la noche del 28 de febrero, después de la muerte del niño, que se produjo en la tarde del día anterior, en la finca de Rodalquilar, y que allí le llamó la atención que hubiese una pala, un rastrillo y una pala plana «muy bien ordenadas, puestas en línea».

Mantuvo que dichas herramientas no eran suyas o de su hermano, que reconocía una pala perteneciente a otro cortijo que se vendió años antes, pero que las herramientas de esta finca habían permanecido siempre en la casa de su madre en Las Hortichuelas Bajas. «Ángel normalmente nunca tiene herramientas allí», subrayó. Ha dicho que no recuerda haber visto tablas arrancadas o dispuestas sobre el hoyo en el que se enterró a Gabriel, pero sí que interpelaron a Quezada por haber llevado a su hija menor de edad a la finca sin aparente motivo.

Ana Julia se convirtió en sospechosa con el hallazgo de la camiseta

Un policía local de Níjar (Almería) sostuvo en la tercera sesión que el hallazgo por parte de Ana Julia Quezada, la autora confesa de la muerte del niño Gabriel Cruz, de la camiseta del menor le sorprendió y le puso los «pelos de punta» porque cuando supo los detalles le pareció estar ante «un plan». Ha explicado que esa mañana estuvo en la zona donde Quezada colocó la camiseta con un grupo de compañeros, «no aficionados, son profesionales», y que conocía perfectamente ese lugar porque reside cerca. «Por la tarde, cuando aparece la camiseta, me sorprendió porque yo había pasado ya por la zona».

Al tener conocimiento de esto, se dirigió hasta el lugar del hallazgo en un coche oficial y se encontró con Ángel Cruz, padre del niño con el que tiene amistad desde hace años, y le preguntó por lo ocurrido. «Me explica dónde apareció la camiseta, me sorprendo y le solicito más información, le voy preguntando cosas porque no me cuadra. Me explica que ha ido allí a petición de Ana. Le sigo preguntando, que por qué esa zona y me comenta que ella sacaba allí a los perros anteriormente con su expareja, que tenía incertidumbre y quería ir a inspeccionarla», dijo.

Otro elemento que le extrañó fue que la camiseta estuviese seca y sin manchas, ha añadido. «Se me ponían los pelos de punta porque me estaba contando un plan, ella fue la que…», ha manifestado el agente sobre los detalles que le dio Ángel Cruz, antes de ser interrumpido por una nueva pregunta de la fiscal. En su declaración ante el jurado popular el guardia civil apuntó que una vez descartado el 1 de marzo de 2018 la participación del acosador de Patricia Ramírez, madre del niño, comenzaron a aparecer elementos sospechosos en los dos días siguientes que apuntaban directamente a Quezada.

Indicó que la madre del menor señaló que el 2 de marzo Quezada puso «muy mala cara» al saber que no se iba a subir la recompensa de 10.000 a 30.000 euros por recomendación de la Guardia Civil, lo que les hizo pensar en un posible móvil económico y que ese día 2 ya empezaron a ver que querría implicar a la expareja de Burgos. «Siempre asumía ella el protagonismo de las llamadas porque decía que Ángel no estaba en condiciones. Con esa argucia cogía ella siempre el teléfono, para hablar prácticamente en representación de Ángel» y «todo lo que le decíamos a Ángel ella lo acababa sabiendo, se iba anticipando a los planes que teníamos», apostilló.

Ana Julia Quezada, custodiada por la Policía Nacional, a su salida de la Audiencia Provincial de Almería.
Ana Julia Quezada, custodiada por la Policía Nacional, a su salida de la Audiencia Provincial de Almería. EFE

Asimismo, ha precisado que ponía «la tirita antes de la herida», como cuando al informar de que iban a inspeccionar los vehículos de la familia, ella advirtió que iban a «encontrar el ADN del niño seguro, porque se ha subido al coche». Esto provocó, ha mantenido, que comenzase a desviar la atención sobre su expareja, como cuando el 2 de marzo condujo a Ángel y una amiga a la casa de éste, llamando a la autoridad policial para decirle que su excompañero tenía una furgoneta blanca, ya que los primeros testimonios apuntaban a la presencia de un vehículo así cuando desapareció Gabriel.

El Policía local indicó que no entraron en la finca en la que murió el niño porque estaba «permanentemente habitada por familiares» y porque buscaban a un niño vivo. También explicó que la acusada cambiaba de teléfonos constantemente, visitaba la finca «si no todos los días, prácticamente el 98 % de los días», que el hoyo donde lo enterró era un «espacio temporal para deshacerse del cuerpo» y que iba allí a verificar que ninguna «alimaña lo había desenterrado», aunque decía a la familia que iba allí porque le daba «paz y tranquilidad».

Indicó que al ser detenida sólo llevaba 10 o12 comprimidos y, tras relatar cómo extrajo el cuerpo de la finca, ha declarado que era seguida telemáticamente y que era imposible perderla ya que la seguían cinco o seis vehículos en un itinerario «errático» en el que incluso llegaron a pensar que iba a tirar el cuerpo al mar y ha añadido que al pedirle que abriese el maletero dijo que no había nada, «sólo un perro».

El guardia civil responsable de la instrucción de la causa del niño Gabriel Cruz sostuvo ese miércoles que Ana Julia Quezada, autora confesa de su muerte, se alentaba mientras introducía el cuerpo del pequeño en su coche diciéndose a sí misma: «Tranquila, Ana, no vas a ir a la cárcel». En su declaración ante el jurado popular el guardia civil apuntó que en las grabaciones realizadas gracias a los micrófonos instalados en el coche de la investigada se escucha «cómo mete el cuerpo en el coche, sacude las manos y dice: A dónde lo llevo ahora, a qué invernadero lo llevo».

«La sensación que tengo es que el niño estaba enterrado en una fosa muy pequeña para tenerlo allí en un espacio limitado de tiempo. Se puede aguantar dos, tres, cuatro días», declaró el guardia civil. En su opinión, Ana Julia no esperaba «el mayor despliegue de búsqueda de una persona por parte de cualquier organismo del Estado» y una repercusión mediática como la que tuvo el caso, por lo que esta labor policial y el «impacto mediático y social evidentemente retrasó la idea» que -dice- tenía de llevar el cadáver a «un sitio seguro para ella».

Ana Julia Quezada, autora confesa del asesinato de Gabriel Cruz
Ana Julia Quezada, autora confesa del asesinato de Gabriel Cruz Europa Press

«Por eso alentaba la idea de que estaba vivo, que iba a aparecer», añadió. Desde ese momento, puso el foco de atención sobre su expareja, que era «una referencia constante, asegurando que tenía una furgoneta blanca, que odiaba a los niños y que podría estar vinculado». «Eso desgasta, no se podía obviar», ha apostillado. El agente precisó que no fue detenida nada más desenterrar el cuerpo porque querían saber si había terceras personas implicadas.

También se refirió a las investigaciones realizadas en Burgos para señalar que las familias de sus exparejas la consideraban una «persona fría, calculadora, muy materialista» que pensaban que se había casado con diferentes hombres «por dinero». Por último, precisó que en el registro de la vivienda de Quezada, además de ansiolíticos, fue localizada una cantidad no determinada de cocaína.

Patricia Ramírez, madre de Gabriel Cruz, sospechó de Ana Julia Quezada, autora confesa de la muerte del niño, tras el supuesto hallazgo de la camiseta del menor, según ha apuntado el jefe del Grupo de Homicidios y Desaparecidos de la Guardia Civil de Almería. El guardia civil, que fue además el enlace de la familia con este cuerpo durante la búsqueda, ha señalado que a Ramírez «no le cuadraba lo de la camiseta, dijo que ella (Quezada) no vestía al niño, y que eso de que olía a Gabriel no lo podía saber, que le generaba sospechas, que veía que no podía ser así».

Ha mantenido además que Quezada no mostró «ningún tiempo de arrepentimiento y, desde luego, tuvo ocasiones», y que no colaboró o confesó nada, sino «justo lo contrario, señalar a su expareja derivó, aunque no la creyéramos, en que tuviéramos que investigarlo». El agente ha añadido que nunca reconoció ante él que hubiese matado al niño en el mismo lugar en el que lo enterró, y ha insistido, también en calidad de secretario que auxiliaba al instructor de las diligencias, que desde el primer momento intentó inculpar a su exmarido.

Ha concretado que ya el mismo 28 de febrero de 2018, día siguiente a la muerte de Gabriel, ya «salió la figura» de este varón y que la acusada «dice que tiene una expareja, que terminó mal con ella porque no había aceptado la ruptura de la relación». Ha insistido en que el día dos intentó exculparse en caso de que el Servicio Cinológico hubiese encontrado alguna señal de Gariel en su coche, aunque la prueba dio resultado negativo, y que ese mismo día ya le dijo por teléfono que se había encontrado con su expareja y «tenía una furgoneta blanca aunque ella no lo sabía».

«Eso lo conocía porque Ángel estaba obsesionado con la furgoneta, sólo hablaba y preguntaba qué se había hecho respecto a eso, le consumía», ha apuntado. El guardia civil también ha incidido en la desaparición del teléfono móvil de Quezada dos días seguidos o que fuese ella la que propusiera justamente ir a buscar al niño en un lugar muy próximo a la vivienda de su expareja, donde se produjo el supuesto hallazgo de la camiseta del niño.

12 de septiembre, cuarta sesión del juicio

«Ángel (Cruz), te quiero mucho, yo quiero a Gabriel, mi perro está dentro (del coche)», afirmó Ana Julia Quezada en el momento de ser detenida y esposada el 11 de marzo del año pasado, según la Guardia Civil. Así lo manifestaron en la sesión del 12 de septiembre dos guardias civiles de la Unidad Central Operativa (UCO) que realizaron un dispositivo de vigilancia, control, reportaje fotográfico y detención de la acusada.

Dicho día, indicaron, la acusada de matar al niño Gabriel dejó a Ángel Cruz, padre del menor, en Las Negras, en Níjar (Almería), y después se fue en su vehículo a la finca de éste en Rodalquilar, también en Níjar, en donde estaba enterrado el niño. Al llegar allí intentó abrir la finca varias veces sin conseguirlo, realizó una llamada y, tras permanecer unos minutos jugando con su perro, accedió a la zona de la alberca en la que había enterrado al niño, estuvo unos instantes agachada y levantó el cuerpo, trasladándolo «acunado en brazos» hasta el coche.

Lo introdujo en el maletero y realizó entonces un recorrido «totalmente ilógico, sin aparente sentido» hasta la casa de Ángel Cruz en Vícar, donde fue interceptada antes de que entrase en el garaje de la vivienda. Los agentes confirmaron que el cuerpo del niño de 8 años estaba en el maletero envuelto en una toalla y que tenía arena, igual que la que Quezada tenía en sus manos y su sudadera.

Ana Julia Quezada, la única acusada por la muerte de Gabriel Cruz, «parece una persona a la que le gustaba el dinero» y, además del asesinato del niño, «no sabemos si buscaba cobrar un dinero. Es macabro pero parece que por ahí iba la cosa», declaró ese jueves el comandante Montero de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. «Fue una investigación muy dura porque buscábamos a un niño vivo, no se planteó como un homicidio. Si hubiese sido así, no se habrían empleado tantísimos recursos como en esta investigación», añadió el comandante, que en aquel momento estaba a cargo de la Sección de Homicidios, Secuestros y Extorsiones de la UCO.

Destacó que «pocas investigaciones» como la búsqueda de Gabriel Cruz han tenido tantos recursos, el comandante señaló durante la cuarta sesión del juicio que fueron días «muy intensos» y con turnos de «casi 24 horas». La UCO habitualmente actúa de apoyo en los casos con una «especial dificultad», y se trasladaron al lugar de los hechos porque era «patente» que Gabriel no podía haber desaparecido, sino que podía ser un secuestro.

«Con gran celeridad» se llevaron a cabo «análisis muy complejos» de las comunicaciones telefónicas para identificar a las personas que pasaron por la zona y se descartó al acosador de la madre (Patricia Ramírez) casi de inmediato. Sobre el móvil económico, apuntó que era una posibilidad porque «no había nada que nos dijera que Gabriel estaba muerto» pero que «cada día que pasaba, nos caía una losa de realidad» encima y «nunca llegó una solicitud de dinero».

Una vez focalizada la investigación sobre Quezada, observaron que «era ella la que estaba animando a la familia a ofrecer más dinero (de recompensa)». «Era bastante raro. Al verificar su vida en Burgos, etcétera, parece una persona a la que le gustaba el dinero. No sabemos si además del hecho, buscaba cobrar un dinero. Es macabro pero parece que por ahí iba la cosa», añadió.

También relató la versión de lo ocurrido que narró Quezada durante la reconstrucción de los hechos, la misma que ha mantenido durante el juicio. El comandante subrayó que la finca en la que mató a Gabriel está «muy aislada» por lo que no es posible observar lo que pasa dentro «salvo que utilices algún tipo de cámara o similar».

Por su parte, un capitán de la Sección de Homicidios, Secuestros y Extorsiones de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil negó en la cuarta sesión que Quezada colaborase, apuntando que intentó inculpar durante la investigación a otras personas como su expareja, pero que al ser detenida sí reconoció los hechos «desde el primer momento», pero asegurando que fue un accidente.

Ana Julia Quezada, trasladada a la sala en la que se celebra el juicio.
Ana Julia Quezada, trasladada a la sala en la que se celebra el juicio. EFE

«Nos dice que le había tapado la boca y eso había provocado que falleciera. La misma respuesta que ha ido manteniendo en el tiempo, aunque a nivel policial, como investigadores, no nos cuadraba mucho con la secuencia que cuadraba con el homicidio (…) Omitía cualquier episodio que pudiera ir contra ella en plan negativo», añadió.

Sobre la finca, incidió en que se encuentra «relativamente alejada de otras construcciones» y que recuerda que un hacha utilizada por Quezada estaba en «un lugar no visible, desde nuestro punto de vista escondida del lugar de los hechos, en la parte trasera, tras la valla, pensamos que podía haber sido arrojada a la vivienda anexa».

Identificó también la pala y el rastrillo que supuestamente utilizó la acusada para enterrar a Gabriel, y sostuvo que Quezada nunca dio explicaciones «muy lógicas» sobre lo que había hecho en la finca el día que desapareció Gabriel, aunque lograron ubicar sus movimientos ese día por los repetidores de telefonía.

Ana Julia tiró la ropa de Gabriel a un contenedor antes de ser detenida

Ana Julia Quezada, autora confesa de la muerte de Gabriel Cruz, arrojó la ropa que le había quitado al pequeño tras matarlo en un contenedor de la barriada almeriense de Retamar seis días antes de ser detenida en Vícar (Almería), según dos agentes de la Policía Judicial de la Comandancia de Almería, que señalaron en el juicio que ya en la primera declaración de la acusada, realizada el 27 de marzo del año pasado, día de la desaparición del niño, hubo una serie de «circunstancias» que «llamaron la atención» sobre ella.

Especificaron que la mañana del 5 de marzo, se les comunicó que la investigada había abandonado la casa de la abuela de Gabriel en el coche del padre del menor con la excusa de ir a tomarse un café en Campohermoso, en Níjar (Almería). «Atravesó a velocidad alta Campohermoso, cogió la autovía y fue a Retamar, callejeando sin sentido, no conocía el lugar, constatamos que se perdió. No pudimos constatar qué había ido a hacer allí pero no tenía sentido, había mentido a la familia, ido a Retamar y vuelto a gran velocidad, y luego se paró en Campohermoso a tomar el café», relató.

Tras su detención supieron el motivo de «este viaje relámpago», y con la empresa concesionaria del servicio de recogida inspeccionaron durante dos horas «uno a uno» los contenedores de vidrio que aparecían en el recorrido realizado días antes por Quezada, hasta dar con la ropa de Gabriel: un pantalón de chándal, una chaqueta roja, una camiseta blanca y unas zapatillas.

Según la Guardia Civil Ana Julia Quezada, frotó la camiseta del pequeño que simuló haber encontrado en una batida contra el suelo para «provocar» una mancha de barro, para aparentar que había estado bajo la lluvia, debido al mal clima que hubo en la zona durante las jornadas de búsqueda. «Cuando llego, la camiseta estaba como extendida, bastante visible desde un punto elevado. Creemos que la camiseta se apelmazó y se frotó con el suelo para provocar esa mancha», dijo uno de los agentes que realizó la inspección ocular en el lugar en el que apareció, en el barranco de las Águilas.

Ana Julia Quezada llega al juzgado.
Ana Julia Quezada llega al juzgado. EFE

Indicó que a su llegada se encontró al padre del menor junto a dos personas, pero no con Quezada a pesar de que le habían comunicado que debía estar allí. El progenitor le dijo que habían tocado la camiseta para ver si era de Gabriel pero que la habían dejado en la misma posición y que la levantó para ver si tenía sangre, porque en la cara visible solo había una mancha de barro.

La acusación ha preguntado si podría haber llevado la acusada la camiseta arrugada y luego haberla pasado por el barro y extenderla para dar la sensación de que había estado arrugada, a lo que otro agente que participó en esta inspección ha respondido: «Creemos que la mancha era compatible con un roce deliberado».

Por otro lado, otro agente ha explicado que cuando fue detenida, el vehículo de Quezada tuvo que ser trasladado a la Comandancia de Almería para realizar una inspección ocular y levantar el cadáver porque la vía pública en la que fue interceptado no ofrecía «garantías de protección, seguridad y privacidad» al haberse llenado la calle de gente.

Otros dos agentes, que realizaron un reportaje fotográfico del camino que salía de la casa de la abuela de Gabriel en Las Hortichuelas Bajas, en Níjar (Almería), de la que salió Gabriel antes de su desaparición, indicaron que este debía tomar el camino opuesto al que se dirigía a la finca en la que murió para dirigirse a la casa de sus primos a jugar. También precisaron que la escasa altura del muro de la casa de la abuela permitía que cualquiera pudiera observar lo que pasaba en el camino porque había una «visibilidad perfecta».

13 de septiembre, quinta sesión del juicio

Ana Julia Quezada, única acusada por el asesinato de Gabriel Cruz, permaneció unas dos horas en la finca de Rodalquilar, en Níjar (Almería) en la que mató al pequeño el 27 de febrero del año pasado, según los datos telefónicos recopilados por la Guardia Civil durante la investigación del caso. Así lo manifestaron dos guardias civiles, entre ellos un capitán que participó en el caso de Diana Quer, que indicaron que se solicitaron todos los datos asociados al número y terminal de la acusada -llamadas entrantes, salientes, SMS y la antena telefónica a la que estuvo conectado el dispositivo.

Señaló que tras realizar una aproximación matemática de las zonas de conexión, se hizo un estudio sobre el terreno con 36 terminales similares a los de la acusada, con muestras reales sobre el terreno para averiguar por dónde pasó «con más fidelidad» el día en el que se cometió el crimen. Por la mañana estuvo en Campohermoso (Níjar) y de allí fue sobre las dos de la tarde a la casa de Las Hortichuelas Bajas, también en Níjar, de la abuela de Gabriel, donde la última conexión a su teléfono tuvo lugar sobre las 15:46:45 horas.

La siguiente conexión ya fue en Rodalquilar, a unos diez minutos de su punto de partida, donde a las 18:55:48 horas recibió una llamada del padre de Gabriel, que era su pareja en ese momento. Han subrayado que durante una hora exacta desde que abandonó Las Hortichuelas Bajas no hubo ninguna comunicación por parte del teléfono, pero que esta pudo ser simplemente una comprobación de la propia red telefónica.

De esta forma, la acusada estuvo una hora y 52 minutos sin «usar el teléfono para nada», ya fuese para llamar, mirar un correo o mandar un mensaje de WhatsApp. El terminal volvió a tener actividad a las 17:39:06 horas, aunque «no se puede saber de qué tipo al no estar intervenido», por lo que pudo ser algún tipo de reacción pasiva por parte de alguna aplicación que recibiese una notificación, por ejemplo.

Ya a las 19:04 horas cambia la cobertura de la antena que hasta ese momento la ubicaba en la finca, de forma que la acusada habría pasado en ese momento por Rodalquilar, donde minutos más tarde fue grabada por una cámara.

Ana Julia Quezada, autora confesa del asesinato del niño Gabriel.
Ana Julia Quezada, autora confesa del asesinato del niño Gabriel.

Otros dos agentes que realizaron la inspección ocular del vehículo han explicado cómo estaba el cuerpo del niño en el maletero y que dentro del coche hallaron un pañuelo de papel usado, unos guantes negros, un cubo de fregona y una mochila con varios juegos de llaves, la parte superior de una llave partida y medicinas. Los agentes que hicieron la inspección ocular de la finca de Rodalquilar han indicaron que hallaron un martillo en la parte contraria a la alberca junto a la que fue enterrado Gabriel, un hacha apoyada en un muro de hormigón, una pequeña mancha de sangre en el marco de aluminio de la puerta que daba de la casa al jardín y un resto biológico en un interruptor.

El letrado de la acusación particular, Francisco Torres, sostuvo ese viernes que las pruebas «determinan cada día más la responsabilidad alevosa, premeditada» de Ana Julia Quezada en el asesinato del niño Gabriel Cruz y buscó «en todo momento» acabar con su vida. En declaraciones a los medios de comunicación al término de la sesión de este viernes de la vista oral con jurado popular contra la acusada, el letrado añadió que buscó «el sitio apropiado» para matarlo y que incluso podría haber llegado a limpiar el escenario del crimen. «Ya lo han oído, incluso llevaba un cubo de fregona en el coche cuando fue detenida-, algo no muy común».

16 de septiembre, sexta sesión del juicio

Nicasio Marín, perito médico que ha realizado un informe sobre la muerte del niño Gabriel aportado por la acusación particular contra Ana Julia Quezada, afirmó que esta usó una «violencia intensa y extensa» contra el pequeño. A su salida tras declarar en el juicio que se sigue por el asesinato del niño Gabriel, el perito médico recordó que esa jornada es a puerta cerrada, según ha decretado la magistrada Alejandra Dodero, pero indicó a los periodistas que aportaron «pruebas y evidencias de una violencia intensa y extensa» por parte de Ana Julia.

El perito explicó que simplificar la causa de muerte a una simple asfixia supondría banalizar lo ocurrido, una banalización que «no es razonable y no es lógica». Marín se refirió así al informe forense que determina que Gabriel murió al sufrir una «anoxia anóxica» tras una «asfixia mecánica por sofocación manual», en concreto una «oclusión extrínseca de los orificios respiratorios, fosas nasales y boca», sin contemplar, como mantiene la acusación, que Ana Julia pudiera haber golpeado y dejar «agonizando» al niño durante una hora.

Para este perito médico, el relato de los hechos es «terrible» por lo que considera que el informe que ha presentado es el «corazón del asunto», con una declaración ante el jurado que ha destacado por la «crudeza relatada de forma contundente y clara».

Según el escrito de acusación de los letrados, una vez en la casa en la que tuvo lugar la muerte, ubicada en «un paraje desértico y apartado del núcleo urbano», Ana Julia comenzó a golpear al niño «reiteradamente, con violencia y con un objeto contundente». El pequeño, según sostienen, quedó «aturdido por la violencia de los golpes y por la superioridad física de la acusada», e insisten en que «aún en ese estado podría haber sido reanimado de haberse solicitado asistencia médica».

«Estamos convencidos de que es una auténtica asesina. Mató haciendo sufrir al niño»

Añadieron que siguiendo con su «propósito criminal» y al ver que «seguía respirando», la acusada le tapó la nariz y la boca hasta provocarle la muerte, insistiendo en que desde que le golpeó y hasta este momento pasaron entre 45 y 90 minutos en los que se «podía haber rescatado la vida» del pequeño. Por su parte, el estudio criminalístico de los médicos forenses, incluido en el sumario al que ha tenido acceso Efe, señaló que la muerte de Gabriel se produjo entre las 15:30 y las 16:30 horas del 27 de febrero del 2018, poco después de que supuestamente se produjese su desaparición en Las Hortichuelas Bajas, en Níjar (Almería).

Los forenses indican que la oclusión extrínseca de los orificios respiratorios se produce de forma accidental con mayor frecuencia y mucho menos en casos «de etiología homicida como el que nos ocupa». Añaden que en estos últimos existe por lo general una «gran desproporción de fuerzas» y destacan que en el cadáver del niño eran «muy llamativos los signos generales de asfixia».

17 de septiembre, séptima sesión del juicio

La séptima sesión de la vista oral contra Ana Julia Quezada, única acusada del asesinato del niño Gabriel Cruz, dio comienzo el martes 17, que se caracterizó por ser una jornada en la que las partes elevarían a definitivas sus conclusiones y la acusada tendría derecho a manifestar la última palabra.

La fiscal Elena María Fernández mantuvo ese martes su petición de prisión permanente revisable por el delito de asesinato para Ana Julia Quezada, la única acusada por la muerte de Gabriel Cruz, y aseguró que acabó con la vida del niño de 8 años porque era un «obstáculo» para sus planes personales. La fiscal pidió para Quezada prisión permanente revisable por el delito de asesinato y 10 años más por lesiones psíquicas a los padres del menor.

El ministerio público mantuvo que Gabriel «representaba un obstáculo» para la acusada, que asesinó al niño «primero para eliminar el vínculo afectivo entre el padre y el hijo, que incomodaba a sus planes de relación personal», y sobre todo para «eliminar ese vínculo afectivo tan intenso que existía entre los padres, cuya prioridad era el interés de este niño, con dedicación y atención». Añadió que existía una «inquina y aversión» hacia Patricia Ramírez, la madre del menor, y que acabó con la vida del pequeño el 27 de marzo de 2018 cuando «se alinearon los astros» para ello, pero que podría haberlo hecho en cualquier momento.

El escrito de calificación, al que ha tenido acceso Efe, señala que sobre las 15.30 horas de ese día el niño le dijo a su abuela, en cuya casa de Las Hortichuelas Bajas de Níjar (Almería) se encontraba, que iba a jugar con sus primos, y que Quezada estaba «pendiente de sus movimientos». Según la fiscal, Ana Julia Quezada abordó al niño en el camino que iba del domicilio de su abuela a la de sus primos y le pidió que la acompañase para ayudarla porque iba a pintar en una finca del padre de Gabriel en Rodalquilar, un lugar aislado a varios kilómetros. El niño accedió a la petición ante la «confianza» que tenía en ella al estar «íntimamente vinculada a su entorno familiar desde el inicio de la relación sentimental con su padre». Una vez en la finca le causó la muerte al menor y después lo desnudó y enterró junto a una alberca en el exterior de la finca, que cubrió con tierra y piedras; a continuación guardó las ropas y se las llevó a casa de la abuela del niño, a donde acudió tras ser alertada por Ángel Cruz de la desaparición de Gabriel, esperando el momento oportuno para deshacerse del cadáver, según la Fiscalía.

Ana Julia Quezada, sospechosa del crimen, junto al padre de Gabriel Cruz.
Ana Julia Quezada, sospechosa del crimen, junto al padre de Gabriel Cruz. EFE

El 3 de marzo, la acusada propició el hallazgo de una camiseta del niño en un lugar que había frecuentado con una expareja suya para despistar a la Guardia Civil y dirigir las sospechas sobre este hombre y el 11 de marzo desenterró el cuerpo y lo metió en su coche para buscar un invernadero donde ocultarlo, hasta que fue detenida cuando intentaba acceder al garaje de su domicilio en Vícar (Almería), siempre según la versión del Ministerio Público.

El letrado Francisco Torres, que ejerce la acusación particular contra Ana Julia Quezada, subrayó ese martes el presunto ensañamiento de la investigada a la hora de matar al pequeño, reiterando que lo dejó agonizar durante al menos 45 minutos antes de asfixiarlo. «Estamos convencidos de que es una auténtica asesina. Mató haciendo sufrir al niño. Desconocemos si el móvil es sólo económico o es odio absoluto a la madre del niño o en el fondo es que simplemente le estorbaba en esa independencia» que buscaba, dijo durante sus conclusiones finales en la vista oral con jurado popular contra Quezada.

La Fiscalía y la acusación particular mantuvieron su petición de prisión permanente revisable para Ana Julia Quezada, mientras que su defensa ha introducido las atenuantes de confesión, de arrebato y de actuar bajo la influencia de drogas y sostiene que cometió homicidio por imprudencia grave (3 años) o, subsidiariamente, homicidio doloso, castigado con 15 años de cárcel. La séptima sesión de la vista oral contra Quezada, autora confesa de la muerte del niño Gabriel Cruz, ha concluido este martes después de que Fiscalía, acusación particular y defensa hayan elevado sus conclusiones definitivas.

En su nuevo escrito considera que concurren las atenuantes de confesión, de arrebato en el caso del homicidio y la incompleta de haber actuado bajo la influencia de drogas si fuese declarada culpable de los dos delitos de lesiones psíquicas por los que la acusa la Fiscalía. Considera además que los hechos son constitutivos de un delito de homicidio por imprudencia grave por el que pide tres años de cárcel, o subsidiariamente de homicidio doloso, por el que solicita 15 años de prisión.

En el ejercicio de derecho a la última palabra, Quezada ha pedido perdón a los familiares de Gabriel. «Quiero pedirle perdón también a mi hija y a toda mi familia, a todo el mundo al que haya podido sentirse mal por lo que yo hice. En general a toda España y espero que Dios me perdone», concluyó entre llantos.

19 de septiembre, declaran culpable a Ana Julia

Ana Julia Quezada asesinó con alevosía al niño de ocho años Gabriel Cruz, hijo de su expareja sentimental, el 27 de febrero de 2018 en la finca familiar de Rodalquilar, (Níjar, Almería), tras «lanzarlo contra el suelo o pared» de la habitación del cortijo «de forma intencionada, súbita y repentina» y que lo hizo consciente de su «superioridad» por diferencia de edad y por complexión.

Así lo ha determinado el jurado popular que ha deliberado sobre las pruebas presentadas contra ella en el transcurso de la vista oral celebrada en la Audiencia Provincial en la que ha estimado acreditado también que Gabriel, quien «confiaba» en la acusada por ser una persona «íntimamente ligada» a su entorno familiar, «no tuvo posibilidad de defenderse ni de reaccionar», lo que aboca a Quezada a la prisión permanente revisable, tal y como solicita la Fiscalía.

En presencia de Ángel Cruz y Patricia Ramírez, padres del menor, y en audiencia pública, las siete mujeres y dos hombres que integran el jurado han considerado probado por unanimidad que, de acuerdo con los forenses del Instituto de Medicina Legal (IML) que practicaron la autopsia, «tras el impacto» la acusada «procedió con sus propias manos» a la oclusión de los orificios respiratorios «con fuerza, hasta vencer su resistencia y provocar su fallecimiento» por asfixia mecánica por sofocación.

El jurado popular ha descartado que Ana Julia Quezada, tal y como ha mantenido la acusación particular ejercida por los progenitores, aumentase de manera deliberada e inhumana el sufrimiento del niño al darle muerte y rechaza que haya pruebas que respalden que le diera «golpes, dejándolo aturdido» entre 45 y 90 minutos para después «taparle la boca y la nariz hasta llevarle a la muerte».

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