David V., el párroco expulsado del sacerdocio y en prisión provisional por haber engañado a mujeres mayores haciéndose pasar por su guía espiritual, fingía también ser una persona necesitada para ganarse la confianza de las ancianas y llevar a cabo sus estafas con éxito. Según ha detallado a los medios el jefe de la Unidad de Investigación de la comisaría de Mossos d’Esquadra de Les Corts, Miquel Martín, el excura buscaba siempre a las «víctimas perfectas», mujeres con cierto poder adquisitivo y sin círculo familiar cercano, a quienes persuadía con su «extraordinaria capacidad oratoria», labrada tras años en la carrera eclesiástica.

Algunas de las víctimas le llevaban diariamente comida a casa e incluso una de ellas le proporcionaba el pienso del gato porque creían que no tenía medios económicos para subsistir. Este era el ‘modus operandi’ con el que consiguió estafar, como mínimo, 3,5 millones de euros que la policía acabó localizando en billetes de cincuenta en una maleta guardada en un trastero, en el que encontraron también bolsas con joyas y documentos de posibles nuevas víctimas.

Por eso, los investigadores, que lo detuvieron el 17 de noviembre, no descartan que, además de las seis mujeres por cuyos delitos se le imputan, aparezcan más víctimas ahora que el caso ha salido a la luz aunque hay muchas que ya han fallecido. En general, David V., de 45 años, operaba siempre de la misma manera: primero y con mucha labia, se camelaba a las mujeres hasta que conseguía que éstas le cedieran poderes notariales para gestionarles sus cuentas y propiedades y, luego, se hacía transferencias a su nombre.

Además, también se dedicaba a la compraventa de obras de arte, una rama de la investigación que ha llevado al Obispado de Vic, propietario de algunas de las piezas, a plantearse ejercer la acusación particular en el caso, por el que David V. está acusado de estafa, blanqueo de capitales, coacciones y delitos contra la hacienda pública. Fuentes de la diócesis han explicado a Efe que el presunto estafador tenía en su poder numerosas obras de arte de sus parroquias e iglesias, entre ellas un retablo de la parroquia de Sant Vicenç, de la que fue rector entre 2006 y 2011, aunque no ejerció como cura.

De hecho, fue expulsado del estado clerical de forma permanente en noviembre de 2013, el mismo mes en el que fue denunciado ante la Fiscalía por la comisión de una serie de delitos que las mismas fuentes han evitado precisar, pero que ratificaron y ampliaron en 2015. Asimismo, tiene pendiente otro juicio en la Audiencia de Barcelona en el que la fiscalía solicita ocho años de prisión también por estafa y que podría querer eludir, por lo que el titular del juzgado de instrucción 6 de Barcelona, Miguel Ángel Tabares, decretó esta semana su ingreso en prisión provisional.

Esta decisión fue adoptada después de que David V. tratara de suicidarse, una acción que acometió cuando la policía, que ya lo había detenido antes el 5 de noviembre, encontró el maletín con dinero. La trama se destapó a raíz de la denuncia de una anciana de 91 años, que puso los hechos en conocimiento de los mossos con la ayuda de su familia, cuyas alarmas se activaron al descubrir movimientos «extraños» en las cuentas de la mujer, que lo había incluso nombrado beneficiario de su testamento.