Greg Glassman no creó nada, pero lo revolucionó todo. Este estadounidense fundó en el año 2000 la empresa CrossFit Inc. junto con la que entonces era su mujer, Lauren Glassman. Este tipo de entrenamiento basado en ejercicios funcionales ejecutados a alta intensidad revolucionó el mundo del fitness, ha generado millones de dólares y se ha expandido a internacionalmente a niveles inesperados.

Veinte años después, la compañía ha visto cómo su padre ha tenido que dimitir como CEO de la compañía y, posteriormente, venderla, tras verse envuelto en dos grandes escándalos en cuestión de 15 días. A principios de junio, el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud publicó un tuit en el que la enviaba su apoyo a la ola antirracista surgida tras el asesinato de George Floyd y en el que defendía que el racismo y la discriminación de minorías era un asunto de salud pública.

Greg Glassman respondió a esta publicación con un escueto «Es Floyd-19», dando a entender que la mayor pandemia de este año no había sido el Covid-19, sino este movimiento por los derechos sociales de la comunidad negra.

Esta acción tuvo sus consecuencias. «Hemos estado en conversaciones sobre un nuevo acuerdo. Sin embargo, a la luz de los acontecimientos recientes, hemos tomado la decisión de poner fin a nuestra asociación con CrossFit«, indicó Reebok, el principal patrocinador de la empresa de Glassman, en un comunicado. Asimismo, más de 1.000 gimnasios de los 15.000 que tienen afiliados determinaron que se desligaban de la compañía, a la que le pagan 3.000 dólares al año para poder usar el nombre de su marca. «Querido CrossFit: puedes hacerlo mejor», decía Petworth Fitness, una de las cadenas más importantes de este tipo de gimnasios en EEUU, en su cuenta de Instagram.

Rich Froning, uno de los principales atletas profesionales de esta disciplina y campeón de los CrossFit Games en 2011, 2012, 2013 y 2014, afirmó que le resultaba «imposible mantenerse fiel a un líder que hace declaraciones insensibles que alienan y dividen, en un momento en el que se necesita la unidad». 

«Yo, CrossFit HQ y la comunidad CrossFit no toleraremos el racismo. Cometí un error al elegir las palabras ayer. Mi corazón está muy triste por el dolor que esto ha causado. Fue un error, no un acto racista, sino un error», se disculpó Glassman, quien además señaló que «Floyd es un héroe en la comunidad negra y no sólo una víctima». Pero ya era demasiado tarde.

Un día después de compartir este mensaje, la empresa anunciaba en un comunicado que Greg Glassman abandonaba el trono que había estado ocupando durante dos décadas. «Estoy renunciando como CEO de CrossFit Inc. y he decidido retirarme. El sábado [6 de junio], creé una grieta en la comunidad CrossFit y lastimé involuntariamente a muchos de sus miembros», comenzaba esta carta.

«CrossFit es una comunidad, global, diversa y resistente», indicaba el ex director, que agregaba que no podía permitir que su comportamiento se interpusiera «en el camino de las misiones de HQ o los afiliados», dado que «son demasiado importantes como para ponerlos en peligro». Dave Castro, que hasta ese momento había sido el director de los CrossFit Games, asumió el cargo de director ejecutivo.

No obstante, los trabajadores de CrossFit Inc. se sorprendieron de que su caída estuviera vinculada a acusaciones de racismo, ya que, tal y como desvela The New York Times, habían asumido que la razón de su marcha sería el continuo y desenfrenado acoso sexual que Glassman había fomentado durante sus años de gerencia.

Las entrevistas con ocho ex empleados y cuatro atletas de CrossFit con fuertes lazos con la empresa revelan que el ex CEO había instalado en la compañía una cultura plagada comentarios vulgares y sexistas hacia las mujeres. Opinaba sobre sus cuerpos y expresaba cuánto les gustaría a los hombres de CrossFit Inc., principalmente a Glassman, tener sexo con ellas y que, además, deberían sentirse afortunadas de haber despertado su interés, tal y como relata el rotativo estadounidense.

Los entrevistados afirmaron que Glassman, de 63 años, había degradado verbalmente a las mujeres, había tirado de sus prendas de ropa para tratar de ver sus escotes, las apuntó con la cámara de su teléfono para tomar fotos de sus pechos mientras viajaban con él por trabajo e, incluso, las había presionado para que considerasen compartir habitación de hotel con él.

Presuntamente, los empleados clasificaban a las atletas profesionales según la cantidad de hombres que quisieran tener sexo con ellas, tal y como desvelaban en un correo electrónico un empleado de la compañía y un ex trabajador con el que habló el New York Times. Los portavoces de la empresa comunicaron que Glassman lo niega.

En este ambiente de sexualización de las mujeres, una antigua empleada afirmo que el ex CEO «alardeando de sus escapadas sexuales» y tres personas más que habían trabajado para CrossFit Inc. añadieron que la contraseña de WiFi de una oficina de la compañía en San Diego solía ser una obscenidad sexista.

En 2012, Glassman llegó a un acuerdo económico para que no evolucionase la acusación de Julie Kelly, una ex empleada que amenazó con presentar una demanda por acoso sexual, según tres personas de esta comunidad deportiva. «Finalmente terminé con la mierda con Julie; tuve que pagarle a esa puta», dijo Glassman al cerrar el trato, asegura el ex Navy SEAL Andy Stumpf, que supervisó la asociación de CrossFit Inc. con Reebok.

Como ha ocurrido en anteriores acusaciones de este tipo, una mujer salió en defensa del señalado. Era una portavoz de la compañía de la que Glassman seguía siendo propietario en el momento en el que se publicó el artículo, y afirmó que el empresario la había tratado con respeto y que esta trama había «un esfuerzo colectivo para devaluar la empresa y comprarla por sobras».

No se sabe si «por sobras» o por una elevada cantidad, pero CrossFit Inc. ya ha sido vendida. Según anunciaba Dave Castro el miércoles, Eric Roza, empresario y atleta de esta disciplina desde hace años, será el nuevo propietario y director ejecutivo de la compañía. «La empresa pasa a uno de los nuestros», señalaba Castro en sus redes sociales.

«Mi punto de vista es simple: el racismo y el sexismo son repugnantes y no serán tolerados en CrossFit. Abrimos nuestros brazos a todos y trabajaré duro para reconstruir puentes con aquellos cuya confianza hemos perdido», expresaba el nuevo dueño en Instagram, que además invitó a aquellos que se habían alejado de la marca tras las polémicas de Glassman a que le escribiesen a su dirección de correo -eric@crossfit.com- para recuperar su «alianza».

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Dear CrossFit community, Since I discovered CrossFit 10 years ago, it has changed my life, and I am deeply honored to have the opportunity to lead CrossFit through its next chapter as CEO and owner, following the closing next month. As a box owner and athlete, I’ve experienced CrossFit’s transformative power and the shared bond it creates between people of different races, genders, ages, ethnicities, incomes, educations and physical abilities. That magic, created by our affiliate owners, coaches, and athletes in 158 countries around the world, is real. And I believe it makes the world a better place. In the past weeks, divisive statements and allegations have left many members of our community struggling to reconcile our transformative experiences in the local box with what we’ve been reading online. My view is simple: Racism and sexism are abhorrent and will not be tolerated in CrossFit. We open our arms to everyone, and I will be working hard to rebuild bridges with those whose trust we have lost. I come to you with deep humility and the realization that we have hard work to do. I am committed to listening, I am committed to learning, and I am committed to leading positive change. Most of all, I am committed to CrossFit and to you, as a member of our community. If you are committed to the future of CrossFit and have ideas, I want to hear from you. And if you loved CrossFit, and we lost you along the way, I want to regain your trust and partnership. Please reach out to me at eric@crossfit.com. Eric Roza #committedtocrossfit

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Eric Roza tiene una dilatada experiencia como empresario. Creció profesionalmente en Silicon Valley y se hizo millonario al vender Datalogix a Oracle. Este cerebro de la tecnología es el propietario de CrossFit Sanitas y de un box afiliado a CrossFit, situado en Boulder, Colorado.