El pasado ocho de octubre, la vida de Anaso volvió a cambiar. Okechukwu Anaso, de 34 años, se reunía con su mujer y sus tres hijos que llegaban desde Nigeria para poder vivir juntos y compartir el sueño que empezó en 2003.

La historia es larga, 17 años desde que el nigeriano fuera rescatado por la Guardia Civil en una playa de Algeciras. Allí llegó tras un viaje infernal que había durado meses en busca de un futuro mejor como el que significa «anaso», tierra prometida.

Con la llegada del avión en el que viajaba su familia, culminaba un proceso en el que Anaso ha estado arropado por la Asociación Corazón y Manos y, en especial, por Daniel Osado, encargado de limpieza en el Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada y formador de Anaso en el curso de limpieza de grandes instalaciones que éste realizó. «Es un sueño que él ni siquiera se había atrevido a soñar, él ya se sentía dichoso de trabajar y poder enviar dinero a su familia y de poder visitarlos cada dos o tres años. Creo que ninguno de nosotros podemos comprender lo que supone para Anaso apagar la luz sabiendo que su mujer y sus hijos duermen a salvo bajo su mismo techo. Creo que se debe sentir el hombre más dichoso del universo», dice Osado.

Familia de Anaso en Nigeria días antes de partir a España. Cedida por Corazón y Manos

Pero, media vida antes, el protagonista de esta historia era un mena de 17 años que perseguía el sueño europeo. Estuvo en un centro de menores, fue camarero en Baza, gorrilla en Granada y tuvo otros muchos empleos – más o menos precarios – hasta recalar en Clece en 2018. Antes de eso, cuando lograba reunir el importe de un billete de avión, viajaba a Nigeria, donde incluso se casó y tuvo tres hijos a los que apenas pudo conocer, sobre todo al más pequeño.

En ellos pensaba siempre, también en los meses de prácticas con Clece en el emblemático edificio Almanjayar. ¿Conseguiría, al fin, un trabajo de verdad? No fue inmediato pero las cualidades y el buen hacer de Anaso durante aquel tiempo le abrieron las puertas de la empresa. Tanto Osado como la gerencia de Clece en Granada apostaron por él cuando surgió la oportunidad de un contrato indefinido en el Hospital Universitario Virgen de las Nieves.

Anaso en su trabajo en un hospital de Granada. Cedida por Corazón y Manos

Se entregó a su nuevo trabajo, que le encantaba, y estaba feliz de tener compañeros. Estos se volcaron con él hasta tal punto, que los ayudantes de cocina le guardaban todas las noches el pan sobrante del día, porque sabían que Anaso se alimentaría con él para poder enviar así más dinero a su familia, a la que mantenía desde España.

Corazón y Manos recoge el testigo

¿Sueño conseguido? Fueron los compañeros de Anaso los que se negaron a que el sueño terminase ahí. Recurrieron a Corazón y Manos, la asociación sin ánimo de lucro creada por empleados de Clece para ayudar a compañeros de trabajo que se encuentren en situación vulnerable, y ésta se propuso ayudar a Anaso a conseguir que su familia pudiera, un día no muy lejano, vivir con él en Granada.

Llegada de la familia de Anaso al aeropuerto. Cedida por Corazón y Manos

Encontraron una vivienda adecuada para una familia y a un coste menor que la que tenía.

Le ayudaron a realizar las gestiones para conseguir el visado de su familia e incluso la compra de los billetes de avión para la mujer de Anaso, Linda, y sus tres hijos.

Los pequeños y Linda llegaron, además, a un hogar en el que Anaso ya había conseguido (gracias a campañas de recogida de la asociación) juguetes, ropa de abrigo, calzado e incluso un carrito de bebé para el más pequeño. También le compraron sábanas, pequeños electrodomésticos y menaje de cocina.

Daniel Osado, celebra que el cumplimiento de este sueño haya transformado a Anaso, aunque no su esencia: «Cuando le conocí era excesivamente tímido, hasta el punto que creíamos que no comprendía lo que le decíamos. Más tarde entendí que es tímido y muy educado y casi no habla por no molestar. Ahora Anaso pisa fuerte y es mucho más extrovertido, pero con una actitud ante la vida y hacia quienes le rodean que sigue siendo ejemplar».

Llegada de la familia de Anaso al aeropuerto. Cedida por Corazón y Manos

El propio Anaso manifiesta su felicidad para El Independiente: «Estoy muy, muy contento. Estas dos semanas han sido de gran felicidad, llegar a casa y tener a mi familia es un regalo», explica el nigeriano. Linda corrobora la felicidad aunque recuerda la mala experiencia de haber estado tan lejos de su marido.

La nueva aventura de Anaso y su familia, en la que siguen arropados por Corazón y Manos, es la de escolarizar a los niños, dar clases de español a Linda o la realización de algunos trámites burocráticos.

Este sueño, que un día pareció inalcanzable, ya está cumplido pero Anaso, para quien los retos son ya su forma de vivir, ya está pensando en los siguientes: «El pasaporte español pero, sobre todo, que Linda aprenda español». Seguro que se cumplirá muy pronto.