La situación de desempleo de las mujeres que sufren violencia de género es una barrera que les impide denunciar a su agresor. Para dar un paso firme hacia la puerta de salida de infierno doméstico en el que viven, necesitan acceder a un puesto de trabajo. Precisamente, el propio agresor impide que su víctima trabaje, si no es ocasionalmente, para afectar su independencia económica. De esta manera consigue que no abandone el domicilio común.

María Figuera, presidenta de la Asociación Victoria, expone que el acceso al empleo de mujeres maltratadas no sólo les facilita ingresos económicos, sino que «dejan de estar atadas al maltratador». «Se sienten útiles, valoradas por sus jefes y compañeros, elevan su autoestima y refuerzan su empoderamiento», afirma Figuera a El Independiente.

El maltratador puede emplear dos estrategias para anular la voluntad de la mujer de salir a buscar trabajo. Una es el chantaje emocional con el cuidado de los hijos de la pareja o personas dependientes del hogar. Otra es conseguir que trabaje sin descanso, dentro y fuera de casa, además de dirigirle mensajes destructivos como «no vales nada», «no sirves ni para trabajar», etc. Por eso, el empleo es un escudo de protección contra la violencia de género y cualquier comportamiento que atente contra la independencia económica de la mujer se considera violencia económica.

Una vez consigues trabajo ya encuentras la confianza en ti misma, te sube la confianza poco a poco

INMA, 41 AÑOS, LIMPIADORA DE CLECE

Otra dificultad estructural aparece una vez se accede a la empresa: la conciliación familiar, que en las víctimas de violencia de género se agrava al carecer de una red de apoyo ya que el agresor, generalmente, las aísla de su entorno. Mujeres de múltiples sectores laborales, con mayor o menor cualificación pueden verse en esa encrucijada. Por eso la política de inserción de las empresas es primordial, especialmente con víctimas de violencia de género. Para Clece el empleo inclusivo de colectivos vulnerables forma parte de la cultura de la compañía y es el objeto de su proyecto social.

Acceder a un empleo, un punto de inflexión

Inma, de 41 años, sufrió malos tratos por parte de su expareja durante 13 años. «Me tenía sumamente controlada, era una persona muy celosa y posesiva», afirma. «Yo me daba cuenta de lo que pasaba, pero el miedo me impedía dar el paso para denunciarlo». Inma, limpiadora de Clece en un hospital, expresa que denunciar y encontrar trabajo fue lo que le sirvió para salir adelante.

«Una vez consigues trabajo, poco a poco vas encontrando la confianza en ti misma». La entrevistada afirma que, tras el año y medio que pasó en casa de sus padres después de la denuncia contra su agresor, el haber encontrado trabajo le ha permitido conseguir la custodia de sus hijos. «Además, mis responsables en Clece me han ayudado bastante, me han apoyado mucho y me han dicho todo lo que valgo. La autoestima va subiendo una vez empiezas a salir de una situación de violencia». «El miedo a denunciar es el mayor error que se comete con una persona que te maltrata, tenemos que ser valientes y salir de esta situación», afirma.

«Valoro mucho mi libertad de trabajar»

Sheila que accedió a un empleo con la jornada reducida, también es madre de dos hijos. «Ahora estoy mucho mejor, puedo trabajar y cuidar de ellos. Valoro mucho mi libertad de trabajar», expresa.

La víctima tuvo que ocultar los malos tratos que estaba sufriendo, hasta que hace unos años denunció y se divorció de su agresor. «Me maltrataba hasta tal punto que no me dejaba salir, me encerraba sola en casa. A veces bajaba al parque media hora, pero siempre acompañada». Sheila expresa que llegó al punto de no querer salir de casa, ni de verse capaz de trabajar. Gracias al apoyo que le brindó su entorno y al empleo que le ofreció Clece, consiguió poner punto y final a esta situación.

La conclusión es evidente, resulta fundamental promover políticas activas de empleo desde las empresas que ayuden a superar esta situación de desigualdad. La autonomía económica de las mujeres y su empoderamiento van de la mano. Encontrar trabajo puede ser un factor determinante para que las víctimas puedan salir a tiempo del túnel de la violencia machista y denunciar a su agresor.

La apuesta de Clece por la inserción laboral de colectivos desfavorecidos o en riesgo de exclusión no es nueva. Clece lleva más de 15 años impulsando la igualdad de oportunidades a través de la integración de personas de colectivos desfavorecidos como son las mujeres víctimas de violencia de género, entre otros. Además, trabaja para concienciar a la sociedad sobre esta realidad y para promover el mantenimiento del empleo, favoreciendo la posibilidad de que las personas vulnerables puedan acceder a un puesto de trabajo y fomentando su desarrollo profesional y personal.

En el caso de las mujeres víctimas de violencia de género, en septiembre de 2020, eran 249 mujeres las que formaban parte de la plantilla. Tras una campaña llevaba a cabo durante el mes de noviembre, actualmente Clece cuenta con 379 mujeres pertenecientes a este colectivo vulnerable.