El barón Pierre de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos modernos, depositó su esperanza por un mundo mejor en el deporte, y así lo expresó en una conferencia en la Sorbona en 1892. «El telégrafo, los ferrocarriles, el teléfono, la investigación científica, las exposiciones, han hecho más por la paz mundial que todos los tratados y las convenciones diplomáticas. Tengo la esperanza de que el atletismo sirva aún más a este propósito». Coubertin fue el primer presidente del Comité Olímpico Internacional en 1896 y su sueño era que el deporte sirviera para librar un enfrentamiento pacífico entre las naciones. En la primera edición de esta competición internacional, celebrada en Atenas como homenaje a los Juegos clásicos, participaron 14 países. Toda una proeza.

En 2021 los Juegos se celebran en Tokio, con un año de retraso, en unas circunstancias extraordinarias, cuando aún la pandemia de coronavirus no está controlada. No habrá espectadores en los estadios ni en las pistas. Todos seremos telespectadores. Hasta hace poco su celebración pendía de un hilo. Corea del Norte no participa, según sus autoridades, por la pandemia. Más relevante es la ausencia de Rusia: habrá deportistas rusos pero no bajo bandera rusa por las penalizaciones relacionadas con el dopaje.

Durante los Juegos en Grecia se respetaba la tregua olímpica. Es una tradición que se ha intentado mantener en la época moderna. El espíritu es de neutralidad y así son en realidad las ciudades las que son sede y no los países. En 1916 la cita, prevista en Berlín, se canceló por la Gran Guerra. En 1917, en plena guerra mundial, la sede del COI se trasladó a Lausanne, en Suiza. En 1920 faltaron a la convocatoria en Amberes países como Alemania, Austria, Hungría o Turquía. Alemania tardaría en regresar.

Sin embargo, los Juegos Olímpicos son un escaparate internacional demasiado valioso como para quedar fuera del gran juego global de la geopolítica. «Las relaciones internacionales siempre han influido en las decisiones de lso Juegos Olímpicos. De hecho, las naciones votan en el COI bajo la influencia de su propia agenda», afirma Simon Chadwick, profesor de Industria del Deporte Global en el Centro de la Industria del Deporte Eurasiático de Lyon.

Nos recuerda Simon Chadwick como la noción de geopolítica nos retrotrae a los tiempos de la Alemania nazi, los años 30. Fue en esa época cuando el término adquirió mayor relevancia. El general alemán Karl Hausfofer popularizó el término y Hitler se basó en algunos de sus conceptos al exponer su ideología nacionalsocialista. Por ese vínculo con el nazismo se evitó el término durante décadas.

«En términos olímpicos la geopolítica nos sitúa en el Berlín de 1936. Aquello no era solo acerca de deporte o política, sino sobre la ideología nazi. Hitler los utilizó para mostrar su noción de identidad», añade Simon Chadwick. Su objetivo era que el mundo viera con claridad que la raza aria era superior en ese regreso a los Juegos de Alemania, tras años de ausencia por las heridas de la Gran Guerra. Las cuatro medallas de oro del atleta negro estadounidense Jesse Owens fueron una bofetada en la mejilla del Führer.

Las ediciones de 1940 y 1944 se cancelaron por la Segunda Guerra Mundial. Estuvieron teñidos de sangre los celebrados en Múnich en 1972, cuando la organización terrorista palestina Septiembre Negro asesinó a once atletas del equipo olímpico israelí.

Los Juegos de la Guerra Fría

En palabras de Simon Chadwick, experto en deporte y política, «en los ochenta competían dos ideologías en los Juegos Olímpicos. Era una confrontación entre dos mundos. De ahí que se celebraran en Moscú en 1980 y cuatro años más tarde en Los Angeles».

Los estadounidenses boicotearon los Juegos de Moscú para protestar contra la invasión de Afganistán por la URSS. Sin embargo, hay historiadores que sostienen que Estados Unidos ya había decidido no participar antes de la invasión. La URSS boicoteó los Juegos de Los Angeles.

«Cuando el comunismo estaba a punto del colapso, y EEUU iba a erigirse en la gran potencia, tuvieron lugar los Juegos de 1984 en Los Angeles. Allí emergió un modelo comercial de los Juegos», apunta Chadwick, quien incide en que la industria deportiva más potente del mundo es la estadounidense.

La cita más nefasta desde el punto de vista económico fue la de Montreal, en 1977. Como punto y aparte destacan los Juegos de Barcelona 1992. Fueron un éxito que aún hoy se evoca con nostalgia. Barcelona aprovechó la ocasión para evolucionar hacia una ciudad moderna, atractiva y conectada al mundo. Hubo cooperación de todas las instancias locales, autonómicas y nacionales, y participación de capital privado y público. Barcelona 92 parecen aún hoy unos Juegos del futuro.

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China y Japón: el poder asiático

Un punto de inflexión en la historia de los Juegos desde el punto de vista geopolítico lo marcan los celebrados en Pekín en 2008. Fue la puesta de largo de China como gran potencia global. «El resurgir de la geopolítica en los Juegos fue 2008 con China. Después de dos décadas de reformas anunció su vuelta al escenario internacional. Presentó su noción de China como marca», dice Chadwick, quien recuerda que en 2022 los Juegos Olímpicos de invierno se celebran de nuevo en China. Entonces ya se habrá controlado la pandemia, o eso queremos creer, y China podrá demostrar su poderío global. El patrocinador es Rosta, un emporio chino con sede en Shanghai.

Pero ahora es Tokio, es decir, Japón el protagonista. «Los Juegos Olímpicos de Japón, concebidos para 2020, son el culmen de la trayectoria política de Shinzo Abe como primer ministro. Es el inicio de una nueva etapa nacional en la que el país se siente orgulloso y deja atrás los fantasmas del pasado», señala Guillem Pursals, politólogo, máster en Seguridad, especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.

«China no deja de ver a Japón como una base estadounidense a pocas milas, igual que Taiwán. Estos Juegos reivindican que Japón existe más allá de ser un aliado o una base militar más. China, Corea del Sur, ahora Japón… podemos ver un auge de Asia más allá del comercio y la diplomacia», añade Pursals.

A Japón esta celebración deportiva global le da la ocasión de exhibir su soft power. En el índice global de soft power Japón es una superpotencia. Es el número uno en Asia y el número dos global, según el Global Soft Power Index 2021. En palabras de Joseph Nye, el soft power es «la aptitud para obtener lo que se quiere o desea mediante el poder de la atracción y la seducción en lugar de la fuerza o el dinero».

«Los japoneses quieren mostrarse al mundo más allá de los estereotipos. Desean que los veamos más allá del manga y el sushi. Su meta es hacer unos Juegos eficaces y seguros», comenta Simon Chadwick.

Es el momento de un país que ha vivido agachado y mirando hacia dentro desde que tomó parte en la Segunda Guerra Mundial como potencia del Eje. Ha tenido la mala suerte de que la fecha coincidiera con el auge de la pandemia y que aún postergándolos no haya una seguridad total.

«Estos Juegos Olímpicos tienen especial relevancia porque son la obra culmen de la administración Abe, donde se quiere proyectar el Japón tradicional con el actual, innovador y cosmopolita. Y también porque son los Juegos dela pandemia del Covid-19, una pandemia que ha hecho cooperar al mundo de un extremo a otro. Japón quiere reivindicar su papel en Asia, en el Pacífico y en el mundo como una nueva potencia al alza. Hay que estar atentos a la ceremonia de inauguración, donde se suele transmitir con fineza la carga política del evento», concluye Guillem Pursals.

La ceremonia comenzará en el Estadio Olímpico de Tokio a las 13 horas en España el viernes 23 de julio y durará hasta las 16h. Si, como decía Nelson Mandela, el deporte tiene el poder de cambiar el mundo, y de crear esperanza donde hubo desesperación, este verano de 2021 es un momento ideal para buscar inspiración en estos atletas que representan lo mejor de cada nación.