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Qatar, dinero, poder y traición: las mil guerras tras el proyecto de la Superliga

Los presidentes del PSG y Real Madrid, Nasser Al-Khelaifi y Florentino Pérez, durante un partido de la Champions League en 2019

Los presidentes del PSG y Real Madrid, Nasser Al-Khelaifi y Florentino Pérez, durante un partido de la Champions League en 2019 EP

El sábado por la tarde, el teléfono de Aleksandr Ceferin, presidente de la UEFA, empezó a sonar. Era Andrea Agnelli, el presidente de la Juventus de Turín y de la Asociación Europea de Clubes. Agnelli quería tranquilizar a Ceferin ante los rumores del anuncio inminente de una Superliga. «Respaldamos las reformas de la Champions. Luego te llamo», le dijo el italiano. Pero nunca hubo más llamadas. Agnelli apagó el teléfono.

Ceferin se temió lo peor. Y sus presagios se confirmaron cuando se acercaba la noche del domingo al lunes. Doce de los clubes más importantes del fútbol, con Florentino Pérez al frente, anunciaron la creación de una Superliga. Una bomba a la línea de flotación de la UEFA, la FIFA y la Champions League. Un órdago contra el Establishment del fútbol mundial.

Ceferin se sintió traicionado. Sabía que había muchos clubes detrás de una Superliga, pero jamás se imaginó que le fallara Agnelli. El italiano era su aliado, su amigo, miembro del Comité Ejecutivo de la UEFA desde 2017. La relación era tan estrecha que Ceferin era el padrino de uno de los hijos de Agnelli. El italiano siempre se había mostrado contrario a la idea de una Superliga, pero el domingo por la noche la Juventus apareció como uno de los clubes fundadores. Inmediatamente, Agnelli dimitió como presidente de la ECA.

«No sabíamos que había serpientes entre nosotros», señaló el lunes Ceferin sobre el cambio de postura de Agnelli.»Nunca he visto una persona que haya mentido tantas veces. La situación actual no la había visto en la vida. La avaricia es tremenda. Todos sabemos quién es quién».

La jornada del lunes sirvió para conocer la dimensión real de lo anunciado el domingo, el día uno de lo que puede ser una nueva era en el fútbol. Las espadas están en alto y arranca ahora un tira y afloja que marcará el camino para las próximas décadas. Si todos los clubes, federaciones e instituciones que están hablando en las últimas horas cumplen su palabra, el fútbol sufrirá una revolución jamás vista. La Liga española se jugará sin Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid, el himno de la Champions dejará de sonar en los principales estadios de continente y el Mundial de Qatar, aquel país que ha invertido miles y miles de millones para vender una buena imagen, se quedará sin estrellas que trasladen ese mensaje. Sin Lionel Messi, sin Cristiano Ronaldo…

Florentino Pérez, el fundador

El presidente del Real Madrid será el mandamás de la nueva Superliga, en la que competirían además Barcelona, Atlético de Madrid, Milan, Arsenal, Chelsea, Inter, Juventus, Liverpool, Manchester City, Manchester United y Tottenham Hotspur. Algunos históricos del fútbol europeo han dado la espalda a esta propuesta, como el Bayern Múnich, actual campeón, el Ajax, el Benfica o el Borussia Dortmund.

Este movimiento codicioso e insensible significaría un desastre para nuestro fútbol base»

Luis Figo

Los clubes fundadores llevaban años hablando y negociando entre bambalinas, avisando a la UEFA de que tenía que cambiar de modelo si quería seguir contando con su apoyo. Quieren una porción más grande del pastel. Las enormes pérdidas que han sufrido los clubes con el coronavirus y lo poco que les ha seducido la reforma planteada por la UEFA han sido los detonantes de la situación. La hora y el día del anuncio son toda una declaración de intenciones: un domingo casi a medianoche y a pocas horas de que la UEFA explicará el nuevo formato de la Champions.

La amenaza de la UEFA

Según los fundadores, con la nueva Superliga esperan generar unos 4.000 millones de euros por los derechos audiovisuales. Es un 25% más de lo que la UEFA recauda entre Champions y Liga Europa. El problema para el ente rector del fútbol europeo es que sin Real Madrid, Barcelona, Juventus y compañía los ingresos bajarán una barbaridad. Le interesa llegar a un acuerdo, por mucho que Ceferin sacara pecho este lunes.

«Se puede jugar una Champions sin esos clubes. En Europa hay muchos equipos y muy buenos. La Champions se jugará, con o sin ellos», señaló en una conferencia de prensa en la que amenazó a los futbolistas, al fin y al cabo los únicos indispensables para este negocio. «Todos aquellos que jueguen en esa competición, no lo podrán hacer con su selección. Todas las confederaciones están de acuerdo con eso».

La conexión entre Qatar, el PSG y beIN Sports

Las dos ausencias que más llaman la atención son las de Bayern y Paris Saint-Germain, protagonistas de la última final de la Champions. Es posible que el Bayern acabe rendido ante la Superliga si al final Florentino se sale con la suya, pero el caso del PSG es más delicado, con una telaraña de intereses detrás totalmente contraria. «¿Cómo no participar en la competición que reúne a los mejores equipos europeos cuando está haciendo todo lo posible para igualarlos?», se preguntaba hoy L’Equipe. Y podría haber añadido: ¿cómo retener a jugadores como Neymar y Mbappé fuera del escaparate mundial?

Ahí es donde emerge el nombre de Qatar, sede del Mundial en 2022 y dueño del PSG a través de un fondo de inversión. Al país del Golfo Pérsico no le puede interesar menos esta guerra en el fútbol europeo. Tras su millonaria inversión, puede quedarse con un Mundial totalmente descafeinado. Pero no solo eso: el presidente del PSG, Nasser Al Khelaifi, es también el presidente de beIN Sports, la empresa que tiene los derechos de la Champions League hasta 2024.

Tocar la fibra sensible

La estrategia de la UEFA pasa ahora por convencer a los futbolistas, aficionados y técnicos de los clubes fundadores de que la Superliga es una mala idea y para ello está tratando de tocar la fibra sensible. La UEFA y el fútbol puro contra la Superliga y el negocio. En palabras de Ceferin: «La UEFA no se mueve solo por el dinero. Desarrolla el fútbol. La Superliga no es así. Solo es negocio. Solo interesa los bolsillos y no la solidaridad. Los valores del fútbol son otros. No vamos a permitirlo».

El ex futbolista Luis Figo, a sueldo de la UEFA como consejero, trató de amplificar ese mensaje en un tuit muy comentado. «Este movimiento codicioso e insensible significaría un desastre para nuestro fútbol base, para el fútbol femenino y para la comunidad futbolística en general únicamente para servir a los propietarios interesados, que dejaron de preocuparse por sus hinchas hace mucho tiempo y con total desprecio por el mérito deportivo. Trágico».

Llama la atención ese llamamiento al fútbol puro de la UEFA, una organización que se llevó la final de la Liga Europa de 2019 a un país de tan dudosas prácticas democráticas como Azerbaiyán. O el comunicado de la FIFA, una de las instituciones deportivas más corruptas que ha habido, hablando de «solidaridad, inclusión, integridad y redistribución financiera equitativa».

Las grandes Ligas, la FIFA, la ECA y gran parte del aparato político europeo, con Boris Johnson, Emmanuel Macron y Pedro Sánchez a la cabeza, ya se han posicionado en contra de los planes de Florentino Pérez. Y la UEFA quiere arrastrar más.

En Inglaterra se rumorea que Jürgen Klopp podría dejar el banquillo del Liverpool y Josep Guardiola ya se pronunció en contra de la Superliga hace unos meses. Muchos hinchas del Atlético están haciendo campaña en redes contra la decisión de su club. «¿La Superliga europea? Nadie me ha hablado de ello. No sé de dónde ha salido. No sé si estoy a favor o en contra», decía el presidente rojiblanco, Enrique Cerezo, hace apenas unas semanas en El Larguero. El partido más importante del fútbol acaba de comenzar

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