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Menos romanticismo y más espectáculo: así ha transformado la Ciencia el deporte

La gimnasta Simone Biles, durante un ejercicio en 2019

La gimnasta Simone Biles, durante un ejercicio en 2019 DANIEL KOPATSCH | EFE

Se corre más rápido, se lanza la jabalina más lejos, se salta más distancia y se golpea más fuerte a la pelota. Los récords caen y la industria deportiva pide cada vez más y más. Y en esa búsqueda constante de los límites humanos la Ciencia tiene un papel fundamental.

«Los deportistas de élite utilizan cada vez más profesionales de distintas ramas científicas para mejorar el rendimiento. Es indudable que los científicos son cada día más importantes en el deporte», señala a El Independiente el divulgador José Manuel López Nicolás, que acaba de publicar La Ciencia de los Campeones (Planeta).

En el libro, López Nicolás hace un repaso de toda la Ciencia que hay «escondida» en el deporte. Desde la mecánica de fluidos y el «efecto Magnus» en esa derecha liftada de Rafael Nadal hasta la geometría que conecta a los Chicago Bulls de Michael Jordan con el Barcelona de Lionel Messi y Josep Guardiola. No podían faltar tampoco la hidrodinámica en los éxitos de Michael Phelps o la biomecánica en los saltos de Ruth Beitia en un apartado especial dedicado a los Juegos Olímpicos.

Hasta el último detalle

Cuando uno piensa en deporte lo suele asociar con los valores, con la salud, con la superación. «Pero pocas veces uno piensa en Ciencia», señala el divulgador López Nicolás. «Mi objetivo con este libro es acercar la Ciencia a la gente, que la sociedad sea capaz de ver la Ciencia donde menos se lo espera. Porque está presente detrás de cada disciplina deportiva».

En el futuro se elegirán deportistas genéticamente preparados para determinado deporte»

lópez nicolás

«Por ejemplo», arranca, «Carolina Marín tiene en su equipo auténticos especialistas en Big Data e Inteligencia Artificial. También tiene a un especialista óptico que le ayuda con la velocidad del volante», añade el divulgador sobre la campeona olímpica de bádminton, que se perderá los Juegos de Tokio por una lesión de rodilla.

El deporte ha vivido una enorme transformación al rebufo de la revolución tecnológica, algo que se ha exacerbado en la última década. Los materiales, los entrenamientos, el estudio de los datos… nada se deja ya al azar. Cuando Usain Bolt estableció el récord mundial de los 100 metros en Berlín 2009, esa carrera fue estudiada al dedillo por expertos de todo tipo que se preguntaban cómo era posible completar un hectómetro en 9,58 segundos. Desde entonces, la pregunta es si habrá alguien que pueda batirlo.

«A nivel de entrenamientos es muy difícil mejorar ya, yo creo que la manera de mejorar esa marca vendrá más por el lado de la zapatilla o la superficie, buscar un tartán con un coeficiente de rozamiento menor», señala López Nicolás. «Y buscar atletas que genéticamente estén predispuestos a las fibras musculares destinadas al sprint. En el futuro se elegirán deportistas genéticamente preparados para eso».

¿Son los deportistas cada vez menos autónomos?

Los atletas saben ya perfectamente cuándo pueden acelerar y frenar y los ciclistas, cuándo, cuánto y cómo tienen que comer durante una etapa de alta montaña para poder rendir al máximo.

Y conociendo cada detalle del rendimiento individual es cada vez más difícil salirse del guión establecido. «Con el progreso científico y tecnológico se ha perdido algo del romanticismo en el deporte, pero es ley de vida. Se han perdido unas cosas pero se han ganado otras, como el espectáculo», concluye el autor de La Ciencia de los Campeones.

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