Un guardia de seguridad en la Villa Olímpica de Tokio, donde la pandemia y las camas hacen que tener sexo sea más difícil que en otros Juegos

Un guardia de seguridad en la Villa Olímpica de Tokio, donde la pandemia y las camas hacen que tener sexo sea más difícil que en otros Juegos Michael Kappeler / Dpa

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Camas de cartón y menos condones: Tokio 2020, ¿unos Juegos sin sexo?

El diseño de las habitaciones y las medidas contra el coronavirus hacen que el sexo en la villa, un clásico de los Juegos, sea más difícil que nunca

Imaginen a 10.000 personas, la mayoría menores de 30 años, lejos de sus casas, con las emociones a flor de piel, ganas de pasárselo bien y todos con cuerpos atléticos. Es a grandes rasgos un resumen de lo que es cada cuatro años una Villa Olímpica, un lugar donde el sexo no es ni mucho menos tema tabú.

La Villa Olímpica es el lugar del mundo con más testosterona»

Mark Russell, CAMPEÓN OLÍMPICO DE TIRO

«Hay mucho sexo. He visto gente manteniendo sexo al aire libre, en la hierba que hay entre los edificios», es una de las grandes frases que se han pronunciado al respecto. Fue Hope Solo, futbolista de Estados Unidos, en una entrevista con ESPN sobre lo que había visto en Pekín 2008.

Sídney 2000 marcó un antes y un después, cuando la organización tuvo que hacer un pedido exprés de 20.000 condones a mitad de competición porque los 70.000 que había repartido se estaban agotando. El campeón olímpico Mark Russell, un australiano de tiro olímpico, calificó hace años la villa como «el lugar del mundo con más testosterona». «Diría que entre el 70 y el 75% de los atletas tienen sexo en la Villa», añadiría el nadador Ryan Lochte en 2012.

Con el paso de los años llegaron las aplicaciones y Sochi 2014 vivió el boom de las nuevas apps para ligar. «Tinder en la Villa Olímpica es el siguiente nivel», señaló la snowboarder estadounidense Jamie Anderson. En Londres 2012 se repartieron 150.000 preservativos y cuatro años después, en Río 2016, se batió el récord: 450.000 profilácticos y 175.000 paquetes de lubricante.

Sin embargo, Tokio 2020 parece que va a marcar un parón en esa tendencia a la alta. Las medidas para evitar contagios por coronavirus y el diseño de la Villa Olímpica no se lo van a poner fácil a los cerca de 10.000 que están llegando estos días a la capital nipona para los Juegos de la pandemia. (Consulte aquí el calendario completo de los Juegos de Tokio)

Las camas de la polémica

En Tokio, el Comité Organizador tiene previsto repartir 150.000 preservativos, aunque pidió ya a los atletas que no los usen durante su estancia en Japón para prevenir nuevos contagios. «El objetivo no es que los usen en la Villa Olímpica, sino que pediremos a los atletas que se los lleven de vuelta a sus países de origen para cooperar en concienciación de las ETS y de su erradicación”, señaló recientemente el director de la Villa Olímpica, Takashi Kitajima.

Y a pocos días de la ceremonia de inauguración se desempolvó una antigua noticia sobre las camas de la Villa Olímpica. Se sabía desde enero de 2020, antes de que estallara la pandemia, que las camas de la Villa iban a ser de cartón. En ese momento pasó desapercibido y ahora, según se acerca la cita, los focos se han puestos sobre los somieres y los colchones.

El maratoniano Paul Chelimo fue quien reavivó el tema con un tuit el 17 de julio. «Las camas instaladas en la Villa Olímpica de Tokio estarán hechas de cartón para evitar que los atletas intimen», escribió el estadounidense de origen keniano. Y las redes comenzaron a arder con las «camas antisexo», como se han bautizado.

La empresa que ha fabricado las 18.000 camas y colchones -unos 8.000 serán para los Paralímpicos de agosto- es Airweave y según el directo de la Villa Olímpica «son más resistentes que las de madera». De acuerdo al fabricante, pueden soportar unos 200 kilos.

El gimnasta irlandés Rhys McClenaghan, candidato a medalla, se encargó de comprobarlo nada más llegar a la villa olímpica. Se grabó con el móvil saltando encima de su cama. «Son fake news«, señaló el atleta. La cuenta oficial del Comité Olímpico Internacional le respondió: «Gracias por derribar el mito».

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