Eteri Tutberidze es la artífice de la dinastía de adolescentes que han dominado en la última década el patinaje artístico, hermano invernal de la gimnasia como grandes orgullos del deporte ruso. Es la mano que mece la cuna del Sambo-70, el legendario club de hielo de Moscú del que en los últimos años han salido las patinadoras más prodigiosas de la historia. Las primeras en aterrizar saltos cuádruples cada vez más espectaculares, cada vez más imbatibles, cada vez más pronto. Rusia aspira a copar este jueves el podio completo de la prueba femenina de los Juegos de Pekín 2022 con Kamila Valieva -15 años-, Anna Shcherbakova -17- y Alexandra Trusova -17-. ¿Prodigios precoces? Lo más probable es que sean sus primeros y sus últimos Juegos Olímpicos.

«Las niñas deben aprender saltos cuádruples jóvenes, cuando todavía son ligeras y ágiles», dijo la entrenadora en una entrevista en el año 2018. Ese es el método Tutberidze. Sus patinadoras aprenden estas técnicas a base de un entrenamiento muy exigente que se intensifica a los 13 años. Están listas para competir a nivel senior alrededor de los 15 y la propia dureza de la preparación, las lesiones o la competencia de las nuevas hornadas hace complicado que resistan en la élite más allá de un ciclo olímpico. Los 17 años tienden a ser la barrera.

Nadie en el resto del mundo fuerza a las patinadoras tan pronto. Y muy pocas lo resisten. Yulia Lipnitskaya dejó a su entrenadora con 17 años, tras ser campeona de Europa y subcampeona mundial, para acabar retirada con problemas de lesiones y anorexia. La campeona mundial y plata olímpica Evgenia Medvedeva también la abandonó.

Eteri Tutberidze observa un entrenamiento de Kamila Valieva en Pekín. Foto: EFE

Tampoco nadie obtiene los mismos resultados. En la final de este jueves en Pekín (a partir de las 11:00 hora española, Eurosport) ninguna de las otras 22 competidoras incluirá saltos cuádruples en sus ejercicios.

Sólo las rusas. Kamila Valieva hará tres. Shcherbakova intentará uno. Y Alexandra Trusova, que parte en 4ª posición tras un problema en la calificación, incluirá nada menos que cinco quads en su coreografía para quitarse de enmedio a la japonesa Sakamoto -21 años- y lograr el ansiado podio monocolor. Ella fue la gran pionera de este tipo de saltos, con una actuación monumental poco después de los Juegos de PyeongChang 2018, cuando solo tenía 13 años.

El caso de Trusova es singular. Dejó el equipo de Tutberidze en 2020 para unirse a su rival, Evgeni Plushenko, pero un año después regresó con su antigua mentora. «Esperamos que todas las promesas que le ha hecho la ‘nueva vieja escuela’ se cumplan», se despidió de ella el entrenador.

Las patinadoras rusas viven una rueda interminable y paradójica. La edad se atropella con el talento. Valieva será este jueves la primera olímpica de la historia que logre la combinación cuádruple toeloop-euler-triple salchow, con 15 años. Pero su sucesora, Sofia Akateva, ya lo logró en diciembre en una competición júnior con 14 primaveras. Una sucesora que quizá nunca llegue a brillar del todo. Con 14 años es demasiado joven para competir en estos Juegos. Y en Milán 2026 ya tendrá 18 y quizá sea demasiado mayor para los estándares rusos. Habrá otras que ahora tengan entre 11 y 13 años y llegarán a esa cita en el momento ideal del método Tutberidze.

Ese es el trasfondo de presión del escándalo Valieva, el triste protagonista extradeportivo de los Juegos de Pekín. La joven rusa testó positivo en un control antidopaje en el campeonato nacional ruso el pasado 25 de diciembre. Saltó el pitido de la trimetazidina, un fármaco contra las anginas de pecho prohibido a los deportistas desde 2014. El medicamento sólo se receta a mayores de 18 años. La excusa del entorno de la deportista es que se pudo contaminar al compartir vaso con su abuelo, que toma la medicación. Desde Estados Unidos han surgido informaciones en las últimas horas que aseguran que también se han detectado en las pruebas de Valieva hipoxeno y l-carnitina, sustancias legales pero cuyo efecto positivo en combinación con la trimetazidina sí está estudiado.

El culebrón Valieva en Pekín 2022

Rusia arrastra la mancha del dopaje de Estado desde Sochi 2014, y compite en los Juegos Olímpicos con las siglas ‘ROC’, sin himno ni bandera. Por eso tuvo que someter el positivo detectado en San Petersburgo a un contranálisis de la Agencia Mundial Antidopaje. El laboratorio se lo tomó con calma y no confirmó el resultado hasta el 8 de febrero. Para entonces Valieva ya había competido en Pekín y ganado el oro por equipos.

Las autoridades antidopaje rusas cumplieron el protocolo y sancionaron provisionalmente a la patinadora. Pero ésta recurrió y las mismas autoridades que la sancionaron le levantaron el castigo antes de 24 horas. El sainete despertó la indignación del Comité Olímpico Internacional, la Agencia Mundial Antidopaje y la Federación Internacional de Patinaje. Las tres recurrieron para mantener en vigor la sanción de Valieva y que no pudiese participar en la competición individual. El Tribunal de Arbitraje Deportivo, sin embargo, dio la razón a Rusia y a Valieva y la permitió seguir en competición.

Los argumentos se basan en que Valieva es menor de 16 años y debe estar especialmente protegida. Subrayan que en los controles olímpicos Valieva no ha dado positivo y que una exclusión provisional supondría un perjuicio irreparable a su carrera ante un positivo en circunstancias aún por aclarar. El COI acató la decisión pero no celebrará ninguna ceremonia de entrega de medallas en la que ella participe. Y sus rivales montaron en cólera por lo que consideraron una injusticia que rompe la igualdad de las reglas para todas las participantes.

Un símbolo para Moscú

Para el olimpismo, Valieva es un engorro. Y para Rusia, un símbolo y un orgullo. Moscú y San Petersburgo se han llenado estos días de enormes carteles de apoyo a la patinadora. Murales, graffitis, fotos en marquesinas, reportajes en prensa y televisión. El orgullo de un país inmerso en plena tormenta geopolítica recae de pronto sobre los hombros de una niña de 15 años sobre la que pesa, además, una acusación de dopaje.

La defensa es férrea pese a que la ausencia de Valieva no habría puesto en cuestión el oro ruso con Trusova o Shcherbakova. Sólo hay ojos para ella.

«Kamila, estamos contigo» es el mensaje que se puede leer en todas estas muestras de apoyo callejero, absolutamente alineadas con el mensaje oficial del Kremlin. «Le decimos a Kamila: no ocultes la cara, eres rusa, mantente siempre orgullosa y, lo más importante, compite y gánales a todos», fue la reacción oficial de la portavocía de Putin tras conocerse el positivo de Valieva.

«Un malentendido», se apuraron a sentenciar mientras su entrenadora, Tutberidze, ponía la mano en el fuego por que su patinadora estaba «limpia» y «es inocente».