Las mujeres habían encontrado en Jean Pierre Renoir (1841-1919) su forma de ser. A finales del siglo XIX los cambios sociales las convirtieron en ciudadanas de primera, dotándolas de cierta independencia de la que hasta entonces carecían. El pintor francés vio en ellas el porqué de su obra y las retrató con la fuerza de quien se sabe admirado. Su reflejo de esas mujeres le convirtió en poco tiempo en uno de los grandes del Impresionismo. Su concepto del sexo femenino le encumbró como el pintor de la parisina moderna, como el verdadero feminista.

Pero no tuvieron que pasar muchos años para que Renoir empezara a despojar a estas chicas de ropa y de acción. Les quitó la esencia de la época, la libertad conquistada y las devolvió, desnudas y curvilíneas, al clasicismo. El cambio de relación de Renoir con las mujeres provocó controversias. Sus compañeros vieron en su evolución una involución, una búsqueda de algo nuevo en un género, el clasicismo, que consideraban manido. No había marcha atrás, Renoir había viajado a Italia y los pintores renacentistas le habían robado la espontaneidad para darle perfección y nitidez a cada una de sus pinceladas.

La Fundación Mapfre expone ahora, y hasta el 14 de enero en la sala Garriga i Nogués de Barcelona, una muestra que bajo el título Renoir entre mujeres analiza la evolución del pintor impresionista y que pretende indagar en la temática de cada una de sus etapas. Empiezan por el principio, con el reflejo de la modernidad de sus primeros lienzos, y terminan con Les baigneuses de 1919, su último cuadro en el que la voluptuosidad, el paisaje y el movimiento nos devuelven a otra época y conforman el testamento pictórico que pretendía dejar el pintor.

1. RENOIR

‘Bal du moulin de la Galette’, 1876.

Bal du moulin de la Galette, el lienzo más famoso del francés que resume el espíritu del París de aquella época, es el centro de la muestra. El cuadro sólo ha abandonado cinco veces el Museo de Orsay y la primera vez que lo hizo fue rumbo a Barcelona hace exactamente 100 años. Bal du moulin de la Galette refleja uno de los típicos bailes que se celebraban a menudo en el barrio de Montmartre, que en aquella se consideraba las afueras de la ciudad. Este mismo merendero, donde se organizaban comidas y fiestas, fue pintado por otros artistas de la misma generación que Jean Pierre.

3. RENOIR

‘Femme nue dans un paysage’, 1983.

“Dudo que ningún pintor haya interpretado nunca a la mujer de un modo tan seductor. Su pincel rápido y ligero confiere la gracia, la soltura, el abandono, hace la carne transparente, colorea las mejillas y los labios con un encarnado brillante”, escribió el periodista y crítico de Arte Théodore Duret sobre los cuadros de Renoir a principios de 1900. Femme nue dans un paysage, que se puede ver en esta exposición, da fe de estas palabras. 

4. RENOIR

‘Maternité’, 1885.

Otras de las secciones de Renoir entre mujeres muestra el lado más familiar del pintor francés. «Cuando tuvo su primer hijo empezó el cambio. Dejó de retratar a la mujer moderna y se centró en las campesinas, con otra vestimenta, otros valores…», explica Pablo Jiménez, director cultural de la Fundación Mapfre. Maternité, de 1885, es uno de los cuadros que forman parte de este periódico intermedio de Renoir.

5. RENOIR

‘Madame Darras’, 1868.

Muchas de sus modelos eran conocidas o amigas del pintor. Madame Darras, a la que pintó en varias ocasiones, era la mujer de un militar que no veía con buenos ojos las quedadas de su mujer con el impresionista (las malas lenguas decían que Renoir intentaba conquistarla cada vez que ella posaba para él). Este lienzo pertenece a su juventud, en la que todavía andaba buscándose en cada pincelada.

6. RENOIR

‘Gabrielle’, 1906.

El caso de Madame Darras se repite en Gabrielle. Esta joven curvilínea era la prima de la mujer de Renoir y se trasladó a vivir con ellos al poco de nacer el primer hijo del matrimonio. La retrata en varias ocasiones, pasando de escenas familiares a lienzos más sugerentes como el de la fotografía superior. En esta época, terminó esta obra en 1906, el cambio del pintor ya era irreversible y él era plenamente consciente de su intención pictórica.

2. RENOIR

‘Les baigneuses’, 1918-1919.

Les baigneuses es el último cuadro de Jean Pierre Renoir. En él, el pintor francés hace su testamento pictórico y consigue la plenitud en el estilo en el que llevaba trabajando durante las últimas décadas. Este lienzo cierra la exposición de Barcelona y nos zambulle en todas las características del considerado el último impresionista.

Renoir: admirado y denigrado

Su relación con las mujeres, su cambio de estilo y las críticas de sus coetáneos se analizan en el documental Renoir: admirado y denigrado, dirigido por Phil Grabsky. El director se basó en las 181 obras que la Fundación Barnes tiene del pintor y con ellas intenta indagar en el cambio que el francés sufrió después de viajar a Italia, tras observar en el Renacimiento un arte más sólido, un dibujo más perfecto. A través de la voz de grandes críticos del arte, Grabsky pretende comprender a Renoir y saber el porqué de su evolución y, sobre todo, el porqué de su obsesión por la perfección en una época en la que se el desorden ordenaba los estilos.