Hace 15 años, Daniel Sempere visitó por primera vez el Cementerio de los Libros Olvidados. Lo hizo entre el miedo y el misterio, y le llevó a una de las aventuras más leídas del mundo. Ahora, Carlos Ruiz Zafón ha cerrado el círculo de esta historia -«que no tiene principio ni final, sino distintas puertas de entrada», afirma el propio autor- con El Laberinto de los Espíritus, la cuarta entrega de la saga que él mismo ha definido como un homenaje al placer de la lectura. Saga que inició con La Sombra del Viento y que durante 15 años ha recreado la Barcelona gótica de la posguerra con El Juego del Ángel y El Prisionero del Cielo.

Cuatro novelas con las que Ruiz Zafón asegura haber intentado crear la «novela total», un compendio de todos los géneros narrativos que, desde luego, ha convencido al público. Así, si la primera entrega fue la obra de aprendizaje y en El Juego del Ángel apostó por la novela gótica, El Prisionero del Cielo era esencialmente una de aventuras.

Pregunta.- ¿Cierra la narración con El Laberinto de los espíritus?

Respuesta.- Sí, la del Cementerio de los Libros Olvidados, con un gran final en el que todos los elementos, tramas, personajes e hilos de los tres libros anteriores quedan atados. Donde todo cuadra al fin, todas las incógnitas quedan resueltas y llegamos al fondo de la historia.

[Una historia que, sólo con La sombra de viento, ha vendido más de 10 millones de ejemplares en 36 países y por la que desfilan personajes que son ya viejos conocidos de los lectores de Zafón, como el villano Mauricio Valls o Fermín Romero de Torres]

P:- En el caso del protagonista de la primera entrega, Daniel Sempere, su desconcierto viene dado por un enigma. ¿Cuánto pesa el secreto en la vida de los personajes de esta nueva novela?

R:- El secreto, los anhelos y pasiones que enterramos en nuestra mente, pesan para todos. Daniel es un hombre que tiene que convivir con una tremenda sombra que está creciendo en su interior y que alimenta un deseo de venganza. Su dilema, esa lucha contra las heridas de la vida, es un poco el dilema de muchas personas, de muchos personajes. Con permiso de Alicia Gris, la principal novedad de El Laberinto de los Espíritus, «mi personaje favorito es Fermín Romero Torres, el que tiene más de mí», confiesa Zafón. Ella es una mujer que «no es precisamente una florecilla del bosque», y que le permite cerrar el universo de libros contados a través de otros libros, desde que Daniel Sempere descubre La Sombra del Viento y empieza a rastrear la historia de Julián Carax, otra de las criaturas predilectas de Zafón.

[Lo que no encontrará el lector en esta obra es una «verdad universal» como conclusión del relato. Ruiz Zafón se declara poco amigo de las grandes certezas. «Prefiero hacer muchas preguntas. Una novela quiere comunicar muchas cosas, si me tengo que quedar con una, sería sobre todo que el lector se cuestione la realidad. Todos tenemos un cerebro y lo tenemos que usar, cuestionarnos las cosas y llegar a nuestras propias conclusiones. Si hay que cometer errores, que sean los nuestros]

P:- La figura del diablo toma fuerza en las páginas de El laberinto de los espíritus, ¿qué le seduce de esa figura? ¿Qué pretendía comunicar?

R:- El diablo es un personaje literario fascinante, quizás el que más, porque tradicionalmente nos ha permitido atribuirle todo aquello que nos negamos a reconocer en nuestra propia naturaleza. Esa condición del «otro», del reflejo de nosotros mismos que no queremos ver, le convierte en un personaje impagable.

P:- En él hay una duplicidad: verdad y mentira, vida y muerte, pasión y frialdad. ¿Juega con esos ingredientes?

R:- Por supuesto. El diablo, entre muchas cosas, es el príncipe de las mentiras. Prácticamente casi todo «mal» nace con la falsificación de la realidad y la destrucción de la verdad para servir a turbios intereses.

[La saga de El Cementerio de los Libros Olvidados le ha convertido en el autor español más leído en todo el mundo después de Cervantes –según sus editores- y el protagonista de un auténtico universo online, donde las citas de sus libros se reproducen de forma casi infinita -2.750.000 de tweets del autor o su obra por semana o 7 millones de usuarios que comparten cada una de las citas de sus obras-. Ahora «ha llegado el momento» de poner el broche a ese universo, como reza la potente campaña de lanzamiento orquestada para esta última entrega. Su editor quiso celebrarlo por todo lo alto en Barcelona, en el sentido metafórico y el literal, porque esta última entrega se lanzó desde la Basílica del Sagrado Corazón, en lo más alto del Tibidabo. Con la carretera de Vallvidrera y las señoriales torres de la Avenida Tibidabo que Daniel Sempere recorría a sus pies, Carlos Ruiz Zafón presentó El Laberinto de los Espíritus como su libro «más difícil», por lo menos en lo que a su elaboración corresponde. «La literatura es una amante cruel, tú te entregas a la literatura pero ella no se entrega a ti” añadió, aunque reconoce que esa amante ingrata ha sido inusualmente generosa con él.]

P:- La necesidad de formular mundos nuevos, ¿es una vía de escape?

R:- Creo que es más un modo de analizar, reflexionar y fábula sobre la realidad que nos rodea. El acto de la lectura es un acto de interpretación y reflexión en sí mismo. El único modo de escapar a la realidad es no pensar. Leer, por la propia naturaleza del proceso, despierta la mente.

[Del éxito obtenido aprecia Zafón la seguridad y la libertad que proporciona, y denosta el recelo y el rechazo que provoca en algunos. Pero advierte que ese universo de tweets y citas online que ha catapultado su obra no es más que un nuevo modo de comunicación. «Un tweet no tiene alma», advierte, tras lamentar que «vivimos prisioneros del síndrome del fin de los tiempos».]