Con más de 30 años de carrera a sus espaldas, la actriz argentina Mercedes Morán (Concarán, 1955) pasea ¡Ay, amor divino!  por el escenario de los Teatros del Canal, un «optimista» monólogo sobre su propia vida que dirige su compatriota Claudio Tolcachir. «En este espectáculo hago un viaje por mi vida y con él lo que pretendo es que los espectadores, al salir, emprendan su propio viaje», explica la actriz nerviosa días ante su debut en España.

Pero el nervio que siente la intérprete con motivo del estreno de este espectáculo -que estará en cartel en Madrid hasta el 8 de enero- es «lindo, sano y, también, refrescante», ya que le permite «volver a sentir todo ese vértigo como si fuera la primera vez».

En ¡Ay, amor divino!, cuyo texto es, a la vez, su estreno como dramaturga, Morán se «desnuda» hablando de ella misma, sin «personaje» ni «disfraz», evocando distintas historias de su trayectoria vital, desde su infancia hasta la actualidad. Su infancia en Concarán; los peores años de la dictadura militar que le «atravesaron» en su adolescencia; su relación con sus padres, su inicio en el mundo del teatro, o sus experiencias sexuales son algunos de los episodios vitales que repasa en la obra.

El común denominador de todas las historia que narra la obra es el amor

El común denominador a todas las historias que se suceden en este montaje es, asegura la actriz, «el amor en todas sus manifestaciones», desde el que experimenta «una niña hacia Dios», hasta el que vive una joven por «el primer chico real», pasando también por los vínculos familiares o la admiración por un héroe televisivo. «Cuando tuve escritas todas la historias que quería contar me di cuenta de que siempre aparecía el amor como elemento que me rescataba, me hundía, me salvaba, me ponía feliz o me hacía llorar», rememora Morán.

Otro de los temas sobre los que reflexiona en su ¡Ay, amor divino! es el paso del tiempo. Y es que a la argentina no le gusta «anclarse» en el tópico de que «todo tiempo pasado fue mejor» porque, a su juicio, esa forma de pensar es una «trampa creada por la melancolía» de la que ella quiere escapar. «Intento pensar que lo mejor está por venir», dice la actriz, cuyo optimismo vital es perceptible en este montaje en el que, aunque hay momentos «conmovedores», priman los humorísticos. Morán espera que el público salga de los Teatros del Canal con la sensación de «haberse divertido y emocionado con algún recuerdo despierto que creían haber olvidado».

Hacelo como en el salón de tu casa pero sin llevarte los muebles por delante»

El encargado de dirigir este ¡Ay, amor divino! es el argentino Claudio Tolcachir, que goza de gran popularidad y reconocimiento en España, algo que aporta «mucha seguridad» a la actriz, que define como «fantástica» la experiencia de trabajar con él y confía en su «talento» y en su forma de «leer» el humor. «Hay un entendimiento profesional muy grande entre los dos, somos muy amigos, nos queremos, nos admiramos y nos une una corriente de honestidad muy grande», explica Morán, que ya había colaborado con Tolcachir en otros dos proyectos antes de este.

En este nuevo montaje, estrenado en Argentina hace seis meses, la intérprete sigue los consejos de la actriz y directora uruguaya China Zorrilla (1922-2014), uno de sus «referentes fundamentales» con quien tuvo la «fortuna» de trabajar en el cine, el teatro y la televisión y de conquistar una «profunda» amistad. Ella, ha recordado Morán, le decía siempre «hacelo como en el salón de tu casa, pero más fuerte y sin llevarte los muebles por delante», un consejo que a buen seguro será útil para Morán cuando se enfrente cada tarde a un auditorio español.