Es el director de una de las compañías más polémicas e irreverentes del panorama de la escena. En 2012, Ramón Fontserè recogió el testigo de Albert Boadella y desde entonces dirige Els Joglars, la compañía teatral fundada hace 55 años por el ex director de los Teatros del Canal de Madrid. Su presencia como actor en la compañía ha sido imprescindible. Fontserè brilla en montajes como  El Nacional (1993), Ubú president (1995), Daaalí (2001) o En un lugar de Manhattan (2007). Como director, Ramón Fontserè prometió mantener vivo el espíritu de Els Joglars y no desviarse de sus señas de identidad, ni de su ADN. “La sátira te permite decir cosas que de otro modo no podrías”, confiesa Fontserè mientras visita la redacción de El Independiente acompañado por Pilar Sáenz y Dolors Tuneu.

El paro, los toros, el medio ambiente, el cambio climático o la educación han sido temas que la compañía ha abordado en sus montajes con la intención de protestar ante realidades candentes. Para celebrar su 55º aniversario, Els Joglars bucea en el universo del periodismo con Zenit. Dirigida y protagonizada por Ramon Fontserè, autor también de la dramaturgia, junto a Martina Cabanas, e interpretada por Juan Pablo Mazorra, Julián Ortega, Pilar Sáenz, Dolors Tuneu y Xevi Vilà, la obra regresa a los escenarios madrileños y recala en el Teatro Amaya del 10 al 25 de mayo, tras alcanzar un rotundo éxito en el María Guerrero.

Zenit se presenta como una crítica a la situación de los medios de comunicación

«¿Es cierto que mostró sus genitales a menores?» «¿Cómo lleva su incipiente cirrosis?», preguntan unos reporteros a un supuesto famoso. En ese instante un aviso al móvil alerta a los periodistas. «Messi se ha rasurado el pubis», grita uno de ellos. Inmediatamente el famoso deja de tener interés, todos le abandonan en busca del nuevo cebo.

De la mano de la ironía, el sarcasmo y el análisis, Zenit se presenta como una crítica a la situación de los medios de comunicación. Entre líneas hay mucho más. Fontserè presenta un texto y un montaje que parece escrito desde dentro de la profesión, con la decana pluma de quien ha podido vivir el ascenso y caída de la profesión. No olvidemos que estamos hablando del cuarto poder. “Hemos hablado con muchos periodistas para sacar adelante este montaje. Más que una crítica creo que es un homenaje a una profesión difícil y admirable, sobre todo en los tiempos que vivimos. Si tengo algo claro es que es vocacional, como lo es la escena, por ejemplo. Zenit es un canto al periodismo. Ahora bien, es una loa a ese periodismo ético, serio y de investigación. Ese que está ferozmente amenazado. Ahora parece haberse convertido en una máquina voraz, en un negocio del mero entretenimiento. Importa más que se viralice un vídeo que la información y el análisis riguroso”.

Zenit

Un momento de la representación de ‘Zenit’.

«¿De qué estamos hablando, de periodismo o de entretenimiento?», pregunta el viejo periodista que interpreta Ramón Fontserè en una escena de Zenit.

Para el director, la responsabilidad de la situación en la que se encuentran los medios de comunicación es compartida. “Creo que tanta culpa tienen los medios como los lectores, unos y otros se retroalimentan en una vorágine diabólica y, para colmo, las nuevas tecnologías  han desbordado la situación. En este periodismo no importa la moral ni la ética, la finalidad es calmar la avidez y glotonería de la masa, presentada como una devoradora pantagruélica de información fresca y renovada constantemente”.

En este periodismo no importa la moral ni la ética»

Sostiene Fontserè que las redes sociales se han convertido en instrumentos valiosos para los periodistas y para los lectores. “Hay que saber utilizarlas, hay que evitar que se afiance la idea de que cualquiera con un teléfono puede ser un periodista. Además, no podemos dejarnos dominar por la tiranía del exceso de información. Hoy los medios buscan audiencia a costa de lo que sea y lo que impera es la inmediatez, las prisas. Zenit es una reflexión en torno a lo que sucede. Para que no olvidemos que el periodismo es un pilar imprescindible de la democracia. Que sin periodismo no hay democracia”.

Fontserè, en su crítica habla de medios de comunicación, pero ha elegido centrar la trama de Zenit en la prensa de papel “porque la deriva queda más patente en los diarios, que son el origen, y donde el impacto de la lucha por el clic en internet es brutal”.

Ramón Fontserè se mete en la piel de un periodista senior al que las nuevas tecnologías están aparcando en un segundo plano, inconformista por naturaleza, entra en conflicto con la dirección y con el resto de sus colegas. “Martín no es un héroe romántico, no es trigo limpio. Es un hombre que está a medio camino entre dos épocas, que cuestiona la voracidad, que pide calma”, concluye.