En el año 2000 se inauguró un enorme centro de trabajo en medio de California, en una localidad casi perdida de la que el común de los mortales no ha oído hablar. El nombre de Emeryville no les sonará demasiado, es un pequeño pueblo de alrededor de 10.000 habitantes que se sitúa en el centro del condado de Alameda, en el oeste de EEUU. La compañía que trasladó allí su cuartel general sí les resultará familiar, sobre todo si les decimos que es responsable de creaciones como Toy Story, Bichos o Buscando a Nemo. Son películas de la factoría Pixar.

Pixar nació en el año 1979, todavía lejos de Emeryville, bautizada por entonces como The Graphics Group. En sus orígenes estuvo a punto de pasar a formar parte de gigantes como General Motors o Philips, que querían derivar la actividad de la compañía, por entonces una pata del entramado Lucasfilms, hacia el diseño de coches o la tomografía, respectivamente.

Tanto el gigante del motor como la compañía electrónica quedaron cautivados por las escenas de la génesis en Start Trek: la ira de Khan, estrenada en 1982. Sin embargo los directivos de The Graphics Group querían ser los primeros en hacer una película animada digitalmente, y decidieron rechazar los cantos de sirena y negarse a vender. No fue una mala idea.

En el año 1989 sus ambiciones quedarían reforzadas con la compra por parte de una leyenda. Steve Jobs, que acababa de salir escaldado de Apple Computer, decidió invertir cinco millones, más otros cinco que aportó al capital social, para quedarse con lo que ya era Pixar.

Bajo el mandato de Jobs, que dejó hacer a los directivos, la empresa se estableció de manera independiente, ya lejos de la sombra de Lucasfilms, y comenzó a desarrollar su actividad con 40 empleados. Sus aspiraciones iban por buen camino, como demostró el Oscar que se llevaron en 1988 por el cortometraje animado Tin Toy.

Sin embargo, el éxito profesional no siempre viene acompañado del económico. Las cuentas no salían y Jobs tuvo que hacer algunos recortes de personal y de gastos, por la situación complicada que vivía la compañía. Por suerte para ellos, Disney llegó al rescate con un acuerdo para crear tres películas a cambio de 26 millones de dólares, 23 millones de euros. Este pacto dictaba que Pixar daría vida a las películas y que Disney se encargaría de producirlas, promocionarlas y distribuirlas, a cambio de la mayoría de los ingresos y de las licencias de merchandising.

Época dorada

Ahí comenzó a darse forma a la gran franquicia de Pixar. El corto Tin Toy acabaría siendo una película bautizada como Toy Story. Era el año 1991 y todo funcionaba sin problemas, pero cuatro años después los problemas económicos volvieron a la carga y Jobs se planteó venderle el estudio a Microsoft. Tuvo que ser The New York Times el que le hiciera cambiar sus planes. El diario neoyorquino publicó un artículo afirmando que Toy Story iba a ser la película del año y Jobs lo paró todo. Tomó el cargo de presidente y decidió darle el impulso definitivo a su estudio.

El 22 de noviembre se estrenó en los cines Toy Story y el 30 del mismo mes Pixar hizo su debut en bolsa, prácticamente doblando el precio de sus acciones en el primer día de negociación bursátil. La cinta protagonizada al alimón por Buzz Lightyear y Woody recaudó 373 millones de dólares, casi 335 millones de euros, dando comienzo a la época dorada.

Las películas que ponía en el mercado Pixar recibían las alabanzas de la crítica y del público, que acudía en masa a las salas. Ninguna película del estudio ha recaudado menos de 300 millones de dólares, más de 268 millones de euros, y un par de ellas han conseguido superar los mil millones en los cines de todo el mundo.

El primer traspiés de Pixar fue Cars, estrenada en 2006, que rompió con la racha de megaéxitos de crítica que inició la segunda parte de Toy Story, en 1999, y continuaron después Monstruos SA, Buscando a Nemo y Los Increíbles. Todas ellas recaudaron más de 500 millones de dólares, casi 450 millones de euros, y la aventura del pez payaso buscando a su hijo alcanzó los 940 millones de dólares, más de 840 millones de euros.

Comparando la buena marcha de Pixar con la de su división de animación, en horas bajas, Disney decidió apostarlo todo a una carta y en el año 2006 compró el estudio por 7.400 millones de dólares, más de 6.600 millones de euros. La jugada le salió bien.

Cambio de rumbo

Pese a que Disney decidió dejar que Pixar mantuviera una relativa independencia, lo cierto es que parece haber fagocitado las ideas de sus creativos y las ha entregado a sus propias películas. Sólo así se explica el cambio de rumbo en los premios recibidos por las cintas de los respectivos estudios que, por mucho que compartan matriz, pelean por anotarse cada año el Oscar a la mejor película de animación.

Desde el año 2003 la competición es desigual: ambos estudios han logrado 10 nominaciones, pero Pixar se ha llevado la estatuilla a casa en 8 ocasiones mientras que Disney apenas ha conseguido ganar tres veces. Y todas ellas han sido en los últimos cuatro años.

En ese 2003 Pixar se llevó el Oscar en este apartado por Buscando a Nemo y hasta 2009 repitió galardón en cuatro ocasiones más, cerrando la década con el premio para Up. Entre 2010 y 2016 apenas ha logrado hacerse con este prestigioso reconocimiento en tres ocasiones, la última de ellas en 2015 con Inside Out.

Esa ha sido la única vez desde 2013 que a Disney se le ha escapado el premio. En esa edición la gran triunfadora fue Frozen, que además destrozó la taquilla con una recaudación de 1.276 millones de dólares, más de 1.140 millones de euros, y ha supuesto una inyección económica tremenda para el estudio. Las ventas de merchandising han ido como un tiro.

En 2014 el triunfo para Big Hero 6, más discreto en taquilla con 657 millones de dólares, casi 590 millones de euros, mientras que en 2016 los honores fueron para Zootopia, que también fue un gran éxito en las salas rebasando los 1.020 millones de dólares, más de 910 millones de euros.

Disney no podía competir con el imperio que hace ya décadas comenzó a construir Steve Jobs. «Disney estaba desmoralizada e iba de fracaso en fracaso. Ahora tiene éxito. Mientras, en Pixar hay grandes problemas de los que hay que ocuparse». Son palabras de Edwin Catmull, cofundador y actual presidente de Pixar. Buena radiografía.