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Chemsex: las drogas que se usarán en el World Pride

Es el gran tabú, el argumento que se esconde para, supuestamente, no estigmatizar el World Pride de Madrid. Meses después de cada celebración del Orgullo, los centros de salud experimentan un repunte en las enfermedades de transmisión sexual (ETS).  “Es un hecho que vamos comprobando año tras año. Este año pasará lo mismo”, afirma Jorge del Romero, director del Centro Sandoval de Madrid, especializado en salud sexual. Que en la gran fiesta LGBTI hay poca atención a la prevención es una opinión compartida en el mundo de los profesionales sanitarios.

“El World Pride ha sido una ocasión perdida para poner el foco sobre el chemex. Una práctica que consiste en el uso de drogas durante los encuentros de sexo en grupo. Un fenómeno cada vez más común entre la población homosexual y que está provocando un repunte de todo tipo de ETS”, denuncia el especialista en enfermedades infecciosas Pablo Ryan, del Hospital Infanta Leonor en la capital.

“Sexo y drogas siempre han ido de la mano, pero no es lo mismo tomarse dos copas que usar sustancias como la mefedrona, el GHB, cuatromec o la metanfetamina. A menudo se toman en combinación entre ellas, algunas se inyectan por vía intravenosa y crean dependencia muy rápidamente”, dice Helen Dolengevich, psiquiatra de la ong  Apoyo Positivo.

De la diversión a la adicción

Es viernes por la tarde en el parque del Retiro de la capital. En un rincón un grupo de chicos de diferentes edades hace deporte sin parar. La mitad de ellos práctica con frecuencia el chemsex. “Intentamos que las personas aprendan a  conocerse y disfrutar de otro tipo de diversión sin el aporte de las sustancias. Aquí está prohibido hablar de drogas. ” explica Jorge Alonso, responsable del programa de ocio del a ong Apoyo Positivo. No todos tienen la misma suerte.

El sofá de la sala de espera en la sede de Apoyo positivo se ha convertido en punto de partida de todos los que intentan dejarlo. La mayoría son jóvenes entre los veinte y los cuarenta, con una buena educación y nivel económico alto. No todos se consideran homosexuales pero sí todos practican sexo con otros hombres. Les unen las apps de citas, donde compran las drogas y buscan las sesiones de sexo en fiestas privadas o en saunas. Encuentros que pueden llegar a prolongarse a lo largo de varios días. Es ahí cuando todo empieza a romperse. Cuando se olvidan de ir a trabajar y pierden el empleo. O cuando se asustan porque no se acuerdan que han hecho y con quienes. Conductas descontroladas que asustan a los mismos usuarios. Es entonces cuando tocan al timbre de Apoyo Positivo.

Son estimulantes muy potentes, incrementan la duración y la potencia del deseo sexual

Por la consulta de la psicóloga Lorena Ibarguchi pasan una decena de pacientes cada semana. “Traen mucha angustia. Tienen la lucidez de ver que están perdiendo el control sobre su vida pero no pueden dejarlo por la adicción a las sustancias. Son jóvenes que no aceptan su homosexualidad o haber contraído el VIH. Se sienten muy solos”, comenta Ibarguchi.

Las drogas que se usan en el chemsex son estimulantes muy potentes: incrementan la duración y la potencia del deseo sexual. Pero por otro lado provocan impotencia y se suelen tomar en combinación con viagra. Hay personas que se dan cuenta del problema antes de desarrollar una toxicomanía, pero no todos lo consiguen. “Las personas que atendemos a menudo sufren un trastorno mental no diagnosticado, como depresión grave o de falta de autoestima. Esto les hace más vulnerables a desarrollar una adicción. Afortunadamente no todos tienen estos rasgos”, añade Dolengevich.

A más drogas, más enfermedades

No es solo la droga. El chemsex tiene un impacto epidemiológico muy grande. El doctor Pablo Ryan ha dirigido junto con Apoyo Positivo el estudio “Sexo droga y tú” sobre la incidencia del chemsex en la población española a lo largo de 2016. “La mitad de las personas que practica chemsex ha contraído el VIH, el 10% la hepatitis C. Más de un tercio se ha infectado sífilis o gonorrea. En algún caso más de una vez”, comenta Ryan.

Sin embargo no se trata de un fenómeno nuevo. Apareció por primera vez en Reino Unido en 2010 y se rodó incluso un documental sobre esta práctica. En España las primeras alarmas saltaron en 2015, desde entonces la situación no ha parado de empeorar. “Las instituciones están reaccionando lentamente. En esta batalla las ong están en la primera línea”, explica la psicóloga e investigadora Alicia González, que con Lorena Ibarguchi dirige el programa de Apoyo Positivo de atención a personas que practican chemsex, en coordinación con las clínicas que tratan enfermedades de transmisión sexual y los centros de drogodependencia de Madrid.

A veces no recuerdan quién les ha inyectado drogas o si han abusados de ellos

El Centro de atención a la Drogodependencia (CAD) del distrito madrileño de Arganzuela ha sido uno de los primeros en activarse para tratar las personas adictas al chemsex. “Se trata de conductas muy gravosas. Muchos son capaces de controlar las sustancias y prevenir enfermedades. Pero otros pacientes pueden llegar a sufrir sobredosis y brotes psicóticos que necesitan ingreso hospitalario. A veces no recuerdan quién les ha inyectado drogas o si han abusado de ellos durante las sesiones”, explica la  doctora Molina.

La recuperación no es fácil ni rápida. Primero porque estos tipos de sustancias están muy disponible por internet. Segundo, porque no existe un tratamiento sustitutivo como la metadona. Para la doctora Molina se puede estabilizar el paciente con medicamentos y psicofármacos, pero se necesita mucho tiempo y esfuerzo para volver a disfrutar del sexo sin drogas. Además es una adicción ligada a un objeto omnipresente en nuestra vida cotidiana: el móvil. “Borrar  una app es tan fácil como volver a instalarla”, dice la doctora Molina.

Las apps de la adicción

En los chats de encuentros como Grindr o Scruff, se usan emoticonos para indicar el tipo de práctica sexual o drogas. Algunos sirven para identificar los camellos. “Estas drogas se venden también en la calle, son comunes en todo el mundo de la noche, no sólo en el ambiente homosexual”, afirma Andrés Altamirano, jefe de la estación de la policía municipal del distrito centro de Madrid. Estas sustancias se suelen llamar de diseño porque se producen a partir de distintos componentes químicos. A veces estos componentes están tan adulterados que es imposible determinar a qué clase de sustancia ilegal pertenecen.

La píldora preventiva del VIH podría limitar las nuevas infecciones

“Estamos volviendo a los años ochenta, a las jeringuillas y a los pinchazos”, resume Jorge del Romero, director del Centro Sanitario Sandoval, referente en Europa en el tema de salud sexual. En 2016, según datos del centro, el 70% de los que acudieron por una posible enfermedad de transmisión sexual había hecho uso de drogas recreativas. El 60% no usaba el preservativo. Casi todos los pacientes que aseguraron haber utilizado mefedrona, GHB o metanfetamina, dieron positivo al virus del HIV. “Estamos experimentando también un pico de hepatitis A. Una enfermedad residual en Europa que se está propagando rápidamente entre la población de hombres que tienen sexo con hombres”, lamenta del Romero.

Para Pablo Ryan, el sistema sanitario español todavía no está listo para enfrentarse al chemsex. “Los clínicos que atendemos a los pacientes vemos la magnitud del problema pero todavía no ha llegado encima de la mesa del Ministerio y de las Consejerías”, afirma este médico que apunta a una solución para contenerlo: la PrEP, también llamada píldora preventiva del VIH. Suministrado a las personas con conducta de riesgo, este fármaco altamente efectivo podría cortar la cadena de nuevas infecciones. “No sirve para resolver el problema de la drogodependencia, pero por lo menos habríamos detenido un aspecto del problema”. A pesar de que la PrEP esté ya disponible en muchos países europeos, el Ministerio de Salud prevé sólo unos estudios de viabilidad en el corto plazo.

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