El alcalde Joseba Asirón dijo unos minutillos antes del encierro que había visto casi “dormidos” a los cebadas en los corrales. Al toro 80, cárdeno, le sonó el despertador en seguida y, desde que se cruzó en Santo Domingo de izquierda a derecha, empezó a repartir estopa. Con una precisión depredadora cada gañafón: daba miedo.

El ganadero, Salvador Cebada Gago, no se extrañó de este reparto de cornadas. Ese toro en el campo ya había tenido un comportamiento “complicado”, comentó a los responsables de la retransmisión de Televisión Española. Si en el campo había salido rana, en las calles el temor se confirmaba.

Ese 80, de nombre Punterito, llegó a la plaza del Ayuntamiento volteándolo todo; si le dejan, sube a retirar la ikurriña del mástil. Ya en Estafeta, cogió de mala manera por los bajos a un corredor en la que parecía la cornada más fuerte. Luego llega el parte médico y te reafirmas en el milagro del patrón: sólo dos corneados y, quizá, otro con tres puntazos… en Estafeta. Ver para creer.

La carrera del día de fiesta -7 de julio- duró dos minutos y 58 segundos, detalle este del cronómetro al que se agarran algunos en sus tertulias con afán. A diferencia del malévolo Punterito, el resto de la manada, con el melocotón tirando con nobleza, no se entretuvo en la carrera.