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Akhenatón, el faraón que cambió Egipto

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Akhenatón, el faraón que cambió Egipto

La hija del sol (Grijalbo)

Resumen:

Akhenatón, el décimo de la dinastía XVIII, va a desencadenar una revolución sin precedentes en el antiguo imperio del Nilo, hacia la mitad del 1300 a.C.

Este tiempo excepcional revive en el libro La hija del sol de Nacho Ares, egiptólogo y periodista. A través de la figura de Isis, hermana y consejera de Akenatón (no hay que confundirla con la divinidad homónima), cuenta la revolución religiosa con la que el faraón sustituyó el viejo culto al dios Amón con una nueva divinidad: el disco solar de Atón.

Es una de las épocas más fascinantes de Egipto, pero también la menos conocida. Un tiempo de herejías y cambios violentos en la antigua tierra de los faraones. Es precisamente uno de ellos, Akhenatón, el décimo de la dinastía XVIII, él que va a desencadenar una revolución sin precedentes en el antiguo imperio del Nilo, hacia la mitad del 1300 a.C.

Este tiempo excepcional revive en el libro La hija del sol de Nacho Ares, egiptólogo y periodista. A través de la figura de Isis, hermana y consejera de Akenatón (no hay que confundirla con la divinidad homónima), cuenta la revolución religiosa con la que el faraón sustituyó el viejo culto al dios Amón con una nueva divinidad: el disco solar de Atón.

Un faraón renovador

“El clero de Amón concentraba en sus manos gran parte del poder político y económico”, explica Ares. “El faraón Akhenatón, considerado una divinidad, estaba tan disgustado por el nivel de corrupción que decidió dar la espalda a los sacerdotes. Salvando las distancias, hizo lo mismo que Lutero en el siglo XVI, cuando se rebeló contra la Iglesia de Roma por la venta de las indulgencias”, añade. Para hacer aún más contundente su decisión, el poderoso soberano egipcio, decidió mudar la capital desde Uaset (el antiguo nombre de Tebas) a una ciudad de nueva fundación, Aketatón.

La hija del sol (Grijalbo)

“A pesar de los más de 3.500 años que nos separan de las vicisitudes de Akhenatón, las miserias de las sociedad eran entonces iguales que las de hoy. Nos sorprendemos de la corrupción actual, pero al tiempo de los faraones la casta político-religiosa intentaba hacerse con el dinero de la misma manera”, afirma el autor. A pesar de todos los esfuerzos, la renovación se acabó con la muerte de su impulsor: el clero consiguió revertir los cambios e incluso llegó a borrar el nombre de Akhenatón de los registros imperiales.

En el siglo pasado hubo una verdadera fascinación entre los egiptólogos europeos para la figura de Akhenatón, que muchos consideraron un precursor del monoteísmo. “No es así, los ciclos de reforma y herejía son constantes en todas las religiones”. En la novela, la historia se mezcla también con el misterio y el mito. Un mundo que Ares conoce bien como conductor del programa de divulgación SER Historia y como colaborador de Cuarto Milenio. Ares explica que se sabe muy poco sobre la figura de Isis, a pesar de ser un personaje histórico realmente existente. Este vacío le ha permitido crear un personaje literario. “Al final del libro hay un apéndice donde se explican las partes que son reales y las que no”, explica Ares.

El papel de la mujer

La novela es también una ocasión para conocer más de cerca el rol de las mujeres de la realeza durante la época de los faraones. “La sociedad egipcia era muy machista pero aun así las mujeres en Egipto eran más libres que en Grecia o en la Roma clásica”. “Tenían derechos de propiedad, eran asesoras, formaban parte del gobierno, podían separarse y casarse con quien quisieran”, enumera Ares.

Envuelta entre realidad, sueño y misterio, la egiptomanía no parece dar signos de amainar, a pesar de que el turismo en el país de los faraones se haya estancado después de las primaveras árabes. Para Nacho Ares tiene raíces muy antiguas: “Si miramos la historia vemos que los mismos griegos y romanos fueron cautivados por la tierra de las pirámides. En la época de Napoleón hay un boom de interés y el cine moderno ha rescatado las momias como personajes de la ficción de terror. Pero el gran lazo que nos une a Egipto son las misiones arqueológicas. Los proyectos dirigidos por españoles son una decena y el prestigio de nuestros egiptólogos es reconocido a nivel mundial”, afirma Ares.