Juego de Tronos ha vuelto por todo lo alto. A las tres de la mañana, puntual en Movistar y con irritantes retrasos en HBO España, comenzó la séptima temporada de la serie del momento. El primer episodio, titulado con justicia Rocadragón, empezó a marcar el camino que van a seguir los principales contendientes en la Gran Guerra. Ahora sí está confirmado, cuervo blanco mediante, que el invierno ha llegado.

A partir de aquí, spoilers del primer episodio de la séptima temporada.

“¿Pero este no estaba muerto?” Eso debieron pensar muchos cuando comenzó el capítulo con un primer plano de Walder Frey, al que Arya Stark había asesinado en los últimos minutos de la sexta temporada. Juego de Tronos casi nunca es lo que parece, así que tras un discurso y un brindis con el resto de la familia, Arya se quitó una vez más la cara del patriarca de los Frey para disfrutar envenenando al resto de su considerable prole.

La venganza de la joven Stark fue completa, pues recordó la Boda Roja en la que Walder Frey acabó con Robb y Catelyn Stark, cercenando así a los regentes de Invernalia. Servida en plato frío, los guionistas de Juego de Tronos nos dejaron un cierre del círculo con la muerte de Frey en una postura idéntica a la de la madre de los Stark. Adiós a los Frey.

Tras finiquitar a los asesinos de su familia Arya tomó camino a Desembarco del Rey para, según sus palabras, “asesinar a la reina”. Está en su lista, por lo que no sería una sorpresa dado que ahora es una maestra en estos asuntos.

El sur, agitado

Mientras la benjamina de los Stark está camino al sur, aún más al sur ya se está preparando otra alianza. Varys, el ministro de exteriores de Daenerys Targaryen, se personó en una reunión entre Olenna Tyrell, la única que queda para gobernar Altojardín, y las Serpientes de Arena. Aquí ya no se van a andar con diplomacias ni minucias: Olenna quiere venganza por la muerte de toda su familia, a la que Cersei defenestró volando por los aires el Septo de Baelor. Está claro que las fuerzas de Dorne y los recursos de Altojardín van a acabar del lado de los dragones.

Y eso lo saben Cersei y Jamie. Ambos tienen que lidiar ahora con todos estos frentes y sin aliados en ningún sitio. Por eso recurren a la opción desesperada: Euron Greyjoy. El gobernante de las Islas del Hierro llega con su flota de 1.000 barcos para ponerlos al servicio de Cersei, con la aspiración de conquistar su corazón y, por extensión, el Trono de Hierro. De momento la reina le ha dado largas, ante la mirada de preocupación de su hermano, pero puede que tenga que ceder si Euron amenaza con retirar el apoyo.

Teniendo en cuenta que no les van a quedar muchas opciones en un futuro cercano, la alianza entre Lannisters y Greyjoys está cantada. Asha, la legitima heredera del trono de las Islas del Hierro ya ha puesto su armada al servicio de Daenerys, por lo que el choque entre sobrina y tío es inevitable.

También en el sur, muy al sur, está Samwell Tarly. Su vida de sirviente en Antigua no parece muy divertida, pero sigue encargado de buscar toda la información posible sobre los Caminantes Blancos, tarea que le encargó Jon cuando le envió para convertirse en maestre. De momento se dedica a limpiar letrinas y a ordenar la biblioteca, pero ya se ha colado en la sección prohibida a los no iniciados y tiene las primeras pistas de dónde hay Vidriagón, el único material capaz de herir a los no muertos.

El norte, en armas

Mientras, en Invernalia, Jon Snow ya está plenamente establecido como Rey en el Norte. Las familias norteñas le han prestado su apoyo, juramentos incluidos, y ya está en marcha la defensa del muro. El Pueblo Libre será la primera línea de defensa ante lo que viene caminando desde más allá del Muro.

Jon tiene maneras de rey, pero sin Lady Mormont no sería nadie. La jovencísima señora de la isla del Oso le ha pegado un par de lecciones del poder femenino a los patriarcas del norte y le ha echado un par de capotes al nuevo señor de Invernalia.

Junto a él tiene a Sansa Stark, con hechuras de reina del sur, cuyo papel va a ser vital. De momento, bastante tiene con evitar los cortejos de Meñique, que sigue con su aspiración de casarse con ella y sentarse así en el Trono de Hierro. Lord Baelish no engaña a nadie, él quiere ser rey y su gran baza es el control que ejerce sobre los señores del Valle, que tienen muchas tropas de vital importancia para el ejército de Jon. Ya le ha dicho que no, pero veremos si Sansa aguanta la presión.

Llegan los dragones

Los dragones ya están en casa. El prometido viaje de Daenerys Targaryen desde más allá del Mar Angosto hasta su legítimo hogar, Rocadragón, ya está completado. Las primeras escenas del castillo donde vivió su familia, que en realidad es San Juan de Gaztelugatxe, un pueblo de Vizcaya, nos han enseñado el cuartel general desde el que la aspirante al trono va a preparar su ataque.

Con el ejército Dothraki, los Inmaculados, los barcos Greyjoy y el pendiente encuentro con Jon Snow, Daenerys tiene arsenal más que de sobra para poner en marcha el asalto. La mesa de la sala de guerra ya está lista.

Al músculo de sus tropas tendrá que sumar la inteligencia y el saber de Tyrion Lannister, flamante Mano del Rey de la Madre de dragones. Tyrion se las sabe todas, y su primer consejo fue que Daenerys deje en casa a Daario Naharis, su amante, para mantener la paz en Mereen. Andar con un soldado al lado no va a ayudar a la aspirante a lograr alianzas para conseguir su trono ya que, como dice ella, la mejor alianza es el matrimonio.

Todas estas maniobras para la Gran Guerra van a tener que apresurarse. Desde el norte, en medio de la ventisca, los Caminantes Blancos ya están marchando hacia el Muro, gigantes incluidos, para ponerse a las órdenes del Rey de la Noche. Siete días para que continúe la aventura.