El tercer capítulo de Juego de Tronos es el mejor de lo que llevamos de temporada. Las cartas están sobre la mesa y los bandos bien definidos, moviendo sus piezas sobre el tablero que son los Siete Reinos. Hemos tenido de todo: el encuentro más esperado, batallas, venganzas y muchas muertes.

A partir de aquí, spoilers sobre el tercer episodio: 

Por fin se produjo el encuentro más esperado. Jon Snow, en contra de la opinión de casi todos los que le rodean, viajó hasta Rocadragón para encontrarse con Daenerys Targaryen, aunque primero tuvo que hacerlo con Tyrion, la mano de la reina. Las imágenes de ambos subiendo las escaleras de la localidad vasca de San Juan de Gaztelugatxe, ya célebre a nivel mundial, quedó redondeada cuando los dragones les sobrevolaron y le dieron a Jon una buena impresión del arsenal del que dispone Daenerys.

Sin embargo, la conversación entre ambos no terminó de ser todo lo amistosa que todos creíamos. Ninguno se ha movido de su posición: ella pretende que él se arrodille -«supongo que vienes a hincar la rodilla», le dice- y le jure lealtad, mientras que él no piensa hacer tal cosa -«En absoluto», le responde-. Ambos se echan a la cara los diferentes crímenes que ha cometido la familia del contrario contra la propia, lo que nunca es buena forma de empezar una relación fructífera.

Y más contando con que Daenerys no se acaba de creer eso del Ejército de los Muertos y del Rey de la Noche. Jon está un poco frustrado porque, además, le han confiscado el barco y no le dejan salir de la isla. La Khaleesi no está dispuesta a marchar al Norte sin conocer de nada a Jon, pese a que Tyrion le dice que es un hombre de fiar. La máxima concesión que ella está dispuesta a darle es dejarle extraer vidriagón de sus considerables reservas, lo que ya es algo. «Reinaréis sobre un cementerio si no paramos al Rey de la Noche», le dice él. Pero no es suficiente para convencerla.

Mientras ambos hablan llegan las noticias de que Euron Greyjoy ha acabado con la Flota del Hierro, con las Serpientes de Arena y con los pocos Greyjoy que quedaban, que ahora están capturados o muertos. Mala cosa. Theon al final sobrevive y le encuentran unos marineros de los Greyjoy, que no le tratan demasiado bien por haberse negado a pelear para salvar a su hermana.

La Justicia de la Reina

El tercer capítulo de la séptima temporada de Juego de Tronos tiene un título muy apropiado: La Justicia de la Reina. Cersei es la gran protagonista de esta semana. Primero Euron le lleva a sus pies, aclamado por la multitud, a lo que queda de las Serpientes de Arena y a Asha Greyjoy. Además le promete al Greyjoy que se casará con él, pero sólo cuando acabe la guerra de una manera victoriosa.

Pero aún quedaban grandes momentos para los Lannister. Cersei se toma la venganza final contra las Serpientes de Arena y su madre, Ellaria, que fueron las responsables de asesinar a Myrcella, su hija, cuando esta fue a Dorne.

La Reina se pone un veneno en los labios, el mismo que dieron a Myrcella, y besa a la hija de Ellaria, la única que quedaba con vida, para envenenarla. El veneno es de actuación lenta, pero no hay problema: Cersei las encadena una frente a la otra para que Ellaria vea a su hija morir. «Viviréis para ver pudrirse a vuestra hija. Para ver ese hermoso rostro convertirse en huesos y polvo», le dice.

Norte y Sur

En el Norte, Sansa se ha tomado muy en serio su papel como regente de Invernalia hasta que vuelva Jon. Está preparando todo para la posible batalla y se dan cuenta de que andan justos de alimentos, por lo que algo habrá que hacer. Además, tiene que lidiar con Meñique, que sigue a lo suyo intentando estar cada vez más cerca de ella.

Le llega, eso sí, una grata sorpresa: Bran ha vuelto a Invernalia convertido en el Cuervo de Tres Ojos, algo que Sansa no acaba de entender. Él le explica que puede verlo todo en todo momento, pero que aún tiene que pulir sus habilidades. En cualquier caso, Bran será un gran activo para la batalla por su conexión con el Rey de la Noche, que le tocó en su último encuentro.

Mientras, en el sur Sam ya ha salvado a Jorah Mormont, que está libre de la psoriagrís gracias a sus procedimientos. El archimaestre de Antigua no está muy contento, pero no le echa porque al final le ha salvado la vida a Jorah, que ya piensa en tomar camino a Rocadragón para volver a encontrarse con Daenerys.

El gran momento de Jamie

Daenerys tiene un montón de recursos, pero le falta experiencia en la batalla. Y ese es, precisamente, el fuerte de Jamie Lannister. El comandante de las fuerzas de Cersei sabía que los Inmaculados estaban camino de Roca Casterly, y tenía muy claro que su hermano Tyrion, buen conocedor de la fortaleza, iba a poder encontrar algún truco para facilitar el asalto.

Y así fue. El primer consejero de Daenerys les informa de un camino para entrar a través de las cloacas, que diseñó él por encargo de su padre, y los Inmaculados logran conquistar la fortaleza. Pero se dan cuenta de que hay muy pocas tropas, y eso les sorprende. Al mirar por las murallas, Gusano Gris ve como Euron y su Flota del Hierro han quemado todas sus naves y de que no pueden salir. Tendrán que abandonar la fortaleza y moverse a pie por el medio de Poniente, a merced de muchos enemigos.

Porque Jamie, previendo ese ataque, se ha llevado a la mayoría de tropas y recursos de Roca Casterly y las ha desplazado a Altojardín, donde conquistan fácilmente los dominios de Olenna Tyrell. El castillo de los Tyrell también está en España, ya que es la fortaleza musulmana de Almodóvar del Río, un emplazamiento que nunca ha sido conquistado en la historia.

«Roca Casterly ya no vale mucho», dice Jamie en una conversación con Olenna. Tras darle un veneno a ésta para que muera, la matriarca de los Tyrell suelta la bomba del capítulo: fue ella la que envenenó a Joffrey Lannister, y no quiere irse al otro barrio sin que Cersei se entere de ello.

Poca venganza más le queda a Cersei, pues ya ha acabado con todos los Tyrell conocidos y ha conquistado su castillo. Pero seguro que se desata, otra vez, la ira de la reina y a alguien le cuesta un disgusto. En una semana lo sabremos.