Lo escribió pensando en entretener a sus hijos. Les iba leyendo línea tras línea a medida que las iba generando. La Gran Guerra ya era algo lejano, él había conseguido volver, casarse con el amor de su juventud, Edith Mary Bratt, y encontrar la tranquilidad junto a ella y sus hijos en ese paréntesis de paz europea.

Así, y poco a poco, a lo largo de los años 20 para algunos y durante 1929 para otros, J. R. R. Tolkien generó una historia en la que unos personajes de talla pequeña eran los protagonistas. No tenía ninguna intención de publicarla, ni siquiera quería enseñarla demasiado. Pero su libro pasó de mano en mano hasta acabar en las de la editorial George Allen&Unwin, que vio en aquellos textos una mina de oro.

Sin la Primera Guerra Mundial sólo habría sido conocido como un dotado académico»

Le pidieron que finalizara la historia, aun le quedaba algún remate suelto, y el 21 de septiembre de 1937 se publicaba en Reino Unido la base de toda la obra de Tolkien. Salía a luz pública El Hobbit. La historia de Bilbo Bolsón, de Gandalf, el principio de la aventura que conquistó al mundo fue la versión infantil de lo que todavía estaba por escribir. El éxito fue absoluto, tan grande, que obligó a Tolkien a volver a coger el papel y llenarlo de historias, de lo que hoy conocemos como la trilogía de El señor de los anillos. De lo que se pensó como una secuela de El Hobbit y acabó teniendo valor propio.

Tolkien durante la Gran Guerra.

Todas ellas tienen una base común, la experiencia del autor dentro de la Primera Guerra Mundial. Uno de sus biógrafos, John Garth, asegura en su obra Tolkien y la Gran Guerra que si el escritor inglés no hubiese acudido al campo de batalla «sólo habría sido conocido como un dotado académico».

Las batallas, los muertos, los cadáveres de elfos, de orcos, de hombres. Las nieblas, las ciénagas. El patriotismo. Todo viene de aquella época y de las reflexiones que realizó al caer enfermo y estar convaleciente. «Todo pareció tener sentido -la conexión entre la Guerra y su obra- cuando abrieron el expediente de servicio de Tolkien a algunos investigadores y descubrí las cartas con sus colegas de la universidad», asegura Garth en su publicación.

En ellas desvela el horror que tuvo que vivir y cómo hace de la ciencia ficción la mejor forma de apaciguar el dolor. «Encontró la inspiración en el caos incomprensible que había experimentado. Fue un proceso positivo para salir de la depresión que le había invadido tras abandonar el campo de batalla», alega Garth sobre porqué se puso a escribir, sobre porqué dio rienda suelta a una imaginación que ha conseguido millones de ventas de libros y millones de espectadores en sus versiones cinematográficas.

Él no quiso saber nada más de la guerra, se negó a recibir una pensión y rehuyó de cualquier condecoración. Sería en la II Guerra Mundial, cuando los recuerdos vuelven fuertes, cuando escribió la mayor parte de El Señor de los anillos. Cuando cerró una historia que hoy cumple 80 años desde su nacimiento.