Andrés Trapiello (Manzaneda del Torío, León, 1953) deja la indiferencia a un lado en el asunto catalán. La indiferencia instalada, general, que a su juicio ha terminado por dejarle el paso al relato soberanista. «Todo nacionalismo es supremacista», resume el escritor, ganador del Premio Nadal por  Los amigos del crimen perfecto (2003). Los bajos instintos del hombre están presentes en su relato de los últimos acontecimientos en Cataluña: el odio, el egoísmo o la superioridad, que pasan por encima de la igualdad o la libertad; la violencia que podría darse el domingo, y que no será mayor, defiende, a «la que ha llevado al Govern a desobeceder al Tribunal Constitucional».

Trapiello, escueto, responde a estas preguntas por escrito, unas horas antes de acudir al Congreso de los Diputados a romper una lanza más y leer un manifiesto impulsado por la Plataforma Ahora junto a Fernando Savater o Dolores Agenjo para defender la «unidad cívica de España». El gesto llega a unos pocos días del referéndum del 1 de octubre, del que se han escrito ríos de tinta que irán a parar a ninguna parte. «El día 2, el dinosaurio seguirá ahí, derrotado y sin saber muy bien qué hacer».

Pregunta- ¿Qué pasará el domingo?
Respuesta- Que unos de miles de catalanes tratarán de usurpar los derechos de millones de españoles en beneficio propio.

P.- ¿Qué ha llevado hasta este punto?
R.- El odio profundo de los ultranacionalistas a que todos seamos libres e iguales.

P.- ¿Cree que los principales partidos están respondiendo bien al desafío soberanista?
R.- Más o menos; pero muy tarde y veremos si de manera decidida.

P.- Hay formaciones que señalan al Gobierno como el culpable del episodio y le acusan de avivar la llama independentista, ¿coincide con esto en algún punto?
R.- Como en todo delito, el primer responsable es el delincuente.

P.- En alguna ocasión ha hecho referencia a la “beligerancia” de gobiernos independentista catalanes, ¿a qué se refiere?
R.- La inmersión lingüística es, de todo punto, injusta e inadmisible. Pero no sólo. Las mentiras sobre las que están cimentados los nacionalistas, son beligerantes. El nacionalismo es, de por sí, beligerante.

P.- ¿Cree que habrá violencia en las calles?
R.- No la deseo. En todo caso no será mayor, aunque sea de otra naturaleza, que la que ha forzado el Estatut en el Parlament o la que ha llevado al Govern a desobeceder al Tribunal Constitucional.

P.- En alguna ocasión ha mencionado a la “indiferencia” como una de las causas de llegar a este extremo, ¿indiferencia de quién?
R.- Del pueblo español en su conjunto, políticos, periodistas, intelectuales, gente común, y del catalán no independentista.

P.- Las fuerzas soberanistas se  nutren de un relato al que ud ha bautizado como “ficción independentista”, ¿en qué consiste?
R.- En creer que el pueblo es un ente superior con voluntad y sentimientos propios, únicos y excluyentes capaces de dotar de sentido la Historia.

La solución la tienen los 45 millones que forman la nación española. Ni uno menos

P.- ¿El Gobierno tiene un relato para contrarrestarlo?
R.- Los países se gobiernan con leyes, no con relatos. El domingo saldrán a las calles miles de catalanes a los que nadie va a convencer de que no son diferentes del resto de españoles. Naturalmente superiores. Todo nacionalismo es supremacista. Puigdemont acaba de asegurar que Cataluña, ya independiente, seguirá ocupándose de las regiones pobres españolas.

P.- ¿Cómo puede el Gobierno construir ese relato?
R.- No es cosa de ningún gobierno, sino del Estado: haciendo que reviertan a él las competencias de educación.

P.- ¿Qué pasará el 2 de octubre?
R.- Que el dinosaurio seguirá ahí, derrotado y sin saber muy bien qué hacer.

P.- ¿Cree que un referéndum pactado es la solución?
R.- La solución la tienen todos y cada uno de los que forman la nación española. 45 millones. Ni uno menos.