Museo Guggenheim de Bilbao en 2009

Museo Guggenheim de Bilbao en 2009

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Guggenheim Bilbao, 20 años de titanio

Dicen del titanio que es un metal gris, de baja densidad, gran dureza y resistente a la corrosión. En Bilbao apenas lo conocían. Jamás imaginaron que sin estar presente en su subsuelo algún día vivirían, al menos en parte, de él. Tampoco que les haría más famosos que el Athletic, que el ‘bacalo al pil pil’ o que sus altos hornos. Menos aún que los situaría en el mapa del mundo y que les aportaría una nueva juventud. Aquel nuevo Bilbao, el que nació de la ‘alianza del titanio’ la tarde del 18 octubre de 1997 cumple ahora 20 años. La incertidumbre de la apuesta que contra viento y marea, rechazos y críticas, mantuvieron firme algunas instituciones vascas para hacer realidad el Museo Guggenheim Bilbao nadie duda que ha sido la más exitosa llevada a cabo en las dos últimas décadas.

Aquel Bilbao gris y duro como el titanio, endurecido por crisis industriales, amenazas terroristas y pulsos en la calle, hastiado de corrosión industrial y en decadencia, renació de la mano de Frank Gehry. Sus planchas titánicas, retorcidas magistralmente en su mente, no sólo le catapultaron como arquitecto de renombre internacional sino que fijaron para siempre a una pequeña ciudad de provincia, de apenas 350.000 habitantes, en la órbita cultural mundial.

En estos años es evidente que el Museo Guggenheim Bilbao se ha convertido en uno de los motores económicos más potente de Euskadi. En una sociedad en la que el peso de la industria ansía en recuperar el 25% de su PIB, el impacto económico logrado por una pinacoteca como ésta la convierten en la inversión cultural más rentable jamás llevada a cabo en el País Vasco. Sólo el año pasado, el Guggenheim generó un impacto económico de 453 millones, más del triple de los 133 millones de euros que costó su construcción a mediados de los años 90.

Sólo el año pasado el Guggenheim generó un impacto económico de 453 millones, más del triple de lo que costó en 1997

Al margen de su evidente aportación cultural y artística, el Guggenheim ha sido capaz de captar la atención de medio mundo en sus dos décadas de vida. Hoy, casi siete de cada diez visitantes son extranjeros, fundamentalmente procedentes de Francia, Alemania, Gran Bretaña y Estados Unidos. Hace ocho años que el museo rebasa el millón de visitantes, -1,16 millones el año pasado- y las costuras de sus salas empiezan a quedarse pequeñas. Sus responsables llevan años ideando un plan para ampliar el espacio museístico con la construcción de otro centro gemelo en algún rincón de Vizcaya. El entorno del Urdaibai, reserva de la biosfera, fue el único esbozo que llegó a plantearse y que la crisis económica truncó y guardó en un cajón. Hoy su director, Juan Ignacio Vidarte insiste en que es necesario retomar la ampliación del Guggenheim para dar cabida a nuevas formas artísticas y otros perfiles de visitantes.

Museo Guggenheim de Bilbao en una imagen de 2009.

Museo Guggenheim de Bilbao en una imagen de 2009.

‘Yo soy de Bilbao’

Y no sólo eso, también reanudar la compra de obras para seguir haciendo atractivo el proyecto y dejar de vivir de las ‘rentas’ del exitoso ‘efecto Guggenheim’ que transformó Euskadi a comienzos de este siglo. Hoy la colección propia del Guggenheim Bilbao está compuesta por 134 obras de los autores más reconocidos. Obras adquiridas de modo planificado en planes cuatrienales financiados al 50% por Gobierno vasco y diputación foral con una aportación que ronda los 100 millones en estos 20 años pero cuyo valor, a precio de mercado se ha multiplicado por siete u ocho, según los responsables del museo.

Uno de los mayores logros del Museo en este tiempo ha sido saber vincularse a algunos de los nombres más prestigiosos del arte actual. Lo hizo con Gehry, que siempre se muestra orgulloso de su aportación en Bilbao y alaba el modo en el que la ciudad supo sobreponerse a la crisis industrial recurriendo a la cultura. Sus visitas, pese a su edad, son frecuentes, incluso para celebrar su 85 cumpleaños. Tampoco falta la complicidad de Richard Serra, cuya obra forma parte de la colección permanente del museo al que dedica una de sus salas. Jeff Koons es otro de los artistas cuya relación se ha reforzado con el paso de los años y cuyo legado más valioso es sin duda Puppy, el perro gigante más fotografiado del mundo. En la lista de amigos del museo no faltan David Hockney o Jenny Holzer. A todos ellos les hemos visto estos días proclamar en un peculiar castellano un sorprendente “soy de Bilbao” dentro de una campaña de promoción que culmina con el lema “los de Bilbao nacemos donde queremos”.

Actualmente la pinacoteca está en manos de un patronato integrado por sus socios fundadores, el Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Bizkaia y The Solomon R. Guggenheim Foundation. En 2014 se renovó por otros 20 años el acuerdo entre las instituciones vascas y la fundación neoyorkina para la gestión del museo. Les unirá hasta 2034 y lo hará además en condiciones más ventajosas para los gestores vascos que ven reforzada su posición al pasar de ser la fundación neoyorquina la responsable exclusiva de la gestión de la pinacoteca, a participar, junto al resto de patronos, en ella. Pero vincularse a la marca Guggenheim no sale gratis a Euskadi, cada año la colaboración supone para las arcas del Gobierno vasco y la Diputación foral una aportación de un canon de 1,92 millones de euros.

Vidarte, el motor del museo

La historia del museo no se entendería sin la figura de su director, un ex contable que un día recibió la llamada para ponerse al frente de un proyecto en el que muchos no creían. Juan Ignacio Vidarte aún responde preguntas cómplices de responsables políticos de medio mundo cuestionándole por la receta para trasladar el éxito de Bilbao a sus ciudades. Quienes lo han intentado han fracasado. Ni las circunstancias ni el contexto económico y social son los mismos que en aquel Bilbao de finales de los 90. Tampoco la sintonía que los impulsores del proyecto y el propio Vidarte labraron con el entonces director de la Fundación Solomon Guggenheim, Thomas Krens, para fijar unos cimientos de colaboración que se han sucedido hasta hoy.

Un repaso retrospectivo por la larga lista de exposiciones del museo muestra una rica fotografía por la historia del arte del siglo XX y el más actual. El Guggenheim abrió sus puertas con una mirada hacia dentro con una muestra de 250 obras de la colección de la Solomon Foundation titulada “Los museos Guggenheim y el arte de este siglo”. Aquel final de 1997 fue la única exposición en sus salas. Sólo un año más tarde cerró su primer año de vida con siete exposiciones, alguna de ellas de especial éxito como la dedicada al arte chino, un detallado repaso en “China: 5.000 años” en la que los guerreros de Terracota sólo fueron una parte de las más de 500 obras exhibidas.

En dos décadas por el Guggenheim han pasado Warhol, Kiefer, Picasso, Kapoor, Chillida o retrospectivas de Yoko Ono o Armani

El arte contemporáneo, o el más moderno no siempre han contado con la comprensión del gran público. En un continuo debate sobre el continente y el contenido, el Museo siempre ha defendido que la propia estructura de la pinacoteca se convierte en una obra más que admirar y que no rebaja el valor del arte que muestra en su interior. En la larga lista de exposiciones el Guggenheim Bilbao incluye algunas de las exposiciones con más visitas como la El arte de las motocicletas o la que destinó a la obra de Andy Warhol, ambas en 1998.

En las salas del museo se han visto obras muy valiosas de autores como Anselm Kiefer, Picasso, Rubens, Kandinsky, Durero o Anish Kapoor. En las retrospectivas tampoco han faltado otras con mayor tirón popular como las dedicadas a Yoko Ono en 2014 o la que mostró las obras de arte de Giorgio Armani, en 2001. El Guggenheim no ha olvidado a los autores vascos más emblemáticos como Chillida, que expuso en el Guggenheim su última muestra en vida o a otro genial escultor, Jorge Oteiza.

Una conmemoración ‘espacial’

Hace un año que el museo bilbaíno celebra su aniversario. En los últimos diez días antes de que se llegue al 18 de octubre, se han programado los que se espera que sea uno de los actos más espectaculares de todo el programa. El primero de ellos tendrá lugar este lunes 9. Bajo el título ‘Chasmata’ el acto que aúna arte contemporáneo y ciencia cuenta con la colaboración de la Agencia Espacial Europea. En el participa como maestro de ceremonias el astronauta Pedro Duque. Un viaje por el arte y en dirección a marte acompañados por la música que interpretarán 120 saxofonistas repartidos a diferentes alturas y que interactuarán con diversos dispositivos electrónicos por toda la estructura del edificio de Ghery. Evento en el que no faltará una conexión con la Estación Espacial Internacional.

Dos días después, el broche al vigésimo aniversario lo pondrá el espectáculo “Reflections” un mapping a gran escala sobre el museo que se convertirá en un espectáculo sensorial y colorido que se repetirá entre el 11 y 14 de este mes. Mediante tecnología de última generación y durante 20 minutos se proyectará sobre la estructura del museo un repaso por la historia del museo con un sorprendente juego de luz, color y texturas acompañados de música compuesta para la ocasión.

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