Colas antes de la apertura del primer McDonald's en Moscúå

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Los ovnis que derrotaron a la URSS

Política | Tendencias 100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA (I)

Los ovnis que derrotaron a la URSS

El 27 de septiembre del 1989, una nota de la agencia de noticias soviética TASS anunciaba un “encuentro de la tercera fase” en la ciudad de Voronezh. Un grupo de niños y vecinos había presenciado el aterrizaje de un ovni del que salió un alienígena con tres ojos. Verdadero o no el evento tuvo eco en la prensa mundial. Al contrario que en Estados Unidos, en la URSS apenas se dieron avistamientos de ovnis durante décadas. El encuentro de Voronezh se convirtió en una prueba, más bien simpática, de que el impenetrable universo soviético se había finalmente abierto al mundo. Era la Glasnost, la transparencia que había venido a enterrar para siempre el antiguo secretismo de la URSS. Apenas tres años antes el régimen había escondido al mundo durante días un episodio tan grave como la explosión de la central nuclear de Chernóbil.

Durante la Perestroika aumentó el numero de periodistas extranjeros en la URSS

Por aquel entonces nadie podía imaginar que en apenas dos años del imperio soviético no quedaría nada. Sin embargo, en la URSS, además de los ovnis, ya habían aterrizado el rock y McDonald’s. Con 73 años, muy mal llevados, la Revolución rusa de 1917 estaba a punto de ser definitivamente derrotada. Luis Alberto Rivas fue corresponsal de Televisión Española en Moscú entre 1989 y 1991, cuando el intento de reforma del gigante soviético se convirtió en el último acto de la utopía comunista en el siglo XX. “Mijail Gorbachov, el entonces presidente de la URSS, había lanzado la Perestroika en 1987 para abrir el sistema económico socialista a la iniciativa privada. En 1989 se llevaron a cabo las reformas de mayor envergadura”, dice Rivas. Fue el año en el que el opositor Sajarov entró en el Parlamento de la Unión Soviética en las primeras elecciones abiertas a otros partidos más allá del PCUS, el todopoderoso Partido Comunista.

Revolución y traición

“La juventud rusa estaba viviendo su propia revolución, había muchas ganas de cambiar el sistema. La otra, la revolución de octubre del 1917 había pasado de moda. Quedaba en el recuerdo de los ancianos. Habían pasado toda su vida luchando por un estado comunista y ahora vivían los cambios con resignación”, cuenta Josep Lluís Martín Ramos, docente de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Barcelona. Fue un shock porque el cambio de rumbo, la ‘traición’ de los valores revolucionarios, vino de los mismos guardianes de la ortodoxia comunista. El ideal permanecía en las marchas y en la ideología oficial, sin embargo, su impulso se había acabado nada más nacer el estado soviético. “La revolución de octubre de 1917 tenía que ser el primer paso hacia una revuelta mundial del proletariado. No fue así. Después de la victoria de los bolcheviques, no hubo estallidos en otros países europeos, como esperaba Lenin. Rusia se había quedado aislada”, explica.

La revolución rusa se quedó aislada desde el principio

En 1918 en Alemania o Italia hubo intentos de sublevaciones pero fracasan todos, interrumpiendo el camino de la revolución global. “Los dirigentes comunistas rusos entendieron que la revolución había quedado circunscrita a Rusia y las dinámicas de supervivencia del Estado se impusieron sobre la dinámica del proceso revolucionario. La Perestroika fue un intento de reflotar al estado soviético para recuperar competencia con las grandes potencias occidentales”, apunta Martín Ramos.

Según Rivas, se habla mucho de la Perestroika pero a menudo se olvida la Glasnost, la transparencia. Llevó un viento de libertad entre la población: las decisiones del Partido empezaban a ser cuestionadas públicamente y se relajaba el control sobre los medios de comunicación. El rock, prohibido durante décadas, empezó a sonar en las radios y hasta el mismo Gorbachov participó en un encuentro con el grupo de metal alemán Scorpions. En la televisión llegaban las tertulias. “Hubo mucha hostilidad contra el desembarque de McDonald’s, un símbolo del capitalismo – cuenta Rivas – que para muchos significaba aceptar la incapacidad de la URSS para alimentar a sus ciudadanos más allá de los productos básicos. La comida variada tenía que llegar del extranjero. Entonces en la Unión Soviética había pocos bares y a menudo las estanterías de los grandes almacenes estaban vacías”.

¿Cañones o mantequilla?

La Glasnost y la Perestroika son la respuesta a dos problemas que el estado soviético arrastraba casi desde el principio. “La URSS no pudo competir económicamente y militarmente con occidente”, afirma Martín Ramos. Al debate sobre si hay que producir mantequilla o cañones los dirigentes soviéticos responden que cañones. “Las necesidades de defensa prevalecieron y privaron constantemente de recursos que habrían podido dedicarse al bienestar de las masas, contradiciendo el espíritu revolucionario originario”, dice este profesor barcelonés.

El otro problema fue la falta de representatividad del estado soviético. “Al principio no se estableció el régimen de partido único. Se implantó durante la guerra civil contra las fuerzas fieles al zar entre 1918 y 1921. De este vicio se hará virtud y se consolidará un régimen de un solo partido que acabará con las disensiones internas. Un obstáculo que perjudicará a la modernización del estado soviético”, explica Martín Ramos.

Gorbachov no quería un cambio de sistema, su objetivo era un socialismo de estilo escandinavo

Para Luis Rivas, con la caída de la fe en la ideología comunista y en el materialismo científico, los rusos volvieron a la religión y a lo espiritual en busca de certezas. Las iglesias ortodoxas, durante mucho tiempo estigmatizadas, volvieron a llenarse. “Con la Glasnost la prensa soviética empezó a funcionar de manera muy sorprendente. A veces para entender lo que estaba pasando había que leer el periódico del sindicato de los ferrocarriles más que los principales órganos de información”, recuerda Rivas.

Sin embargo, la situación se volvió pronto imposible de controlar, estrangulada entre los que pedían llevar a cabo cuanto antes la transición hacia una economía capitalista y los militares, que se oponían a profundizar en las reformas. “Gorbachov tenía dos metas. Quería cerrar la guerra fría, que había sustraído recursos importantes, para volver a competir con el mundo occidental. A esto quiso añadir una ampliación de la participación política. No se planteaba un cambio de sistema, dejar el socialismo o demoler la Unión Soviética”, afirma el profesor Josep Lluís Martín Ramos. No obstante, el último heredero de Lenin no fue capaz de mantener las riendas de la transformación que había desencadenado. La URSS había empezado a desmembrarse con la independencia de todos los estados que habían formado la Unión. El 25 diciembre del 1991 Gorbachov dimitió en un discurso televisado. La misma noche, la bandera de la URSS se arriaba del palacio del Kremlin. Al día siguiente, el Soviet Supremo declaraba formalmente la disolución de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas.