Con motivo de Halloween, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) recoge y explica en su perfil de Twitter y Facebook quince de estas «criaturas» cartográficas que aparecían en los mapas medievales en distintos puntos terrestres.

«Se trata de rescatar monstruos antiguos que se podían hallar en la cartografía medieval», explica a Efe un portavoz del área de cartografía del IGN, que ha extraído estas criaturas de textos como el Beato de Burgo de Osma -un códice español del siglo XI- o el Liber chronicarum, editado en 1493.

«Hemos intentado aprovechar el reclamo de la fiesta de Halloween para despertar la curiosidad de nuestro patrimonio cartográfico», añade Judith Sánchez, del servicio de documentación del organismo.

 

Por ejemplo, desde el Instituto -dedicado al estudio de la sismología o la cartografía- mencionan las tradicionales górgonas o medusas, mitad mujer, mitad serpiente y que convertía en piedra a aquél que la mirara. Pero también rescatan a los «blemias», unos seres mitológicos sin cabeza y con los ojos y boca en el pecho que se encontraban en Libia o Egipto, donde se les conocía como «epiphagi» y tenían los ojos en los hombros. O al casi cómico «sciápodo», una criatura con una sola pierna que vivía en las Antípodas y se refugiaba del calor dándose sombra con su único y enorme pie.

Otras criaturas en este catálogo son los «terrígenos», un pueblo mitológico de gigantes de seis brazos descritos por Apolonio de Rodas en Argonáutica y que vivían en la actual Turquía, o los «arimaspos», cíclopes con un solo ojo buscadores de oro que habitaban en la actual estepa siberiana.

Miedo al vacío

La aparición de estos monstruos en la cartografía mundial se debía a una combinación de «horror vacui» (miedo al vacío) estilístico unido a la necesidad de cubrir espacios en el mapa de zonas aún inexploradas y alejadas, como el continente Austral. Y es que, explican desde el IGN, cuanto menos científica era la cartografía, «más se tenía que recurrir a estos adornos», que en la Edad Media quedaron imbuidos del carácter religioso y apocalíptico que plagaba las áreas de conocimiento en esa época, incluida la cartografía.

Muchos tienen su origen en la mitología griega o los relatos bíblicos, pero otros eran meras deformaciones de criaturas marinas avistadas, como los narvales, un pequeño cetáceo que muchas tripulaciones confundían con unicornios o centauros marinos.

Los océanos han sido fuente inacabable de inspiración para los buscadores de monstruos y misterios.

Este también es el caso de la isla móvil de San Borondón, cuya leyenda nació en el siglo VI con la idea de que se trataba de una ballena gigante que habitaba en el Atlántico y que figuró en los mapas hasta el siglo XIX, cuando diversas expediciones que la buscaron acabaron descartaron su existencia.

Los océanos, que cubren alrededor del 70 % de la superficie terrestre y aún hoy están mayoritariamente inexplorados, han sido fuente inacabable de inspiración para los buscadores de monstruos y misterios.

Esta selección de criaturas que aparecían en los mapas también se puede ver en persona en la exposición del Instituto Geográfico Nacional Ecúmene: la evolución de la imagen del mundo, que aúna la esencia de los mapas: el mundo conocido que los griegos llamaban ecúmene. Un catálogo de monstruos con los que se pueden añadir alternativas a los persistentes esqueletos, calabazas o brujas tradicionales de esta festividad de origen celta con cada vez mayor acogida en España. También se pueden buscar en su catálogo en línea de mapas.