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El lado oscuro de Hollywood: poder, impunidad y dependencia

De Weinstein a Spacey, los psicólogos hablan de la oleada de denuncias por acoso sexual que ha tambaleado Hollywood

Las chantajeaba para mantenerlas calladas. Eran una secretaria, varias asistentes, actrices y modelos. Eran sólo la punta del iceberg del drama que él mismo había desencadenado. Llevaba desde mediados de los noventa acosando a muchas de las mujeres con las que trabajaba. Siempre el mismo método. Las llamaba a su habitación de hotel, las recibía en bata y les ofrecía un masaje. En el mejor de los casos conseguían salir ilesas. En el peor, el productor Harvey Weinstein las obligaba a practicarle sexo oral o las violaba.

Todo permaneció oculto, aunque era visto por miles de ojos, durante décadas. Todo un secreto a susurros que se desveló a principios de octubre gracias a un reportaje de The New York Times. Al principio solo hablaron un par de ellas, pero fue su testimonio lo que hizo que la lista se alargara hasta casi las tres cifras y que las mujeres empezaran a denunciar día tras día al productor hollywodiense más poderoso. Desapareció el miedo y comenzó la lucha.

Algunas de las mujeres habían permanecido en silencio durante décadas por miedo a ser expulsadas de la industria”

Una detrás de otra narraban historias parecidas. Contaban cómo tras ofrecerles proyectos las invitaba a su habitación para “hablar sobre el tema”, narraron cómo fueron engañadas por él y por la gente de su entorno que conocía lo que ocurría pero que nunca las advirtió. Eran jóvenes cuando Weinstein se aprovechó de ellas, pero ahora sus voces suenan con más fuerza que la del productor. Gwyneth Paltrow o Angelina Jolie son algunas de sus víctimas. Algunas de las mujeres que habían permanecido en silencio durante décadas por miedo a ser expulsadas de la industria, por temor a no conseguir ni un solo papel.

Sus testimonios no solo han dado coraje a otras víctimas de Weinstein, lo han hecho también con las de otros peces gordos. Empezaron a salir nombres. El director James Toback, el actor Dustin Hoffman, Brett Ratner y el último el saltar a la polémica: Kevin Spacey, acusado de abusar de Anthony Rapp cuando tenía tan solo 17 años. El escándalo en la meca del cine ya era imparable y comenzaron a hablar también los testigos.

Quentin Tarantino, que trabajó muchas veces con Weinstein y al que le unía una amistad, fue el primero en asegurar que “sabía lo suficiente como para hacer más” de lo que hizo. Los compañeros de reparto de Kevin Spacey en House of Cards también aseguraron que ese acoso “era una rutina en él”. Así dieron voz a todos aquellos que habían visto, oído y consentido de forma inconsciente que este tipo de abusos de poder se produjeron de mano de los grandes de la industria.

Abuso de poder y silencio de los testigos

Como asegura Andrés Quinteros, psicólogo de Cepsim especializado en abusos sexuales, aunque no hay un perfil específico de acosador, siempre es su poder el que le lleva a estas situaciones. “Son hombres o mujeres con mucho poder y lo utilizan con personas vulnerables para conseguir lo que quieren. Normalmente carecen de empatía, que es lo que nos sitúa en el dolor ajeno y nos hace no hacer daño ni ser egoístas”, asegura.

Además, comenta que esta cascada de denuncias es gracias a que “una de ellas o uno de ellos se atreve a dar el primer paso”. “El resto ve que la sociedad reacciona y no lo hace en contra de las víctimas y es entonces cuando alza la voz”. Ante las críticas que han surgido de algunos sectores, diciendo que por qué no han hablado antes, Quinteros lo tiene claro. “La víctima es joven, normalmente, y suele pensar que no puede hacer nada. A esto también se suma que los testigos mantienen silencio y que el agresor ha conseguido generar una dependencia. Hasta que consiguen cierta fuerza no se atreven a decirlo en alto y en algunos casos sólo se atreven cuando el agresor ya está muerto”, sentencia.

Hasta que consiguen cierta fuerza no se atreven a decirlo en alto”

El mismo análisis realiza Irene Gómez Santos, de El Prado psicólogos, que reitera que normalmente “son abusos de poder, coacciones, gente con fuerza en determinados sectores que consigue una cierta impunidad por su cargo o su actividad”. Además, ambos añaden que en el caso de acoso de hombres a hombres la situación se complica aún más. “Sienten más vergüenza, piensan que es a ellos a los que se les va a mirar mal”.

La última en denunciar, por ahora, ha sido Paz de la Huerta. La actriz asegura que el productor de cine la violó en dos ocasiones. Tal y como narra para la CBS, Weinstein la llevó a su casa después de una fiesta asegurando que vivía cerca de ella. Al dejarla en su domicilio entró con de la Huerta y le quitó la ropa y le obligó a mantener relaciones sexuales con él. A los pocos meses, según cuenta la actriz, volvió a su apartamento y repitió los mismo hechos.

Esta es la primera acusación que sitúa la agresión fuera de las habitaciones de hotel de Weinstein. “Normalmente suelen ir a lugares donde se encuentran seguros, pero en algunos casos se sienten tan impunes que no les importa el sitio”, aseguran los psicólogos.

Una impunidad que les ha durado hasta que una de sus víctimas ha conseguido la fuerza necesaria para pararles. Ahora Weinstein, Spacey, Toback y los demás están siendo investigados por la policía de sus países, que va recopilando denuncia tras denuncia. “Una vez que empieza la máquina es imposible pararla hasta que se descubre la verdad de lo que ha pasado”.

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