Es un paseo por la historia, la reciente y la lejana. La ruta la firma un artista a medio camino entre la literatura y la crítica social en la que el humor, en análisis político o la fascinación por la cultura visual se convierten en ingredientes necesarios de una obra compuesta de grandes lienzos y esculturas. Eduardo Arroyo (Madrid 1937) es hijo de su tiempo. A sus 80 años continúa con el vigor que le llevó a ser uno de los renovadores de la pintura europea a mediados de los años sesenta y que ahora muestra orgulloso en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

De la literatura pasó a la pintura y de ella a la escultura, una evolución que se refleja en las 43 obras que exhibe desde hoy y hasta el 9 de abril del próximo año el museo bilbaíno en la exposición titulada Le retour des croisades. Su trayectoria se completa con retratos de personajes a veces reales, a veces imaginarios, de Don Juan Tenorio, Dante, Balzac o Cyrano de Bergerac. A Eduardo Arroyo las circunstancias políticas en las que vivía le han influido como a cualquier otro niño nacido tras la contienda bélica que dividió España.

La muestra ‘Le retour des crosaides’ cuenta con 43 obras que resumen la trayectoria del artista madrileño, de 80 años de edad

Las circunstancias políticas y culturales de Europa han sido foco de inspiración de su obra y que quedan plasmados en obras como la más reciente, y la que da título a la muestra, Le retour des croisades, uno de los grandes lienzos de este artista madrileño y que plantea como una alegoría a la situación que vive hoy nuestro país. La obra, que Arroyo concluyó este mismo año, la concibe como un “homenaje-parodia” del cuadro de Ignacio Zuloaga La víctima de la fiesta (1919) y que se exhiben de modo conjunto en las exposición que autor y director del museo, Miguel Zugaza, presentó ayer en la capital vizcaína.

Poissonnière, 2015

Poissonnière, 2015

Una España “desolada”

El propio Arroyo explica que desde que descubrió “el impresionante cuadro de Zuluaga”, en el que se ve a un picador de toros de regreso de una corrida a lomos de un caballo famélico, “me entraron ganas de hacer algo sobre él, pero pasaron muchos años y la idea no me llegaba”. Señala que la réplica que ahora exhibe es un homenaje de admiración a la obra de Zuloaga “que me ha permitido hacer una visión fantástica de España, una España desolada”. El pintor cree que hoy día “aunque en muchos aspectos España crece, ahora vive lo que viven estos dos personajes, un ambiente de desolación y como de retorno del combate, un combate casi siempre perdido”.

Muchas de las piezas de la muestra fueron creadas para la exposición individual que le ha dedicado este verano la Fundación Marguerite et Aimé Maeght, en Saint-Paul-de-Vence (Francia). A estas piezas se han añadido una docena de trabajos no vistos hasta ahora. Arroyo reconoce que hasta hace cuatro meses no sospechaba que iba a exponerla en Bilbao. Fue el propio Zugaza quien le convenció para ello.

Arroyo ya expuso en el Bellas Artes de Bilbao en 1994, durante la primera etapa de Zugaza al frente del museo bilbaíno.

En la exposición se pueden ver algunos de los trabajos que Arroyo ha realizado en los últimos años como La lucha de Jacob y el ángel (2011-2012), Cordero místico (2008), una versión a tamaño natural del célebre políptico de Gante de los hermanos Van Eyck. También se muestran algunos de los homenajes con sello propio que el autor realiza a artistas como Van Gogh o al pintor suizo Ferdinand Holder. A lo largo del recorrido no faltan algunas de sus esculturas más recientes.

Durante su etapa anterior al frente del Museo de Bellas Artes de Bilbao, Miguel Zugaza, en 1994, ya le dedicó una exposición a Arroyo.  Zugaza destaca que Arroyo exhibe al público un “auténtico Parnaso” formado por los artistas y escritores y sus personajes que le han inspirado y que ahora “pueblan su trabajo más actual de una forma casi obsesiva”.

Unicornio de Laciana 1999

Unicornio de Laciana 1999

Vocación por la escultura

Arroyo se reivindica en Bilbao como un pintor “que hace otras cosas”, al que cada vez le interesa más la escultura “con minúsculas”, porque le permite trabajar la dualidad de los personajes que en ellas representa y que en arte se puede observar en la exposición : “Yo quiero ser un pintor que hace muchas cosas, que pinta, que escribe, que hace cerámica y que hace esculturas”, ha agregado.

Tras asegurar que actualmente solo escribe, otra de sus aficiones, y aunque no ha descartado volver a pintar, insiste en que cada vez le interesa más la escultura, por lo que no descarta que su próxima obra sea una talla. “La gente no sabe que la escultura a mí me ha interesado siempre -ha revelado- aunque la escultura con minúsculas, porque tampoco pretendo ser un escultor, como me ocurre con la literatura, que la hago con minúsculas, porque tampoco pretendo ser un escritor”.

El artista madrileño alaba al Museo de Bellas Artes de Bilbao y asegura que, si hace años consideraba que en España había tres grandes museos, el IVAM, de Valencia, el Reina Sofía y el Bellas Artes de Bilbao, en la actualidad ha “tachado a los dos primeros de la lista”: “Aquí hay un gran museo en todos los sentidos, que va a crecer, se va a engrandecer y va a sorprender cada vez más, porque hay una sociedad que le respalda”, sentencia.