Aunque el historiador Stanley G. Payne, parafraseando a Menéndez Pelayo, opina que «nada envejece tan pronto como un libro de Historia», la última de sus publicaciones está de máxima actualidad. No dedica este norteamericano ningún capítulo especial a Cataluña en su libro En defensa de España. Desmontando mitos y leyendas (Espasa, 2017) y, sin embargo, su lectura resulta fundamental para entender el desafío al que se enfrenta la unidad de España. Tal vez por eso se haya convertido en un superventas durante la crisis tras el referéndum del 1-O.

Stanley G. Payne se convirtió en uno de los mejores expertos en la Historia de España por accidente.»No era mi intención hacerme hispanista», confiesa el autor del bestseller que está de visita en España para recibir el Premio Espasa de Ensayo. Allá por los años 50, cuando este octogenario tenía 20 años, lo que en realidad le interesaba era Rusia. Pero el azar quiso que hubiera un error en el correo y nunca le llegara la carta de la Universidad que le concedía una beca para doctorarse en la tierra de los zares. Así que optó por estudiar España y desde que en 1958 pisó Barcelona por primera vez como estudiante de doctorado, ha publicado más de 20 libros de historia de este país.

Los españoles tienen una resistencia en situaciones difíciles que es impresionante»

Con su beca de 3.000 dólares «que entonces era una pequeña fortuna, viví mejor que en toda mi vida», bromea, y pudo viajar por el país durante la dictadura entrevistando gente de todo tipo para estudiar la cultura española. Recuerda Payne que «me trataron mejor que si hubiera sido de aquí, una hospitalidad extraordinaria que es muy del carácter español».

El gran error de la Transición: las autonomías

En el año 70, cuando la revista Foreign Affairs le pidió un análisis de la situación del franquismo, escribió que preveía «más continuación que cambio». Reconoce que el cálculo le falló porque entonces «no era tan evidente lo rápido que iba a cambiar España. «En 1974 ya se vislumbraba lo que tenía en mente el príncipe Juan Carlos, que quería una transición democrática, pero lo que no se sabía es si iba a tener éxito en crear una democracia genuina», recuerda.  «A pesar del radicalismo en aquellos años 70 de la extrema derecha y la extrema izquierda, y del comienzo del terrorismo, la Transición fue posible porque el resto de la gente tenía mucha disposición a cooperar».

Para Payne, el gran error de la Transición «fue la España de las autonomías, que no fue la intención del Gobierno entonces», comenta. «El plan inicial era un plan más sensato de seguir el modelo italiano: dar más autonomía a varias regiones con condiciones especiales, como Cataluña y País Vasco y tal vez Galicia».

España se ha convertido en uno de los estados más descentralizados del mundo por esa envidia tan española»

Le parece a Payne que a España le habría ido mejor de haberse olvidado del café para todos organizándose con «la misma administración política pero con una cierta autonomía local en la administración técnica». Opina el miembro de la American Academy of Arts and Sciences que «eso habría sido lo más sensato, pero lo impidieron las presiones de los partidos de izquierdas».

Identifica Payne además otro ingrediente fundamental que explica por qué España se ha convertido en uno de los estados más descentralizados del mundo: «Esa envidia española», destaca. «Las demás regiones querían tener la misma autonomía que las demás aunque esta no tuviera raíces históricas».

Payne está en contra de la mayoría de los tópicos que definen internacionalmente al pueblo español, «pero el rasgo de la envidia sí que parece que es cierto», ríe. «No es verdad, sin embargo, que el carácter español sean muy apasionado, sino más bien bastante moderado».

Españoles envidiosos, catalanes pragmáticos

En los primeros meses que estuvo en España, Payne se dedicó precisamente a estudiar el carácter español para desmentir los tópicos que nos definían como «un pueblo violento o poco racional», recuerda. De los españoles que conoció en sus viajes a la España franquista de los años 50 destaca la «generosidad de la gente que me invitaba a tomar café y a comer sin conocerme de nada».

Staley G. Payne

Stanley Payne, historiador y premio Espasa con «En Defensa de España» Espasa

Tras meses estudiando a los españoles descubrió que, a diferencia de la idea de que este era un pueblo «apasionado, violento y fanático» que transmitían los retratos románticos de la época, «llegué a la conclusión de que realmente los españoles eran gente normal y totalmente racionales». Gran parte de la culpa de la leyenda negra y los falsos mitos que acompañan la idea de España son consecuencia de lo que llama un autoexotismo: «Las declaraciones más absurdas y exageradas sobre la historia del país la han hecho los propios españoles».

No le veo solución al problema con Cataluña de ningún modo, solo un arreglo parcial»

Pero como cualquier otro pueblo, según Payne, los españoles tienen rasgos diferenciales. Según el historiador, que ha recibido la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, en este país es mayor «la cortesía de la gente y también la capacidad de resistencia». Lo demostró el modo en que el pueblo resistió en época de Franco durante el siglo XX y «ha vuelto a demostrar su resiliencia en la crisis económica de principios del siglo XXI que ha sido más bien tan profunda como una depresión». Y subraya: «Los españoles tienen una resistencia en situaciones difíciles que es impresionante».

Payne, que considera que la idea de España data del siglo VII con los godos, ha dedicado toda su vida a desmontar falsos mitos sobre este país. Y considera la idea que los nacionalistas catalanes quieren transmitir de Cataluña fruto de uno de ellos: «Los catalanes no son tan diferentes al resto de España como ellos creen», opina Payne. «Hay algunas diferencias, no tanto en la cultura y el carácter que es de base profundamente español».

Jordi Pujol era pragmático, pero Puigdemont es un sectario radical», dice Payne

«Se suele decir que los catalanes son más pragmáticos», apunta. «Depende: Jordi Pujol era pragmático, pero Puigdemont no lo es en absoluto. Puigdemont es un sectario radical».

Aunque reconoce que el pueblo catalán tiene diferencias culturales con respecto al resto de España, «esas diferencias son bastante menos ahora que hace cien años», destaca. «Como consecuencia del proceso de homogeneización de la vida moderna, ahora hay mayor convergencia y en parte es por eso el extremismo de los catalanistas. Porque ya no son tan diferentes como antes, así que se empeñan en recalcar lo que les diferencia de los demás».

Recurre Payne para explicarlo al concepto freudiano del «narcisismo de las pequeñas diferencias». Y subraya con la entonación lo de «pequeñas». Explica que en Cataluña se ha apostado por «la fetichización de lo que separa en vez de lo que une por un interés político«.

Para este catedrático de Historia de la Universidad de Wisconsin, el desafío independentista es sin duda «la mayor crisis de la Democracia española, porque lo que pasó el 23F fue un incidente, pero cuando se resolvió desapareció la crisis». Sin embargo, lo que está pasando en España con Cataluña no cree que vaya a desaperecer: «Es mucho más que una crisis institucional de una región: hay otras regiones mirando, esperando y calculando a ver qué pasa, no solo en España sino también en el resto de Europa», afirma con gesto de preocupación.

«No le veo solución al problema con Cataluña de ningún modo», añade con crudeza, «solo un arreglo parcial».  Según Payne, la tensión independentista «va para largo y no se resolverá a corto plazo aunque es probable que se mantenga el orden constitucional».

La culpa de la falta de soluciones la achaca tanto «al sistema desequilibrado de despilfarro» de las autonomías  y a «los líderes actuales».

España sería un país mucho más próspero si dirigiera su dinero a proyectos importantes en vez de a la descentralización»

Y como la tarea de los historiadores va mucho más allá de mirar al pasado, la siguiente pregunta a Payne es qué pasará en el futuro: «Puede ser que en algún tiempo, quién sabe, dentro de diez años, llegue un cambio en la psicología de la gente y pasen a estar dispuestos a revisar la situación para crear mayor unidad política y administrativa». No lo ve probable a corto plazo, pero «sería muy deseable porque la situación actual es un desbarajuste y despilfarra mucho dinero de modo innecesario. España sería un país mucho más próspero si dirigiera su dinero a proyectos importantes en vez de a la descentralización regional, y la propaganda».

También critica Payne en su libro En defensa de España «la pobreza dialéctica del PP» y acusa a Mariano Rajoy y a sus colegas de partido de que durante demasiado tiempo parece que solo les ha interesado «el presente y la gestión de la economía». Y destaca con preocupación que España sea «el único país occidental, y probablemente del mundo, en el que una parte considerable de sus escritores, políticos y activistas niegan la existencia misma del país, declarando que la nación española no existe».

La invasión árabe fue mucho peor que lo de Puigdemont, que es muy poca cosa comparada con aquello»

¿Y cree que dentro de 50 años seguirá existiendo España? «Probablemente», responde después de pensarlo durante unos segundos. «El futuro está lleno de grandes sorpresas. Las cosas cambian. Puede que la tendencia actual a la disgregación llegue a ser más acentuada y entonces dentro de unos años no exista España como la conocemos ahora, pero este país ha sobrevivido a grandes desastres y se ha mantenido unido».

Con su perspectiva histórica el desafío catalán se ve de otra forma: «La invasión árabe fue mucho peor que lo de Puigdemont, que es muy poca cosa comparada con aquello». Y concluye: «Mi cálculo personal es que España seguirá existiendo dentro de otros 50 años, pero no podemos predecir el futuro».