He visto papeletas, he visto urnas y he visto gente votando en Cataluña. He visto todo eso que el presidente del Gobierno prometió que España no vería el 1-O.

Y en varios colegios electorales de Girona he visto gente votando sin identificarse con su DNI. He visto mesas electorales en las que todos los que estaban al mando eran partidarios del sí. He visto ciudadanos que no sabían dónde les tocaba votar. He visto todo eso que el president de la Generalitat prometió que no veríamos en un referéndum sin las garantías que exigía la ley que votó el propio Parlament.

He visto todo lo que Rajoy y Puigdemont prometieron que no veríamos»

Pero además he visto colegios en los que al amanecer la gente repartía chocolatada, claveles y cocas para desayunar, convertirse en batallas campales en las que casi me llevo un porrazo yo también. He visto la policía nacional arrastrando por el suelo a hombres y mujeres gritando No tenim por, tan convencidos de tener razón, tan cegados por sus ideales, que estaban dispuestos a enfrentarse a los antidisturbios con sus hijos en brazos.

También he visto a señores empujar a policías que no se inmutaban y a muchas, muchas parejas de Mossos cruzados de brazos mientras recibían aplausos.

He visto a gente que anoche creía que vivía en un Estado opresor mostrarme sus camisetas desgarradas con rabia convencidos de, ahora por fin poder, demostrarlo. He visto a cientos de personas saltando frente a un cordón policial gritando con todas sus fuerzas español el que no bote. He visto ciudadanos que ayer estaban en contra del referéndum ir a votar tras haber visto en la tele la carga policial en Sant Julià de Remis contra quienes creían, clavel en mano, que su tractor podría más que 30 lecheras.

Nadie se ha acordado de los catalanes que se sienten ajenos a la consulta»

También he visto a catalanes que se sentían españoles y no han ido a votar, ajenos a una convocatoria que no sienten que les represente. Pero no he visto a nadie en los colegios electorales acordarse de ellos. Ni a Carles Puigdemont, a quien tampoco he visto asumir la responsabilidad de haber convocado un referéndum inconstitucional y sin garantías que ha animado a miles de catalanes a salir a la calle bajo la falsa promesa de que no pasaría nada, utilizándolos sin pudor de mediáticos escudos humanos de su insurrección.

Tampoco he visto a Mariano Rajoy salir a dar la cara en plena crisis de Estado y responsabilizarse de haber perdido el control del 1-O, incapaz de inspirar confianza a esos ciudadanos que sí que tienen miedo y no se atreven a decir en alto que no se quieren separar de España. Ni a ésos que ahora sienten que Cataluña está más rota que ayer y temen la falta de seguridad jurídica si el Govern declara unilateralmente la independencia.

Lo que he visto es una vergüenza lo mire por donde lo mire. Pero es mucho peor lo que no he visto: solución.