10,45 horas en el colegio de Sant Julià de Ramis, en Girona, capital del independentismo catalán. Está previsto que en ese centro vote el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y decenas de manifestantes se agolpan a las puertas del centro. Ante la pasividad de los Mossos, la Policía Nacional y la Guardia Civil hacen acto de presencia para retirar las urnas e impedir la votación. En ese momento se produce una de las imágenes de la jornada.

Un agente aparta de la algarada a un padre que llevaba a su hijo subido a los hombros a modo de escudo humano. El guardia civil impide que el niño caiga al suelo durante unos empujones, intenta calmar a ambos, quitarle el miedo al pequeño y convencer al padre de que se marchen de allí. Consigue que el progenitor lo baje de los hombros y se aparten, aunque no recibe la flor que el hombre le ofrece.

Las imágenes están dando la vuelta al mundo a través de las redes sociales y demustran una de las caras más duras del independentismo catalán: el uso de menores en la causa separatista. La Fiscalía de menores ya ha advertido a la Generalitat, a los padres y a las comunidades educativas que son responsables de la seguridad de los menores que participen en la ocupación de colegios para impedir su cierre y en las manifestaciones.

El Ministerio Público avisa que, ante la posibilidad de que estos hechos puedan derivar en “situaciones de riesgo” para los menores, se lleve a cabo un seguimiento individualizado de cada caso incoando un expediente de riesgo. Además, reclama a la consejería que recuerde a los centros educativos bajo su competencia que “no se les exime de obligaciones de custodia a los menores”. Por su parte, el partido de Albert Rivera, Ciudadanos, ha pedido a la Fiscalía que proteja a los menores catalanes y actúe contra quienes los utilizan con fines políticos.