Fueron los que en los años setenta soportaron el peso de un carro que hacía daño. Los que tiraron con fuerza aunque se dejaban la piel enganchada en las cuerdas. Tomaron las calles con los tacones más altos, el pelo más cardado que nunca y los carrillos colorados. Los travestis se querían hacer ver mucho para que al mirarles nadie viese nada raro. Impulsaron, tanto en Madrid como en Barcelona, el movimiento homosexual dejando que el sol les diese en la cara y huyendo de su permanencia en las noches.

Este año se celebran los 40 años del Orgullo en Madrid. Cuatro décadas desde la primera vez que celebramos que todos debíamos sentirnos genial siendo lo que éramos. Cuatro décadas en las que se ha intentado que ese sentimiento se convierta en permanente. Por eso, Tabacalera acoge dentro de este aniversario la exposición En plan travesti (y radical), comisariada por Pablo Sycet y Julio Pérez Manzanares, que a través de 40 fotografías recoge los hitos más importantes desde 1975 hasta hoy.

Intentamos mostrar la falacia de todo relato, de todo continuum que trate de presentarse como lógico, narrativo y auténtico”

Como explican los dos, “la elección de las fotografías se ha basado en destacar los hitos que se han fijado en cuestiones de género”. Para ello han mezclado a fotógrafos consagrados con artistas jóvenes que, a través de otras plataformas, han aportado su particular punto de vista. Cuatro décadas representadas por la obra de Cristina García Rodero, Alberto García-Alix, Juan Hidalgo, Pablo Pérez-Mínguez, Cabello/Carceller, Nacho Canut, Ouka Leele, Jaime Gorospe, Carmela García o Miguel Trillo, entre otros.

“Estos fotógrafos acercarán al visitante a la exposición a algunas de las cuestiones artísticas, teóricas y sociales para las que la fotografía constituye un buen vehículo de reflexión. El propósito no es crear un relato cerrado, esencialista y puramente histórico-artístico. Intentamos mostrar la falacia de todo relato, de todo continuum que trate de presentarse como lógico, narrativo y auténtico”, añaden.

La fotografía travestida. Lo que ves que en realidad no es. Que vuelve a poner en primera línea la falta de visibilización de los travestis. “Están a la cola del colectivo gay, en la sombra. Esto ocurre por una cuestión simple: la heteronormativa llevado a los homosexuales. Hombre blanco y de clase media”, aseguran. Contra lo que lucharon todos ellos les divide cuando unos han conseguido avanzar.

Ser travesti es afrontar la vida intentando ajustar la realidad a nuestras expectativas”

“Es a raíz de la fuerza con que el travesti invade lo público-político y lo público comercial después, cómo se fijan las señas de identidad de este tipo, tal y como hoy es conocido”, asegura Óscar Guasch, que escribe en el catálogo de esta muestra que se puede visitar hasta el próximo mes de septiembre.

Entre estas fotografías aparece una de las figuras claves de visibilización del colectivo al hacerlo cultura. Pedro Almodóvar, que ha llenado sus películas de travestís, vestido de mujer es una de las imágenes de la muestra. También García-Alix, gran fotógrafo de la movida, muestra su lado femenino en un autorretrato.

Muchas de las fotos están tituladas con nombres de guerra. Con los apodos que los travestis abanderaban con orgullo porque simbolizaban el cambio y la inclusión de este en la sociedad. También la fortaleza del que su lucha es continua. “Ser travesti es afrontar la vida intentando ajustar la realidad a nuestras expectativas y no al contrario. Es sabes que vas a darte un tortazo contra el muro de la incomprensión y, sin embargo, decidir dártelo con estilo propio”, asegura Nacho Canut dando entrada al catálogo de esta exposición que fomenta la inclusión del espectador para que reflexione. “Para que piense y cambie su visión”. Para que entienda.