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Cuando Michael Jordan se hizo logo

Pese a su dilatada carrera deportiva, la peor derrota que ha sufrido Jacobus Rentmeester se la ha infringido el Tribunal Supremo de Estados Unidos. Este holandés, que cerró su participación en los Juegos Olímpicos de Roma 1960 con una meritoria quinta plaza en remo por parejas, se ha llevado esta semana un varapalo en su lucha por un reconocimiento que, dice la Justicia, no le pertenece.

Este ex deportista nacido en Amsterdam considera que se inventó a Michael Jordan o, al menos, a la parte mediática del mejor jugador que jamás verá una pista de baloncesto. Convertido en fotógrafo tras colgar el remo, Rentmeester le hizo una sesión de fotos para la revista Life en la que, en una de las instantáneas, el jugador era captado con la postura que aparece en el famoso logo que luego explotó Nike creando la firma Jordan Brand y que se convirtió en un símbolo social.

Creyendo que la razón le asistía Rentmeester acudió al sistema judicial estadounidense y presentó una querella contra Nike en un juzgado de Oregon, reclamando los derechos de autor sobre la instantánea y pidiendo que sus talentos fueran reconocidos. Teniendo en cuenta que la ley de copyright del país sólo reconoce tres años de retroactividad, el holandés pedía un cheque por ese mismo periodo.

«La fotografía es un trabajo original que expresa elegancia y habilidad atlética de una forma que llamó la atención de Nike. Esos elementos expresivos fueron creados meticulosamente por Rentmeester y luego pirateados, de forma minuciosa, por Nike», alega la demanda.

Pese a sus esperanzas, Rentmeester tendrá que contar que no pudo derrotar a la marca de Oregón en los tribunales. El Tribunal Supremo, que ha decidido que ni se va a molestar en escuchar sus argumentos, le remite a las palabras del magistrado de primera instancia Paul Watford, que consideró en su momento que ambas imágenes «captan la pose de Michael Jordan en el aire en un gesto inspirado en el Grand Jete de ballet, pero son sustancialmente diferentes».

«La comparación confirma que las únicas cosas que son similares son las ideas y los conceptos, algo que que no tiene derechos de autor. Las expresiones no son las mismas», ha explicado la marca deportiva en un comunicado tras conocer la decisión de la Justicia.

La demanda no es ninguna tontería. Jordan Brand es uno de los mayores activos del entramado Nike, y sólo el año pasado generó 3.100 millones de dólares, casi 2.800 millones de euros, en ingresos que fueron a parar a su matriz.

Historia de dos fotos

Michael Jordan nunca quiso jugar con unas Nike, y eso sí que lo demuestra la foto que tomó Rentmeester. Quedaban apenas unas semanas para que se disputaran los Juegos Olímpicos del año 1984 en Los Angeles y Jordan todavía no era Jordan, sólo un escolta que destacaba en unos Tar Heels de Carolina del Norte que habían visto como su gran estrella, James Worthy, se marchaba rumbo a los Lakers en el draft.

Rentmeester le propuso entonces un reportaje fotográfico para la revista Life en el que el Jordan viste unas Converse, la marca de Larry Bird y Magic Johson, y el chándal de la selección de jugadores universitarios que derrotaría a España en la final de unas semanas después, en la que se colgó el primero de los dos oros olímpicos que hay en su palmarés.

En el draft del año 1984 Jordan fue elegido por los Chicago Bulls con el número tres y comenzó una serie de entrevistas con las principales marcas deportivas. El triunfo en el campeonato universitario de 1982, con su canasta ganadora frente a los Hoyas de Patrick Ewing le había puesto en la primera línea mediática, pero había dudas sobre si realmente podría triunfar en la física NBA de los 80.

A la izquierda, la foto que inspiró el logo de Nike. A la derecha, la que publicó la revista Life.

 

El jugador lo tenía claro: quería vestir unas Adidas. El encuentro con los ejecutivos de la marca alemana no fue muy bien y en Converse ya tenían a Larry y Magic como grandes estrellas. Nike, en cambio, quería abrirse hueco más allá del atletismo y le ofrecieron convertirle en su principal icono, con logo personalizado. Eso, y 2,5 millones de dólares por cinco años, cerraron el trato.

Sólo quedaba formalizarlo con una buena sesión de fotos. Jordan y el equipo de márketing de Nike se marcharon a una zona alta, en la que se veía de fondo el downtown de Chicago, y dispararon unas pocas imágenes. Jordan ni sudó.

Al contrario de lo que puede parecer, el jugador no hizo mates a la carrera. Simplemente saltaba en el sitio y abría las piernas. El fotógrafo Peter Moore hizo el resto, con la docena de oportunidades que Jordan le concedió. «No estaba ni haciendo un mate. La gente pensó que sí, pero simplemente salté y abrí las piernas. Ni corrí», desveló Jordan en Hoop Magazine en una entrevista en 1997.

La zapatilla que lo cambió todo

Hubo una fase en el año 1984 en la que a Michael Jordan le costaba 5.000 dólares jugar cada partido con sus Chicago Bulls. Por entonces, la NBA tenía regulado el color de las zapatillas de los jugadores, algo que Nike y Jordan desafiaron con las Chicago y las Black Toe, los dos primeros modelos de las ya míticas Air Jordan I, prohibidos oficialmente por la liga desde el 18 de octubre de 1984.

En esa primeras botas el logo del jugador no aparecía por ningún lado. Apenas era visible, en el lateral, la imagen bautizada como Wings, también mítica. De hecho, y pese al ruido mediático, las Air Jordan no se vendían mucho. El segundo año, con el siguiente modelo, las cosas no mejoraron. Jordan se rompió el tobillo y se pasó la mayor parte del año lesionado, aunque pudo volver en los Playoffs para endosarle 63 puntos a los Celtics del todopoderoso Larry Bird en el legendario Garden, ataviado con las Air Jordan I Chicago. «Dios se ha disfrazado de Michael Jordan», fue todo lo que acertó a decir el paleto de French Lick tras el partido.

En su tercera temporada, Jordan, que había alcanzado todos los incentivos de su contrato con Nike, podía romper unilateralmente el contrato. Con el miedo de perder al jugador que había destrozado a los dominadores Celtics, en el cuartel general de la compañía en Beaverton se entregaron a Tinker Hatfield. Suya fue la idea de colocar el logo, bautizado como Jumpman en las Air Jordan III. Bingo.

Esa icónica zapatilla rompió la tendencia de unos modelos que se agolpaban en la sección de ofertas de los grandes almacenes. El swoosh de Nike pasó a la zona trasera, dándole todo el protagonismo al logo de Jordan, que quedó encuadrado en la lengüeta. El equipo de márketing de Nike se encargó del resto, con una campaña mediática en la que el director de cine Spike Lee interpretaba a Mars Blackmon y pronunció la famosa frase «Is it the shoes?» (¿son las zapatillas?).

La importancia de Hatfield ha sido decisiva para el actual éxito de la marca Jordan. De hecho, algunas de las versiones más exclusivas de los diferentes modelos tienen su nombre y alcanzan precios que superan los 200 euros en los canales de venta oficiales. Tienen que ser las zapatillas.

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