La lucha del colectivo LGTBI por su derechos pasó a ser visible un 26 de junio de 1977. En estas cuatro décadas, España ha pasado de ser una sociedad represora a ponerse a la cabeza del mundo en la lucha por la diversidad de género. Sin embargo, aún se cuestiona qué vías son apoyos y cuáles piedras en el camino para avanzar hacia la igualdad y la libertad. La televisión, en este aspecto, permanece en el punto de mira.

Echando la vista atrás unos 30 años, la imagen de la televisión conjugada con la homosexsualidad recuerda a chistes muy obvios acompañados de grandes aspavientos, imitaciones forzosas de hombres vestidos con ropa de mujer o maquillados y poca lesbiana a la vista, ni en las conversaciones. A esto cabe añadir la concepción de los trans como espectáculo y su eterna confusión con los travestis.

Teniendo en cuenta que se trata de un pasado reciente, en un medio tan influyente como es la pequeña pantalla, surgen dudas a la hora de concebirla como un medio para la libertad o por el contrario, un peso para la continuidad de las etiquetas. ¿Cómo ha evolucionado en este sentido la televisión y gracias a qué?

Las reflexiones proporcionadas a este diario por parte de personas pertenecientes al colectivo, a pesar de ser variadas, coinciden en la alusión a lo positivo, pese a todo, de la visibilidad en un gran medio.

Si bien las series y películas han contribuido a la ‘normalización’ del amor, la ‘salida del armario’ de presentadores, artistas y actores habría sido la clave de la naturalidad que le faltaba a este ámbito. Al tratarse de personas reales, de carne y hueso, con vidas públicas, que exponían su realidad sin tabúes, la repercusión e imitación, o al menos asimilación tendía a ser mayor. «La homosexualidad siempre ha tenido visibilidad en la televisión, sin embargo antes era desde la coña, a veces rancia, y ahora desde el compromiso y el respeto», explica un redactor de Telecinco, cadena que en multitud de ocasiones se ha reconocido como abanderada del colectivo.

Asimismo, Adrián Valiente, periodista especializado en cultura y televisión cree que «la tele al final instruye y alecciona porque es un medio de masas, y encontrar perfiles de gays y lesbianas como Jordi González o Toñi Moreno que no cumplen el cliché o estereotipo que se les atribuye a estos grupos es un gran paso hacia delante».

Sin ir más lejos, este lunes 22 de junio se volvió a hablar en Sálvame sobre la salida del armario de Pablo Alborán. A raíz de este debate, el colaborador Antonio Montero  hacía unas incendiarias declaraciones sobre los homosexuales. El periodista aseguró en ese momento que la homosexualidad ya está completamente aceptada en España, lo que continuó con varias frases que provocaron el estallido de sus compañeros como: «Me sorprende que haya tanto homosexual, no pensaba que fuera algo tan habitual» o «en la televisión hay un porcentaje de homosexuales que no se corresponde con la sociedad, creo yo»».

A raíz de ese momento, uno de los tertulianos, Miguel Frigenti, decidió contar su pasado, vinculado estrechamente con la homofobia y la violencia. Frigenti explicó emocionado que había sufrido bullying en un colegio de curas por su condición. «Me daban palizas en la puerta del colegio y yo me quedaba quieto esperando que pararan», de la misma forma, contaba que cuando creció fue agredido en su pueblo por ir con su novio de la mano. Tras ello, contestaba a Montero: «Es una vergüenza que digas que tienes muchos amigos homosexuales a los que no les han agredido. El 70% de las personas en este país oculta su condición sexual en su trabajo».

Este debate con final feliz, en el que todos los colaboradores terminaron bailando el I will Survive de Gloria Gaynor, rodeados de los colores del arcoíris en las pantallas, causó un impacto en redes similar a unas palabras del presidente o el rey. Trending topic, o lo que es lo mismo: «Millones de personas han escuchado dicha historia». Es precisamente por esto, que la televisión, pese a las etiquetas o ‘actuaciones’ que pueda mostrar en momentos puntuales, ha sido, es, y será un escaparate de tremendas dimensiones, donde la responsabilidad y compromiso con la sociedad, también puede llegar a ser tendencia en Twitter.