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Diamond Princess, 'El último crucero' que se convirtió en laboratorio Covid sin quererlo

El documental refleja en primera persona cómo se recopilaban los datos del barco en el puerto de Yokohama

El crucero Diamond Princess, en Yokohama (Japón).

El crucero Diamond Princess, en Yokohama (Japón). EFE

El pasado 20 de enero de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el primer informe relativo a un nuevo coronavirus originado en Wuhan. Por aquel momento únicamente se confirmaron 4 casos en el resto del mundo. Ese mismo día, el Diamond Princess, perteneciente a la naviera Princess Cruises, iniciaba el que sería el último viaje de muchos. Este episodio sería uno de los primeros focos de contagio fuera de las fronteras de China.

A través de unos claustrofóbicos 40 minutos, El último crucero, un nuevo documental de HBO —que se estrena este próximo 31 de marzo— nos traslada en primera persona a la cuarentena que se tuvieron que someter trabajadores y pasajeros del navío. Esta sería la última salida del sector de los viajes por crucero, uno de los más afectados en esta crisis económica. La embarcación en sí llevaba un total de 2666 pasajeros a bordo junto con 1045 miembros de la tripulación.

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Por aquel entonces nadie sabía lo que iba a pasar. Ante la incertidumbre que causaba el constante bombardeo de noticias del nuevo y desconocido virus, muchos de los pasajeros grabaron la estancia dentro de sus camarotes con cámaras del móvil o personales. El 4 de febrero de 2020 el barco navegaba en aguas de Japón, cuando un brote de 10 pasajeros se detectó dentro del barco. El Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón impuso una cuarentena para los 3.700 pasajeros del buque.

Un abanico de testimonios

Dirigido por Hannah Olson, en la cinta se retratan los primeros ciudadanos de Argentina, Israel, Portugal, Rusia, Ucrania, Indonesia, Kirguistán y Nueva Zelanda en dar positivo por Covid-19. En el abanico de testimonios contamos con varios matrimonios que se embarcaron en una nueva aventura con un final inesperado. «De todo esto he aprendido que hay que vivir el presente y no ser ningún perdedor», confesaba uno de ellos a la cámara. «¿Que si nos vamos de crucero otra vez? Tenemos uno reservado en mayo», explicaba inocentemente otro.

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La normalidad reinaba dentro del barco hasta que el capitán dio aviso por megafonía del primer infectado, y con ello el posterior aislamiento de todos dentro de los camarotes. A esto también se le une cómo vivieron los propios trabajadores la cuarentena, el punto de vista más potente. Muchos de ellos no pararon de trabajar, en tareas como desinfección o cocina, a pesar de estar el propio virus esparciéndose entre los pasillos del Diamond Princess. «Puedo sentir a día de hoy la ansiedad de la tripulación por los pasillos», dice uno de los animadores en el documental.

Uno de los aspectos que se les escapa a todos aquellos que hayan viajado en un crucero, es que este funciona como un auténtico engranaje que nunca para. Los trabajadores aportan al largometraje su preocupación personal, y por sus propias familias en tierra, a una realidad que comenzaba a acercarse a la ciencia ficción. En los vídeos se ve cómo «Covid» o «coronavirus» se empieza a colar dentro de las conversaciones.

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Experimento a flote

Tras el cribado masivo con test PCR, se detectó que 1/3 del barco estaba infectado. Uno de los relatos más duros es el del doctor a bordo del transatlántico que, según sus propias palabras, «era imposible dar a basto» ante una constante escalada de los contagios. «Si esta situación se estaba dando en un contexto tan cerrado ¿qué pasaría con el resto de espacios en la sociedad o con los asintomáticos?», explica el médico.

Finalmente, el 1 de marzo de 2020 la tripulación fue evacuada finalmente del buque. Un total de 712 pasajeros se infectaron en el crucero, y un total de 14 personas perdieron la vida. En este sentido, El Diamond Princess se convirtió en un experimento flotante en el puerto de Yokohama. Mientras se realizaba la cuarentena los datos que se recopilaban eran estudiados directamente por el Gobierno de Estados Unidos. Con estas premisas iniciales se determinó que el Covid-19 era transportado a través del aire y de asintomáticos.

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