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54 cosas que no sabías de Wallis Simpson, la mujer que casi destruye a la monarquía británica

Collage de Eduardo VIII y Wallis Simpson

Carmen Vivas

Cuando la vio por primera vez no pensó nada en especial. Tan sólo creyó que era una americana un tanto vulgar que le hizo un comentario impertinente cuando él intentó comenzar una conservación. Fue a principio de 1931: allí el entonces príncipe de Gales, o David como lo llamaba su familia, conoció a la mujer que no sólo le iba a cambiar la vida, sino que iba a amenazar los cimientos de todo un imperio. Su nombre era Wallis Simpson

Recordamos aquí algunas de las anécdotas más destacadas de su vida. 

Nació en Baltimore en una familia acaudalada

Wallis nació en Baltimore el 19 de junio de 1896. Su nombre de soltera era Bessie Wallis Warfield y provenía de una distinguida familia estadounidense. Su abuelo materno era el director del Baltimore&Ohio Railroad. De hecho, ella nació en el Square Cottage de Monterey, un resort exclusivo del estado de Pennsylvania, que era donde sus padres veraneaban.

Sus padres se habían casado tan sólo siete meses antes, en noviembre de 1895, por lo que siempre se rumoreó que Wallis había sido concebida antes de la boda. Tanto le angustiaban los rumores sobre su nacimiento, que Wallis siempre mentiría y diría que sus padres se habían casado en junio y no en noviembre de ese año. 

La llamaron Wallis por su padre

Su padre se llamaba Teackle Wallis Warfield y era conocido, simplemente, como Wallis. Lo de Bessie venía de la hermana mayor de su madre. A Wallis siempre le horrorizó lo de Bessie Wallis y durante su juventud se quitó el nombre de Bessie. 

Su padre murió cuando ella tenía tan sólo cinco meses

Cuando Wallis tenía tan sólo cinco meses de vida, su padre contrajo tuberculosis y murió al poco tiempo. Su madre, Alice, no sólo quedó devastada y viuda muy joven, sino también pobre para los estándares a los que ella estaba acostumbrada. Su familia política se apiadó al principio de ella y la acogieron en la fabulosa mansión que tenían los Warfield, pero le pasaban una cantidad irrisoria de dinero para sus gastos personales y eran sumamente tacaños con ella. 

Su tío Sol se hizo cargo de ella

El hermano mayor de su padre, Solomon Davies Warfield, conocido como Uncle Sol, el tío Sol, fue quien se encargó de pasarles mensualmente algo de dinero y quien asumió las facturas de los carísimos colegios a los que acudió su sobrina. Sol era inmensamente rico: era uno de los mejores hombres de negocios del país y fue él quien consiguió unir por ferrocarril el este y el oeste de Florida. 

Al principio, Wallis y su madre vivieron con el tío Sol en la casa de éste en el número 34 de Preston Street. Los rumores decían que Alice y el tío Sol llegaron a ser amantes y que la familia de él estaba tan horrorizada que la echaron de casa. Años más tarde, Wallis explicaría que, en realidad, cuando su tía Bessie se quedó viuda se fueron a vivir con ella. Poco después su madre compró su propia casa, aunque tuvo que alquilar varias habitaciones para poder salir adelante. 

Fue al mejor colegio de señoritas de Baltimore

Se llamaba Oldfields y era toda una institución a donde iban las jovencitas de mayor postín del país. Wallis no fue lo que se dice una estudiante brillante, pero sin duda era muy inteligente y destacaba por encima de las demás. Iba siempre inmaculadamente vestida y muy bien peinada con un peinado que aprendió de su abuela paterna: raya en medio muy marcada y el pelo muy estirado hacia atrás. 

Nunca fue guapa, pero destacaba por encima de las otras chicas

Aunque de joven no era tan esquelética como llegó a ser de mayor, nunca fue lo que se dice guapa en el sentido tradicional del término. Eso sí, tenía unos bonitos ojos de color violeta y unas facciones agradables y sobre todo era muy simpática y divertida. 

Siempre quiso triunfar

En Oldfields, Wallis se hizo muy amiga de dos mujeres muy ricas: Renée du Pont y, sobre todo, Mary Kirk, cuya familia había fundado la próspera Kirk Silveware. El hecho de estar rodeadas de jovencitas con mucho más pedigrí y prospectos en la vida que ella no hizo más que confirmarle su inferior status. Wallis fue muy consciente desde pequeña de que todos a su alrededor tenían más dinero que ella, lo que le generó una gran ambición personal: quería conseguir el estilo de vida que, según ella, le correspondía. Desde luego, no paró hasta conseguirlo. 

Entendió que sólo podía conseguir sus sueños casándose con un ‘buen partido

Wallis sabía que la única vía para alcanzar sus sueños era casándose con un ‘gran partido’ y en este ámbito descubrió pronto que contaba con un arma poderosísima: tenía un don descomunal para conquistar a los hombres. Además de ser muy divertida, aprendió a descubrir rápidamente las debilidades en un hombre y las explotaba sin piedad en beneficio propio. 

Su primer marido era piloto

Wallis se casó por primera vez muy joven, con tan sólo veintidós años, con el aviador Earld Winfield Spencer, un hombre sumamente atractivo que se suponía que iba a tener una carrera meteórica. Wallis lo conoció en la base de Pensacola, en Florida, mientras estaba visitando a una de sus primas, una tal Corinne. El marido de Corinne era un piloto del ejército y Wallis pronto comenzó a acudir a fiestas con oficiales. Sin embargo, el mundo de la aviación nunca le gustó: en la base de Pensacola presenció dos accidentes mortales de avión, lo que le generó pánico a volar. 

El matrimonio fue un desastre

Aunque lo suyo fue amor a primera vista, el matrimonio resultó su desastre: él bebía en exceso y era muy violento. También era muy celoso y comenzó a encerrar a su mujer en casa cuando él salía (incluso una vez la encerró en el baño). Sus problemas alcohólicos eran de tal calibre que una vez estrelló su avión en el mar. Afortunadamente, salió casi ileso del accidente, pero su carácter se agrió aún más. 

Tuvo de amante a un diplomático argentino

Finalmente, ella lo abandonó y se marchó a vivir a Washington. En la capital disfrutó durante seis años de una intensa vida social y, sobre todo, mantuvo una apasionada relación durante dos años con un diplomático argentino llamado Felipe de Espil. Wallis llegó a estar profundamente enamorada de él, pero él quería casarse con alguien de fortuna y apellido, con lo que acabó dejándola.

Intentó reconciliarse con su primer marido, pero fracasó

Earl Spencer fue destinado a Hong Kong y pidió a Wallis que lo acompañase. Al principio ella le dijo que no, pero después de que Felipe de Espil la rechazara, decidió ir. Como era de esperar, el matrimonio no pudo superar sus problemas y ella acabó abandonándolo. 

En China disfrutó de un sinfín de amantes

Muchos años más tarde, cuando la corte de Buckingham supo de su relación con el príncipe de Gales, se rumoreó que los servicios secretos del Foreign Office habían elaborado un dossier, conocido como el Dossier China, para saber qué hizo exactamente Wallis tanto tiempo en ese país, la mayoría completamente sola.

Aunque nunca se ha podido demostrar que ese documento existiera, en Londres comenzaron a circular rumores de que Wallis habría frecuentado en Hong Kong burdeles de alto postín, lo que entonces se llamaban singsong houses, en donde podría haber adquirido ciertas habilidades y técnicas sexuales orientales para encandilar a los hombres.

También se decía que había servido como espía de alguna potencia extranjera —probablemente, Rusia—, y que había tenido una aventura con el conde Galeazzo Ciano, yerno de Mussolini. Aunque seguramente no hubo nada tan sórdido, sí que se sabe —porque ella misma lo reconoció— que llevó en Hong Kong una vida promiscua y que se lio, al menos, con un oficial del ejército británico y un marino naval italiano de alta graduación. 

¿Se quedó embarazada? 

La leyenda urbana también aseguraba que Wallis se habría quedado embarazada de éste último, aunque habría abortado para evitar el escándalo. También algunos biógrafos aseguran que el médico al cual acudió no era un verdadero profesional, con lo que el aborto que le practicó le dejó graves secuelas. Básicamente, la dejó estéril para el resto de su vida. 

Wallis regresó a Washington dispuesta a empezar una nueva vida

En cuanto regresó a su país, Wallis anunció que iba a divorciarse de su marido. Las convenciones sociales por entonces eran tan conservadoras y estrictas, que todo el mundo se puso en su contra y le advirtieron que estaba cometiendo un tremendo error. Pero ella perseveró. Descubrió que si residía en Virginia un año podría conseguir el divorcio de manera más sencilla, con lo que se trasladó a este estado, alquiló una habitación de hotel y, simplemente, esperó. 

Cuando su tío Sol murió, no le dejó nada

Mientras esperaba a formalizar su divorcio, Wallis se enteró que su tío Sol había muerto. Dado que no tenía descendencia directa y que Wallis era su sobrina favorita, todos dieron por descontado que la gran parte de la fortuna acabaría en sus manos. Pero no fue así: el tío Sol había quedado tan horrorizado con el tema del divorcio de su sobrina que no le dejó prácticamente nada y dejó por escrito que legaran su dinero a un establecimiento para «mujeres indigentes». 

Para resarcirse, buscó otro marido

Lo encontró rápidamente: se llamaba Ernest Aldrich Simpson y era un británico de manera americana, cuya familia tenía una naviera. Simpson era un tipo soso, aburrido y bastante estirado del cual Wallis nunca se enamoró, pero que le ofrecía estabilidad, respetabilidad y dinero. En aquel momento no tenía una fortuna descomunal, pero sí fondos substanciales a su disposición. El único problema era que, cuando se conocieron, él estaba casado. Pero Wallis se las apañó para que él dejara a su esposa. 

Tuvieron una boda rápida

Ernest Simpson no disfrutó en exceso de su soltería: apenas siete meses después de su divorcio se casó con Wallis en Londres. Por motivos de trabajo de él se habían instalado en Inglaterra, se casaron en los juzgados de Chelsea y se fueron a vivir a un piso de Bryanston Court, en el elegante barrio de Mayfair. 

Pronto comenzó una gran vida social

Puede que Wallis y Ernest no se enamoraran profundamente, pero ambos eran grandes arribistas sociales que querían codearse con lo más granado de la upper class. Para conseguirlo, Wallis comenzó enseguida a organizar fiestas para la colonia americana en Londres. Uno de los invitados más frecuentes era Benjamin Benny Thaw, el primer secretario de la embajada americana. Por una carambola del destino, resultó que Thaw era el marido de Connie, una de las hermanas de Thelma Furness, la amante del entonces príncipe de Gales. 

El entonces príncipe de Gales era un mujeriego redomado

El príncipe Eduardo Alberto Christian Jorge Andrés Patricio David de Gales, conocido por su familia simplemente como David, era por entonces el príncipe de Gales y heredero al trono británico. Aunque supuestamente bendecido con muchos dones —tenía un carisma descomunal y el pueblo lo adoraba—, en privado era, sin embargo, un ser consentido, malcriado y sumamente mujeriego. 

Por aquel entonces, aparte de ligues fortuitos, David tenía como amante principal a Thelma, Lady Furness. Thelma era una mujer medio americana, de gran belleza y orígenes hispanos. Había ejercido brevemente como actriz y se había fugado a los dieciséis años para irse con un millonario del que se acabaría divorciando. Después se había casado con el vizconde Marmaduke Furness, un riquísimo magnate propietario de una naviera, un tipo irascible que coleccionaba amantes. 

Cuando Wallis y David se conocieron, ella tenía un constipado horrible

A principios de enero de 1931, Connie llamó a Wallis para invitarla a pasar un fin de semana a la finca que su hermana Thelma tenía en Leicestershire. Por supuesto, el príncipe de Gales estaría presente. Por aquel entonces, Wallis y Thelma apenas se conocían más allá de haberse visto fugazmente en un par de fiestas, pero Wallis aceptó. 

Wallis estaba tan ilusionada que se pasó prácticamente todo el día anterior al viaje en la peluquería, pero cuando llegó a la estación de St. Pancras para tomar el tren hacia la finca, los nervios habían hecho tanta mella en ella que tenía un constipado horroroso. «Mi cabeza estaba congestionada, me dolía todo el cuerpo y mi voz era rasgada», recordaría ella en su memorias. 

La primera impresión fue lamentable

La primera conversación entre Wallis y David fue un desastre. Sabiendo que era americana, él le comentó que debía echar de menos la calefacción central, algo común en Estados Unidos, pero totalmente inusual en Inglaterra. «Lo siento, señor, pero me ha defraudado», le contestó ella. «Toda mujer americana en este país recibe el mismo comentario. Me esperaba algo más original del príncipe de Gales». Él fingió una sonrisa de circunstancias y se alejó lo más rápido que pudo. 

A Wallis semejante nivel de insolencia le pasó factura y los Simpson no volvieron a ser invitados a pasar una velada con David hasta seis meses más tarde, en mayo de 1931. Ésta vez ella fue más comedida y él invitó a los Simpson a pasar unos días en Fort Belvedere, su lugar de descanso. 

A partir de ahí, se vieron con frecuencia

Wallis sabía detectar rápidamente las carencias emocionales de un hombre y en David encontró un alma infantil, tan sensible como egoísta, que buscaba desesperadamente a una madre que lo cuidase. Wallis comprendió que no debía adularlo —eso ya lo hacían todas—, sino todo lo contrario: debía darle órdenes, incluso castigarlo. Debía tratarlo como una nanny

La medida surgió efecto: David comenzó a interesarse profundamente por ella y empezaron a verse con mucha frecuencia. Se calcula que para marzo de 1933 Wallis y David ya eran amantes. 

Él consiguió que ella fuera presentada en la Corte

Pronto, todo Londres supo que David tenía una nueva amiga, aunque aún se seguía viendo con Thelma Furness. David no soló colmaba a Wallis de favores, sino que consiguió que fuera presentada en la corte frente a sus padre, el rey Jorge V y la reina María. 

Thelma Furness pronto fue descartada

En enero de 1934, la relación entre ambos dio el paso definitivo. Thelma Furness se fue de viaje a Estados Unidos y, antes de partir, le pidió a Wallis que «cuidara del muchacho» en su ausencia. Wallis se lo tomó al pie de la letra. Cuando Thelma regresó de su viaje a finales de marzo, se topó con la incómoda realidad: otra había usurpado su puesto y el príncipe no pensaba regresar a sus brazos. De hecho, David se mostró muy distante con ella y aprovechó que en los periódicos habían aparecido rumores de un posible affaire entre Thelma y Aga Khan para darle carpetazo. 

Ernest Simpson no tardaría mucho en vivir la misma suerte

En agosto de 1934, Ernest Simpson puso rumbo a Estados Unidos por cuestiones de trabajo y su mujer se fue con el príncipe unos días a Biarritz. Luego partieron de crucero por la costa española y portuguesa, cruzaron el estrecho de Gibraltar y recalaron en Cannes. La propia Wallis Simpson reconoció en sus memorias que fue entonces cuando la pareja «pasaron la frontera entre la amistad y el amor». Por si quedaba alguna duda de los sentimientos de él hacia ella, David le regaló la primera de las fabulosas joyas con las que la agasajaría toda su vida: era un colgante de esmeraldas y diamantes

Ella comenzó a hacerse cargo de todo lo referente al príncipe

Wallis comenzó a tomar el control de su vida: decidió cambios de decoración en el Fort y supervisaba personalmente los menús que se servirían. Incluso comenzó a despedir a criados que no le gustaban. 

Las facturas de ella comenzaron a ser escandalosas

Sobre todo en ropa. A pesar de que la mejor maison de alta costura del momento, Mainbocher, en París, le hacía suculentos descuentos, Wallis se dejaba pequeñas fortunas en trajes y hacía que David enviase su avión privado a recogerlos. A esto había que añadir las joyas y las generosas transferencias de dinero que David le pasaba regularmente para que se lo gastase en lo que quisiera. 

La familia real estaba horrorizada

El Rey estalló al conocer todos los detalles y los entonces duques de York (padres de la actual soberana) estaban también horrorizados. La duquesa de York juró que «jamás se rebajaría a conocer a esa mujer», pero acabó coincidiendo con ella en un par de ocasiones. Le pareció odiosa: vulgar, manipuladora y totalmente inadecuada. 

Las ideas políticas de ella, peligrosamente cercanas al nazismo, influyeron en él

Pronto él estaba expresando sus simpatías por Mussolini y más tarde se le oyó hablar en términos elogiosos del «milagro económico alemán» que habían conseguido los nazis. «Es la única manera de detener a los comunistas», comentó en más de una ocasión. Muchos años más tarde, ya acabada la guerra, cuando los aliados se hicieron con documentos del ministerio nazi de Asuntos Exteriores, se pudo saber que los jerarcas alemanes estaban perfectamente al corriente de estas simpatías y que incluso les sorprendía la franqueza con las que David las expresaba. 

¿Tuvo como amantes a jerarcas nazis?

Eso era lo que se rumoreaba en Londres por entonces: que Wallis podría, en realidad, ser una espía nazi. Incluso se llegó a afirmar que tuvo una relación con Joachim von Ribbentrop, uno de los mayores jerarcas del Tercer Reich, y que le pasó información. 

Cuando él se convirtió en Rey, los problemas se incrementaron

En enero de 1936, el rey Jorge V murió y su hijo se convirtió inmediatamente en el nuevo soberano. Adoptó el nombre de Eduardo VIII y, mientras él era proclamado monarca, Wallis estaba muy cerca de él, en una sala del palacio de San Jaime. Pronto noticias sobre su relación comenzaron a poblar la prensa británica, la cual no había hablado hasta entonces del romance. 

El marido de Wallis comenzó el divorcio para que tuviera vía libre

Siempre un leal y monárquico súbdito británico, Ernest Simpson se hizo a un lado y comenzó los trámites de divorcio. En realidad, comenzó una relación muy notoria con Mary Raffray, una de las mejores amigas de Wallis, para que ésta pudiera alegar infidelidad (por entonces, una de las pocas razones por las que un juez concedía un divorcio). Ernest Simpson llegó al punto de dejarse  «cazar» alquilando una habitación de hotel para pasar una noche con Mary. 

El nuevo Rey comenzó a hablar abiertamente de una boda con Wallis

A pesar de que el establishment estaba horrorizado con aquella relación, al menos tenía la consolación de que se mantendría en secreto para siempre. Pero David comenzó a hablar abiertamente de una boda con ella, lo que obligó al Gobierno a tomar cartas en el asunto. El divorcio era por entonces una auténtica lacra a evitar a toda costa y una mujer dos veces divorciada (y con los dos maridos vivos) era intolerable incluso con un matrimonio morganático. Finalmente, el primer ministro le puso al monarca una disyuntiva: o el trono o Wallis. 

Él no lo dudó

Muchos analistas creen que si Eduardo VIII hubiese jugado mejor sus cartas, hubiese aguantado pacientemente un par de años y se hubiese ganado el favor del público, al final habría salido victorioso y habría podido seguir en el trono y casarse (morganáticamente) con Wallis. Pero David era impulsivo y no quería esperar ni un segundo. Estaba tan obsesionado con ella que quería casarse inmediatamente. Por lo que renunció al trono. 

La prensa comenzó a hablar abiertamente de una crisis constitucional

Al fin y al cabo, era lo que era. El público reaccionó con una mezcla entre estupefacción y cabreo supino al saber que su monarca estaba dispuesto a perderlo todo por una mujer sin excesiva importancia. Wallis llegó a recibir amenazas de muerte y hubo gente que se congregó enfrente de su piso en Londres para insultarla. 

Wallis acabó marchándose a Francia

Wallis llegó a temer tanto por su vida que se refugió en Cannes, en casa de unos amigos. Pero la prensa la reconoció enseguida y la persiguieron a todos lados. Wallis estaba tan desesperada que pensó sinceramente en emitir un comunicado diciendo que había dejado a David para que así la dejaran en paz. Pero David se enteró de los planes de su amada y se adelantó con otro comunicado que iba a cambiar la historia de Inglaterra. 

Él se quedó sin nada

Después de abdicar formalmente, David se quedó literalmente sin nada y tuvo que negociar con su hermano, Bertie, el nuevo Rey, su manutención. Se llegó a la resolución de nombrarlo duque de Windsor y de asignarle una paga anual. Además, unos cuantos amigos de él se aseguraron que tuviera palacios y fincas a su disposición. 

Se casaron en Francia

Una vez él renunció al trono de Inglaterra, ella comenzó a planificar la boda. En principio, ella quería una gran ceremonia y encargó un lujoso ajuar con cincuenta nuevos trajes. Finalmente se casaron en el château de Candé el 3 de junio. Sólo asistieron unos pocos invitados (y nadie de la familia real). Wallis llevó un vestido azul pálido que pronto se hizo icónico. Para incomodidad de David, Wallis recibió el título de duquesa de Windsor pero no el tratamiento de Alteza Real. 

El tren en el que comenzaron su luna de miel era propiedad de Benito Mussolini

La pareja pronto se rodeó de amistados no siempre aconsejables (algunos era abiertamente fascistas). Incluso cuando comenzaron su luna de miel en Italia usaron un tren que era propiedad del mismísimo Mussolini. Ya en suelo italiano, David no tuvo reparo alguno en ser fotografiado haciendo el saludo nazi con el brazo alzado. 

Fijaron su residencia en Francia

Aunque habría que apuntar que estaban todo el día de viaje y que solían ir constantemente a Estados Unidos. 

Se vieron con Hitler

Uno de sus viajes fue a la Alemania nazi. Incluso se vieron con Hitler y se dejaron fotografiar de nuevo haciendo el saludo nazi. 

Cuando estalló la guerra se instalaron en Portugal y luego en Bahamas

Cuando los nazis invadieron París, Wallis y David se refugiaron en Portugal. Luego pusieron rumbo a las Bahamas, donde él fue nombrado gobernador. Mientras estuvieron en la isla, Wallis se implicó en los trabajos de la Cruz Roja. 

Su vida fue un sinfín de fiestas

Acabada la contienda, regresaron a París y se dedicaron a lo único que sabían hacer: ir a fiestas prácticamente cada noche. 

Le robaron casi todas sus joyas

Lo suyo fue considerado uno de los grandes “robos del siglo”. Unos ladrones entraron en su casa y se llevaron la mayoría de sus joyas. Se calcula que le robaron joyas por una cuantía de dos millones de dólares de la época, una cantidad superlativa. Los rumores por entonces fueron tan macabros y escandalosos que incluso se llegó a apuntar a la familia real británica como los instigadores del robo. 

El Ayuntamiento de París les ayudó

El Consistorio parisino les ofreció finalmente una casa. Se trataba de una mansión en el Bois de Boulogne. 

La familia real no permitió que David participara en los grandes eventos de la monarquía

No estuvo presente en la boda de su sobrina Isabel, la actual Reina de Inglaterra, ni tampoco en su coronación. Sólo se le permitió asistir a funerales, pero se dejó claro que Wallis no podría acompañarle. 

¿Tuvo ella un amante?

A mediados de los años cincuenta, Wallis acudió sola a Nueva York. Como era su costumbre, se pasó todos los días acudiendo a fiestas, pero en esta ocasión a nadie se le pasó por alto que siempre iba acompañada de un joven 25 años más joven que ella llamado Jimmy Donahue. Mucho se ha especulado sobre si fueron amantes o no: algunos opinan que sí y otros aseguran que Jimmy era homosexual, con lo que su relación con Wallis tenía más de interés por salir en los medios que de pasión sexual. 

Para acallar los rumores, David puso rumbo inmediatamente a Nueva York

Ambos se dieron un gran beso al verse de nuevo en el puerto delante de los fotógrafos. Pero ni siquiera semejante gesto acalló los rumores y pronto surgieron nuevos chismorreos. En concreto, comenzó a circular que Jimmy y los duques formaban un trío. 

Ella comenzó a operarse continuamente

Su pasión por la cirugía estética llegó a tal punto que en una ocasión no podía apenas ni mover los labios de lo estirados que los tenía. 

Recibieron una vez a la reina Isabel II en su casa de París

Todo el establishment sabía que David se estaba muriendo de cáncer y, por ello, aprovechando un viaje oficial a Francia, Isabel II decidió aprovechar y pasarse a visitar a su tío. Diez días más tarde, él murió. 

Al enviudar, la familia real la trató con cierta cortesía… durante unas horas

La reina Isabel II se aseguró que el ataúd con los restos de su tío fuese trasladado inmediatamente a Inglaterra. También se aseguró de que Wallis estuviera bien atendida. Sin embargo, en cuanto acabó el funeral, toda la familia le dio nuevamente la espalda y la dejaron completamente sola. 

La muerte de David la dejó trastocada

Pronto comenzó un comportamiento errático: se olvidaba de personas, se la veía aturdida y perdida. Se rumoreó que acabó víctima de la demencia y muchos a su alrededor se aprovecharon de su situación para aprovecharse de ella. En concreto, su abogada mintió sobre sus posesiones para poder vendérselas a amigos suyos a precios de saldo. 

Murió en 1986

Tenía 89 años y, siguiendo sus deseos, fue enterrada al lado de David. La familia real estuvo presente, incluida la princesa Diana

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