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Todo lo que Felipe de Edimburgo se ha perdido

El marido de la reina Isabel II de Inglaterra habría cumplido este jueves 100 años

Imagen del Príncipe Felipe de Edimburgo con un Faisán volando y el palacio de Buckingham

Carmen Vivas

Si no hubiese fallecido el 9 de abril, Felipe de Edimburgo habría cumplido este jueves 100 años, un siglo de vida, todo un récord que muy pocos alcanzan pero que en la familia real británica es bastante habitual. Sin ir más lejos, la que fuera su suegra, Elizabeth Bowes-Lyon, la conocida como Reina Madre, murió en el 2002 a la nada desdeñable cifra de los 102 años. 

Felipe no llegó a soplar las cien velas, pero pasará a la historia como el consorte real más longevo. También uno de los más eficientes. Cuando el día dos de agosto del 2017, Felipe de Edimburgo se retiró oficialmente de la vida pública, dejó tras de sí una hoja de servicios envidiable: 22.219 eventos en solitario y 637 viajes al extranjero. Ahí es nada. 

Su funeral, además, será recordado como el único de la Familia Real que se ha celebrado en pandemia, con una monarca en activo portando una mascarilla y todos sus familiares guardando una prudente distancia de seguridad. Por supuesto, a pocos entre los monárquicos británicos se les podrá olvidar la imagen de sus nietos, Guillermo y Enrique, juntos en el cortejo fúnebre, pero separados por su primo (Peter, el hijo de la princesa Ana) para no tener que dirigirse la palabra ni tampoco la mirada. 

Guillermo y Enrique, los hermanos Windsor, estaban en el funeral de su abuelo —y todavía siguen— muy cabreados. Las declaraciones incendiarias de Enrique (Harry, para los británicos) a Oprah Winfrey cayeron como un jarro de agua fría sobre su hermano y su cuñada, los cuales tuvieron que afanarse a aclarar ante las cámaras que no, que la familia real británica no es racista. Fue un agravio más a la larga lista de ofensas que Guillermo de Inglaterra ha tenido que aguantar de su hermano y su cuñada. En los últimos meses, los hermanos solo se comunican a través de correos electrónicos y con algún mensaje de WhatsApp, pero poco más. De cara a la galería, son sus respectivos equipos de comunicación los que intentan mantener la compostura y, a través de Instagram, de vez en cuando se felicitan. Pero todo es frío y protocolario a más no poder. Pura fachada. 

Sin embargo, el pueblo sigue deseando que hagan las paces de una vez. Para los ingleses de a pie, los hermanos son los verdaderos herederos de la malograda Diana de Gales y a nadie en el país se le ha borrado aún la imagen de ambos andando cabizbajos tras el ataúd de su madre. Los dos forman uno de los puntales más importantes de la monarquía y son seguramente la mejor salvaguarda de su supervivencia en el futuro. 

El nacimiento de Lili, la hija de Enrique y Meghan, se ha visto como la oportunidad perfecta para apaciguar el ambiente. La niña, octava en la línea de sucesión y la primera nieta de la Reina de Inglaterra nacida en Estados Unidos (nació en el Santa Barbara Cottage Hospital), se llamará Lilibet Diana. Lilibet es el apodo que la propia reina Isabel II se puso a sí misma de muy pequeña al no saber pronunciar bien su nombre (que, por cierto, es Elizabeth). A su abuelo, el rey Jorge V, le hizo tanta gracia la ocurrencia que empezó a llamarla también así y el apodo cuajó. En privado, su familia y allegados llaman a la monarca Lilibet y ella, de hecho, firma con este nombre sus postales navideñas a sus amigos y parientes más cercanos. 

Lo de Lili o Lilibet es, claramente, un homenaje a la soberana y muchos en la prensa lo han querido ver como una rama de olivo de Harry hacia su familia después de años convulsos jalonados por el Megxit y la explosiva entrevista televisiva a Oprah. Y si este gesto no produce el efecto esperado, aún queda otra gran esperanza: dentro de pocos meses, Diana de Gales hubiera cumplido sesenta años (nació el 1 de julio de 1961) y está previsto que sus hijos inauguren una estatua en su honor en los jardines del palacio de Kensington, el que fue su hogar durante años y en donde ahora viven Guillermo y Catalina. Dicen algunos expertos que, días antes del funeral de su abuelo, de lo único que Guillermo y Enrique hablaron fue de esta estatua.

Hace ya veinte años de la muerte de nuestra madre y el momento es perfecto para reconocer su positivo impacto en el Reino Unido y en todo el mundo»

El proyecto, en realidad, se anunció hace años, en el 2017 para ser exactos. Fue entonces cuando los hermanos encargaron la estatua a Ian Rank-Broadley, uno de los mejores artistas británicos contemporáneos (es el mismo que diseñó las monedas inglesas con la efigie de la reina Isabel II). “Hace ya veinte años de la muerte de nuestra madre”, dijeron en un comunicado, “ y el momento es perfecto para reconocer su positivo impacto en el Reino Unido y en todo el mundo”. Originariamente, la inauguración estaba prevista para el mes de agosto del 2020, pero el coronavirus hizo que los planes tuvieran que aplazarse. 

Mientras llega ese momento, ambos hermanos siguen con sus respectivos caminos. Guillermo y Catalina celebraron el 29 de abril su décimo aniversario de boda con un vídeo simpático y entrañable de ellos dos y sus tres hijos. Lo dirigió Will Warr, un experto en anuncios publicitarios que ha trabajado para Red Bull, Uber Eats y Puma, entre otras, y demuestra la creciente sofisticación en la estrategia de comunicación de los Cambridge. Desde hace unos meses, Catalina y Guillermo se han embarcado en un plan de medios digitales que rivaliza con el de las mejores empresas multinacionales: presencia en Youtube (han inaugurado canal), más contenido ejecutivo en Instagram, imagen mucho más cuidada y profesional en redes. 

Harry y Meghan, por su parte, también siguen con sus andanzas en California. Harry tiene un nuevo trabajo (desde finales de marzo es ejecutivo en una start-up de Silicon Valley llamada BetterUp, la cual trabaja en temas relacionados con la salud mental). También ha grabado una serie de televisión con Oprah también sobre salud mental (The Me You Can’t See se lanzó el 21 de mayo en Apple TV) y ha anunciado que hará documentales para Netflix sobre los Invictus Games, una especie de Juegos Paraolímpicos con soldados que él mismo ideó. En paralelo, sigue dando entrevistas, algunas en podcasts, y sigue lanzando mensajes incendiarios, como que su vida como príncipe se parecía “a una mezcla entre el Show de Truman y vivir en un zoo”). 

Los Sussex (Meghan y Harry) triunfan en Estados Unidos, mientras que Kate y Guillermo se están afianzando en el Reino Unido

Meghan tampoco está ociosa. Acaba de publicar su primer libro infantil, titulado The Bench [el banco de sentarse, en castellano]. Según se ha podido saber, la idea surgió de un poema que Meghan escribió a Harry como regalo por el Día del Padre y está basada en la relación entre Harry y su hijo, Archie. El libro se está vendiendo bastante bien en Estados Unidos (ha llegado a estar entre los cien libros más vendidos de Amazon), pero en el Reino Unido le ha costado bastante despegar. 

En Buckingham entienden —con mal disimulada resignación— que el libro es una prueba más de la dinámica que se ha establecido en los últimos tiempos: los Sussex (Meghan y Harry) triunfan en Estados Unidos, mientras que Kate y Guillermo se están afianzando en el Reino Unido. Podría ser una solución salomónica, desde luego, pero en palacio no gustan las duplicidades. La Reina es única, insisten, y debajo de ella existe una línea de sucesión perfectamente marcada. Todo lo que se salga de ella es visto con recelo. 

El príncipe Carlos, desde luego, lo ve así. La muerte de su padre marca un antes y un después en su vida de heredero. No oficialmente, se sabía que esta defunción significaba una especie de retiro de la Reina (aunque no una abdicación) y, por tanto, una mayor carga de trabajo institucional para él. Sin embargo, su imagen pública está quedando sepultada bajo la saturación mediática que provocan sus hijos. 

La Reina, por su parte, está intentando calmar a su familia. No hay duda de que es la única que mantiene a todos sus miembros unidos y la única también a la que Guillermo y Enrique escuchan y obedecen. En privado, está haciendo mucho porque los puentes con Enrique no se dinamiten y, al mismo tiempo, quiere que Guillermo comience a ser visto como el futuro príncipe de Gales. 

En privado, ella, después de llorar la muerte de su marido (el luto duró, oficialmente, dos semanas) sigue adelante. Es lo que siempre ha hecho. El día 11 de mayo acudió a la Apertura de la Sesión del Parlamento: era su primer acto oficial desde la muerte de su esposo. También ha participado en eventos virtuales y, por lo que se ha podido comprobar, ella sigue como siempre. 

Ella, desde luego, lleva la monarquía en la sangre. 

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