Perderse es algo que a todos nos ha sucedido alguna vez. Últimamente y gracias a nuestros móviles, no suele ser común, a menos que dé la casualidad de que se trate de un hermoso pinar… sin cobertura. Encontrar a una senderista en esas circunstancias es cantar bingo.

Pregunta: Perdone, me he perdido. ¿Para llegar a la civilización?

Respuesta: Bueno, eso depende de lo que usted entienda por “civilización”.

P.- Con acabar en la playa, me vale. Estoy acalorado.

R.- Entonces es por ahí (señalando un camino) pero es muy probable que se pierda. No está bien indicado. Sígame.

Así fue como me convertí en senderista por aproximadamente una hora. El tuteo mútuo en el recorrido dio paso a una extraordinaria conversación que comparto aquí encantado. Estaba caminando con Pilar Margod, psicóloga, profesora de universidad y escritora.

P.- Así que depende de lo que entendamos por civilización…

R.- Habrá a quien le parezca muy civilizado tener a los chavales enganchados al móvil sin hacer nada, o aceptar que los políticos falten a su palabra sin más consecuencias.

P.- Sin llegar a psicoanalizar a la sociedad, entonces, ¿hemos perdido valores como grupo?

Habrá a quien le parezca muy civilizado tener a los chavales enganchados al móvil sin hacer nada»

R.- Sí. El principal de ellos es el valor de la palabra. En ambos sentidos, tanto en el de la palabra dada, que ha sido siempre Ley a lo largo de la Historia; como en el de la palabra expresada, con las nuevas formas de comunicarnos.

P.- Nuestros hijos nos pueden enseñar mucho en ese aspecto. ¿Eso puede ser bueno?

R.- Es fundamental escuchar a los más jóvenes y también adecuar nuestros mensajes para que ellos estén mejor. Pero, como dice la Organización Mundial de la Salud, es alarmante el estado mental de nuestros niños. Hay una cantidad enorme de nuevas depresiones en este grupo de población, que antes no padecía tanto desequilibrio. Y con el Covid, ha ido a mucho peor. Las grandes corporaciones campan a sus anchas mientras los legisladores no se atreven a plantarles cara. No hay nadie al otro lado poniendo límites éticos y lo acaban pagando los más pequeños en la sociedad superficial del like y del número de seguidores como indicador de status. Es una carcoma.

P.- Pero no podemos parar el avance de la tecnología. ¿Hay alguna forma de mejorar esto?

R.- Por supuesto. Trabajando mucho más el buen uso de estos nuevos canales. Si usas la tecnología sin ética, estás arruinando a la sociedad. No hay nadie al volante y aquí, lo único que parece importar es la rentabilidad del individuo. Creo que somos todos carne de cañón para las corporaciones, que no dejan de experimentar con nosotros cuando hasta miden nuestras emociones para crear los productos que nos venden.

P.- Parece que lo has pensado mucho. ¿De eso van tus novelas?

R.- En parte, sí. La última se llama En el laberinto (Círculo Rojo, 2021) y habla de personas que creen que sus caminos están claros, pero en el fondo están en medio de un laberinto en el que los intereses presuntamente científicos están por encima de toda ética. Habla de una lucha personal persiguiendo algo fundamental: los valores de cada uno. ¿Sabes qué es lo más importante de ti que te pueden quitar?

P.- Mi creatividad, mi capacidad comunicativa…

R.- No. Tu memoria. Define quién eres. Si no recuerdas, no eres. En teoría sería interesante comprobar si se podrían extraer zonas concretas del cerebro, diseccionando mediante cirugía parte del sistema límbico. Eso te podría convertir en lo que otra persona o institución quiera. Ahora mismo es ciencia ficción de la que podemos encontrar en la trilogía El corazón de la araña, que es a la que pertenece mi último libro.

P.- Apasionante. No suena muy poético, pero sí muy actual. Por cierto, ¿crees que son “malos tiempos para la lírica”?

R.- Pues he escrito bastante poesía, aunque ahora se la maltrata mucho en forma de tweet o con influencers que no son precisamente Góngora. Pasé mi infancia enferma en la cama, y escribir fue mi refugio. Acumulé gran cantidad de palabras escritas que luego me llenaron mucho cuando vieron la luz. Después vinieron libros vinculados a la psicología, que es mi profesión central, como Qué es la vida. Esa fue mi primera novela, y ahora estoy con esta trilogía en marcha. Primero fue El corazón de la araña, ahora En el laberinto, y pronto vendrá una tercera novela.

P.- ¿Acaba bien?

R.- Tendrás que esperar. De momento lo que acaba es tu camino. Ahí tienes la playa de Novo Sancti Petri. No es mal sitio para ver la puesta de sol.

P.- Gracias por tu orientación. En todos los sentidos. Estaba en el laberinto de un bosque sin cobertura.

R.- De alguna manera, todos lo estamos. Disfruta.