Antonio Escohotado, filósofo y libertino de estirpe epicúrea, ha fallecido este domingo en Ibiza a los 80 años de edad. Para entender cómo hizo posible haber vivido tantas vidas en una sola, genuina y auténtica, conviene leer el fragmento de Heráclito que le gustaba citar: «lo contrario se pone de acuerdo, y de lo diverso la más hermosa armonía…».

A su manera, desde temprano, este madrileño y madridista nacido en 1941 ensayó un insólito equilibrio entre lo académico y lo mundano, entre la teoría y la praxis: simultaneó estudios de Filosofía y Derecho para acabar licenciándose en leyes con una tesis sobre la Filosofía de la religión de Hegel (boicoteada por el tribunal al considerarla atea); trabajó en la asesoría jurídica del ICO mientras terciaba en el debate sobre Marcuse, en pleno mayo del 68; tradujo a Hobbes y a Thomas Jefferson a la par que montaba la discoteca Amnesia en Ibiza.

Como contó en su libro Mi Ibiza privada (2019), durante la década de los setenta puso allí en práctica “lo poco que hace falta para ser feliz si uno evita el papel de aguafiestas”, en decir del sabio de la isla de Samos. Hippies, revolución, psicotrópicos, sexo libre, música, lecturas, traducciones, así transcurrieron los meses entre “venéreas benignas, un círculo de amigos multiplicado y días memorables por el buen rollo”. Y allí leyó por primera vez al químico suizo Albert Hofmann, descubridor del LSD, del que acabaría siendo amigo.

Activa presencia en el debate público: Historia de las drogas

A sus 43 años fue detenido por supuesto tráfico de cocaína (él siempre sostuvo que se trató de un montaje urdido por la policía) y durante el año que pasó en la cárcel de Cuenca escribió su Historia de las drogas, fruto de las investigaciones en farmacopea psicoactiva iniciadas en la isla. Escohotado siempre diferenció dos formas de ebriedad, la “de posesión” de la “de viaje”, que se apoya en las drogas para potenciar la percepción sin borrar la lucidez. Este estudio histórico y sistemático, que tiene su correlato fenomenológico a modo de vademécum personal en Aprendiendo de las drogas, le deparó una celebridad que se tradujo en múltiples apariciones televisivas cada vez que se abordaba el debate sobre las drogas. Por cierto, en esta polémica siempre sostuvo que la solución era la derogación de la prohibición, no la legalización.

Pero no solo discutió sobre drogas en la arena pública. Su beligerancia ante el GAL le supuso algún problema con el medio para el que escribía. Discutió con Savater sobre la conveniencia de negociar con ETA, debate en el que acabó cambiando su postura haciendo bueno lo de que “lo contrario se pone de acuerdo”. Y, más recientemente, marcó distancias con la izquierda en debates sobre el feminismo, el ecologismo o el derecho a la propiedad.

Obra

En su producción literaria se suelen diferenciar sus ensayos más terrenales de las obras de mayor enjundia filosófica. Entre los primeros estarían Rameras y esposas (1993), análisis de los modos de asumir los destinos hembra/varón omitido en los debates actuales, y Retrato del libertino (1997), reivindicación de la corporeidad como correlato del espíritu. Entre los segundos, De physis a polis (1975); Realidad y substancia (1985), su trabajo de ontología fundamental que, pese al título (o precisamente por él), acabó agotándose cuando empezaron a aparecer sus investigaciones sobre drogas; o Caos y orden (premio Espasa Ensayo 1999), un repaso histórico de los sistemas interpretativos del mundo en el que el comunismo se lleva un severo correctivo.

Semejante connivencia de géneros suscitaron grotescas acusaciones de intrusismo desde ámbitos universitarios. Frente a ese dimorfismo, Escohotado surcaba todo tipo de olas porque, para él, el mar era uno sólo y el mismo: el de la eterna búsqueda del autoconocimiento frente a los defensores de lo represivo. Lo hizo como los libertinos dignos de crédito, “proponiendo lealtad y miramiento allí donde sus enemigos exigen compraventas y cercas”.

Su últimos años como docente de la UNED, donde fue profesor de Filosofía y metodología de las ciencias sociales hasta 2013, coinciden con la producción de la que él mismo consideró su obra magna, la monumental Los enemigos del comercio (2008-2016). Publicada en tres volúmenes, aplica las tesis de Caos y orden a la economía, reivindicando a Adam Smith frente a Marx, al libre comercio frente al control estatal.

Una buena síntesis de su pensamiento lo hallamos en Frente al miedo (2015), donde se recogen los grandes temas abordados a lo largo de su trayectoria en artículos en prensa, conferencias, entrevistas y fragmentos de sus distintos libros. Los penúltimos días de Escohotado (2021) es el resultado de una larga conversación, correlativa a su sindéresis vital, que el filósofo mantuvo con el periodista Ricardo F. Colmenero durante un año, desde junio de 2020, cuando decidió dejar a su familia en Madrid y aislarse en su cabaña de Ibiza porque decía tener ganas de morir: “Tener ganas de morir como tengo yo. ¡Ganas de morir! Pero para tener ganas de morir hay que tener la sensación de vida cumplida”.

“Descanso en paz arropado por mi familia”

Su amigo Florentino Pérez le encargó escribir una monumental obra sobre el club de sus amores para que la tarea pospusiera por muchos años su anhelo de despedirse. Entregó el trabajo en pocos meses (La forja de la gloria, 2021) y, retirado en su jardín de Epicuro, arropado por su familia, ha cumplido con lo que dejó escrito: “suyo es que la muerte pueda elevarse a un acto de excelencia ética, aligerado de sufrimientos remediables; no se me ocurre legado más benévolo para los demás que una despedida a tiempo, donde el que se va dice a quienes se quedan: no os preocupéis, esto es más sencillo de lo que parece, vivid sin miedo”.

A modo de homenaje y testamento vital, cabe recordar algunas de las propuestas que, en un coloquio celebrado en Oviedo allá por 1995, sostuvo como propicias para encarar el próximo milenio:

 “Que lo clásico se sobreponga a las vanguardias, y el aburrimiento no sea combatido con novedades”.

“Que los celos declinen, sin merma del ardor”.

“Que las cosas sigan tan bien como hasta ahora”.

“Que la dulzura prospere, a expensas del miedo”.