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80 años de La Bodeguita del Medio, la tasca cubana de Hemingway y 'El Cigala'

Fachada de 'La Bodeguita del Medio' en La Habana (Cuba)

Fachada de 'La Bodeguita del Medio' en La Habana (Cuba)

El descenso por el Paseo José Martí entre leones de bronce, el Capitolio, el Gran Teatro de Alicia Alonso y el Parque Central con la estatua del fundador del Partido Revolucionario Cubano que da nombre a la icónica calle, abre la puerta de La Habana Vieja, la zona más antigua de la capital cubana. Tras un zigzagueo entre la calle Progreso y la avenida de Bélgica se encuentra el Empedrado, la primera vía de la urbe que tuvo suelo. En las entrañas de la misma y no en una esquina como era habitual, se sostiene el inconfundible cartel de La Bodeguita del Medio, la tasca tradicional cubana que dio taburete y mojito a personajes como Ernest Hemingway, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar o a artistas españoles como Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat o Diego ‘El Cigala’.

La que es hoy uno de los reclamos estrella para los turistas que pisan la isla caribeña, en su origen fue una tiendecita de alimentación. Inaugurada el 26 de abril de 1942 (hace 80 años) como Casa Martínez, La Bodeguita del Medio -fundada por Ángel Martínez – encontró en el mojito, la comida criolla y en la música tradicional cubana un fenómeno que gracias a su impulso cultural conquistó a las masas. El papel de la esposa de Martínez en la cocina y de su amigo el editor Félix Ayón cimentaron el posterior éxito de su negocio; aunque el principal seductor para sus ilustres visitantes es el combinado de ron, soda, zumo de lima, hierbabuena, angostura, azúcar y hielo picado. «Mi mojito en La Bodeguita. Mi daiquiri en El Floridita», reza un cuadro firmado por Hemingway que hace referencia a su flechazo por La Bodeguita y a otro cóctel y local famoso de La Habana.

Las firmas de La Bodeguita del Medio

Los vasos, la barra, los taburetes y sobre todo las paredes de La Bodeguita son los mejores testigos de la historia del local. No se trata de un tópico, es que los muros de La Bodeguita del Medio documentaban la presencia de los que alguna vez comieron o bebieron allí. Las pintadas en la pared forman parte de la idiosincrasia del lugar desde que el poeta cubano Nicolás Guillén fuera el primero en firmar en sus tabiques.

Las famosas firmas de La Bodeguita del Medio han sido objeto de polémica poco antes de su octogésimo cumpleaños. El pasado junio circularon en redes las imágenes de La Bodeguita con las paredes recién pintadas y sin los escritos de sus visitantes. Este «borrón» a la historia de La Bodeguita ya se produjo en 1959, cuando el restaurante fue cerrado y nacionalizado y sus paredes se pintaron. Más de 60 años después, la pintura ha vuelto a acabar con las rúbricas. El gobierno cubano, propietario del negocio, aludió a cuestiones de mantenimiento para llevar a cabo la reforma. Según explicaron, «había filtraciones por todos lados»: «Los clientes estaban comiendo y el agua caía en la mesa, había mucha humedad. Los cuadros se caían de las paredes».

La Bodeguita del Medio retomó con el paso del tiempo aquella esencia que le fue arrebatada en un primer instante, algo que vuelve a afrontar ahora, 80 años después de que el comerciante Ángel Martínez levantara por primera vez la persiana del 207 de la calle Empedrado.

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