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El día que la justicia "asesinó" a Oscar Wilde

Oscar Wilde

Oscar Wilde

Conducta indecente y sodomía. Estos cargos sirvieron para que Oscar Wilde (1854 – 1900) pasara dos años entre rejas y bajo un estricto régimen de trabajos forzados. Esas dos vueltas al sol en la cárcel acabaron con el genio irlandés, autor de obras como El retrato de Dorian Gray y La importancia de llamarse Ernesto, que se pudrió en el agujero de Reading Gaol. La justicia, sin hacer gala de su significado, arrancó del poder de Wilde todas sus propiedades, e incluso provocó que su familia tuviera que cambiarse de apellido. Wilde murió tres años después de recuperar la libertad, aunque aquella condena hizo añicos el mundo del escritor. El mazo del juez asestó un golpe definitivo en Wilde. Lo mató.

El proceso judicial que arruinó la vida de Wilde, finalizado tal día como hoy hace 127 años, siguió los cauces de las leyes victorianas, que castigaban con la pena mencionada la homosexualidad. Wilde tuvo un affaire desde 1891 con ‘Bosie’, hijo el marqués de Queensberry.

El noble inglés dinamitó el conflicto con una carta para el compañero de alcoba de su hijo: «Para Oscar Wilde, aquel que presume de sodomita», señalaba la misiva. Wilde, sumido en la plenitud de su carrera, estalló y demandó al marqués de Queensberry por calumnias; sin embargo, las responsabilidades se invirtieron con las pruebas aportadas por el aristócrata. «Si pudiera hacerle a mi abuelo una sola pregunta, esta tendría que ser: ¿por qué te metiste en esto?» indicó Mervin Holland, nieto de Wilde, cuando tras conocerse en 2003 los entresijos del juicio.

Wilde se obcecó en su razón y la causa fue totalmente en su contra. Tras las evidencias mostradas por la defensa de Queensberry el marqués ganó el caso y su abogado las trasladó al poder del Fiscal General.

La valía de Wilde hizo que se enfrentara de cara a la justicia en los juzgados centrales de Londres, comúnmente conocidos como Old Bailey, pese a las recomendaciones de su familia y su letrado de retirarse del pleito, quien incluso creía que Wilde huiría a Francia con ‘Bosie’. Bajo el amparo de la normativa vigente la ley castigó a Wilde, que con la entrada en prisión caería por una rampa hacia la marginación social hasta su fallecimiento en noviembre de 1900 en París en un hotel de bajo presupuesto en el que no pudo abonar la factura. 

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