Cultura

Los días que Gardel odió el tango, fue uruguayo y murió por un complot

No basta con tener la voz más melodiosa para entonar un tango. Hay que sentirlo y vivir su espíritu, como «la mirada dulce de una bella y empaquetada mujer que me ve pasar veloz en mi viturette» en boca de un Carlos Gardel (Toulouse, 1890 – Medellín, 1935) y «zorzal criollo» de la Revolución Cubana, de un Kennedy en ascenso, de De Gaulle, la entrada a los 60 y una moderna radio portátil a pilas o un portentoso televisor en blanco y negro. Porque esa fue seguramente la inspiración del cantante, compositor y actor argentino de origen francés, o tal vez uruguayo, que lo hizo iniciador y máximo exponente de la música popular mundial en la primera mitad del siglo XX «por la calidad de su voz, la cantidad de discos vendidos, sus numerosas películas relacionadas con el tango y su repercusión mundial», y que recoge el historiador argentino Felipe Pigna (Buenos Aires, 1959) en su nuevo libro, Gardel.

«La obra hace un recorrido por su vida, sus romances, su música, su estancia y éxito en España; las personas que conoció, como Chaplin, García Lorca o Benavente, y los misterios alrededor del genio. Siempre tuve la idea de contar su historia, que al mismo tiempo también es la historia de la cultura argentina. El libro es el resumen de lo que pasaba en el mundo mientras Gardel cantaba y componía, y la intención es volver a hablar de él, de esa persona tan vigente, aún después de su muerte, que está ahora en voces como la de Rosalía. Gardel busca mostrar el lado más humano del más popular cantor de tango», explica el autor en palabras para El Independiente.

Para escribir el libro, Pigna ha dedicado los últimos dos en leer la ingente documentación que ya existía, y en viajar a España y Francia para «desandar los pasos de la estrella» y encarar el contexto en el que estaba el mundo mientras desarrolló su carrera. «Tuvo una vida intensísima en la cual me encantó meterme. Han sido más de dos años de investigación y recorrido por los distintos sitios ‘galerianos’ tanto en Argentina, como en Barcelona, Madrid o Colombia. Lo que más me ha sorprendido es la profesionalidad, la seriedad con que se tomó su carrera, su perfeccionismo. Mi propósito es dar a conocer a Gardel a las nuevas generaciones que abran esta biografía, pero al Gardel persona, al humano que el propio mago decía que no había que confundir con el cantante».

Pero el libro también desanda los pasos de un hombre que pasó sus días entre la precariedad porteña en Buenos Aires, cuando era Charles Romuald, y la opulencia en París y Nueva York, cuando era Gardel, sin olvidar al mito que provocó una psicosis con su muerte accidentada, así como «el periplo de su cuerpo desde la selva colombiana, pasando por dos velatorios estelares», o la teoría que asegura que nació en la ciudad uruguaya de Tacuarembó en 1887. Según el escritor, el intérprete de emblemáticos tangos como Volver y El día que me quieras necesitaba papeles para poder viajar a Europa con una nacionalidad diferente a la francesa que lo librara de la convocatoria a alistarse para la Primera Guerra Mundial. Ahí entra en juego la «partida de nacimiento» en Uruguay, que Pigna afirma que el cantante obtuvo gracias a amistades en el consulado uruguayo en Buenos Aires: «Él necesitaba esos papeles y todo tiene que ver con un proceso de nacionalización que emprende cuando estalló la guerra».

Respecto a la muerte del cantante por un accidente aéreo en Medellín en 1935, Pigna llama a «derribar el mito del complot»: «No hubo nada raro en la muerte de él, ninguna cosa extraña que tenga que ver con una mano negra o con un atentado o algo por el estilo, que se dijo durante mucho tiempo. No hubo tiroteo dentro del avión, sino una serie de sucesos desafortunados que pasan entre otras cosas, por la inexperiencia del piloto, Ernesto Samper, con ese tipo de aviones o por la sobrecarga que llevaban a bordo y los maizales que dificultaban la visión en la pista de aterrizaje».

La obra de 567 páginas publicada va más allá del mito y reconstruye así «la historia de vida y de muerte de un hombre de carne y hueso» que permanece vivo en las más de 800 canciones de legado y en las varias películas que protagonizó a través de testimonios, recuperación hemerográfica y documental, cartas personales e investigaciones periciales que un día fueron silencio. «Lo censuraron en distintos momentos. En los años 30 hubo una primera censura, después, en la década del 40 hubo un momento donde se prohibieron los tangos en lunfardo, y finalmente, en la dictadura militar (1976-1983), se llegaron a prohibir algunos tangos como Yira yira.

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